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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Moneda nacional, peso convertible y dólar americano

 

Juan Carlos Linares Balmaseda, en Cuba Prensa Libre

 

A aquel ciudadano común le quitaron el móvil simplemente por tirar una foto del improvisado mercado. Al protestar, los mismos policías que le despojaran del teléfono a sopapos lo introdujeron en una patrulla y luego desaparecieron con él. Eso ocurrió en diciembre del año pasado, en uno de los comercios más sui generis de la capital: La Cuevita, en San Miguel del Padrón.

 

Merodeando entre timbiriches, allí la gente conseguía lo que necesitaba. Pero entonces entró en vigor el decreto oficial sobre la prohibición de venta de mercancías importadas y reventa de las adquiridas en la red minorista de tiendas estatales. Y eso fue suficiente para que terminara clausurado el 1ro de enero de este año 2014.

 

Y es que nadie les pone un pie delante a nuestros gobernantes en cuanto a cambiar de mentalidad: unas veces actúan como corsarios y otras como bucaneros. Y de ahí no salen, porque su fuerte son las emboscadas legales, siempre confabulando leyes impopulares en secreto y lanzándolas en repentinas encerronas sobre los aturdidos cubanos.

 

Es una desvergüenza autorizar la categoría de licencia para “venta de útiles del hogar”, sabiendo que en ausencia de almacenes al por mayor, por el peso natural de ser la única fuente de esos suministros, las tiendas estatales minoristas pasarían a ocupar esa misma función.

 

A consecuencia de la quiebra empresarial del Estado, una de sus últimas sinvergüencerías fue empujar al desempleo a cientos de miles de sus trabajadores. De un día para otro los forzaron a convertirse en “merolicos” o vendedores clandestinos. ¿Qué curioso, no? Próximo a inaugurar en Mariel la mayor zona franca del país (sitio ideal para el comercio interno), les quita “legalmente” la licencia de venta a buena parte de los comerciantes privados.

 

Si es intolerable permitir el negocio de ropa y calzados a un pequeño grupo de cubanos, quienes utilizando sólo sus maletas de equipajes les arrebató 60 % de la clientela en la  red de tiendas estatales minoristas, cosa que debe estar sucediendo en todos los demás sectores de bienes y servicios, ¿qué sucedería si como indica el sentido común la ZEDM (Zona Especial de Desarrollo Mariel)  es abierta al micro-empresariado privado criollo?

 

Por eso el mensaje gubernamental es bien claro: la ZEDM se creó para que las monopólicas compañías estatales (de los gobernantes) tengan un espacio total para negociar con sus socios (otros bucaneros y corsarios) forasteros de cualquier parte del mundo que quieran venir a invertir. Es una zona libre de la fiscalización internacional.

 

Se podrá comerciar ahí con todo lo que les convengan a los dueños de Cuba, desde armas, cohetes y aviones de guerra, hasta confituras o medicamentos. Así piensan ellos introducirle un milagroso supositorio a la economía nacional.

 

Quizás evalúe mejor la salud financiera con que cuenta el país para estas aventuras la noticia de que un Banco Metropolitano, sito en la Habana Vieja, tuvo que cerrar al público porque se infectó de pulgas y la fumigación tardó veinticuatro horas  en acudir (la noticia fue publicada en uno de los medios independientes, e ilegales, de información). Otro referente es que no hay comercio privado o estatal en la capital que acepte un billete sin antes examinarlo para confirmar su autenticidad. Ya es notorio el volumen de dinero falso circulando. Son de cualquier denominación y de ambos numerarios (divisa y moneda nacional), incluyendo falsificaciones en el menudo de la divisa CUC.

 

En días recientes conversé un antiguo amigo mío, economista de experiencia ya jubilado. Enseguida caímos en la comidilla actual: ¿cuál moneda van a dejar en circulación y cuál van a eliminar?  Su opinión no me impresionó tanto por la lógica como por el peso que le otorga su vasta experiencia en cargos de responsabilidad en el Banco Nacional de Cuba. Me aseguró que: “Lo que haría, antes de quitar una de las dos monedas, es introducir otra vez en circulación legal el dólar norteamericano”.

 

“Por supuesto”-reconoció mi amigo-, “se afectarían los poderes políticos y económicos de la casta gobernante”. Y en un lenguaje sencillo y sin tecnicismos financieros, me explicó los beneficios de ir revalorizando de manera espontánea al peso, a la par del dólar y pese a las prohibiciones del embargo estadounidense.

 

Porque a fin de cuentas, quien por otra vez excluyó al dólar de circular en Cuba no fue el Departamento de Estado norteamericano, sino Fidel Castro. Fue la consecuencia de uno de sus frenesís luego que le pillaran los casi 4 mil millones de dólares que intentó lavar con ayuda de un Banco suizo. Y todo el mundo sabe que nunca segundas partes fueron buenas.