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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Mi cena con Fidel. ALFONSO GUERRA Y La negociación del retrete

 

Alfonso Guerra, exvicepresidente español, revela en un libro cómo se reunió con Fidel, por encargo del entorno de Clinton, en un cuarto de baño

 

Mark Wieting Villegas, Especial para Diario Las Américas

 

MADRID.- La Habana, año 1996. En el Palacio del Consejo de Estado, Fidel Castro ha organizado una cena donde está presente parte de su Gobierno con motivo de la visita del político español Alfonso Guerra. El vicepresidente de España, desde 1982 hasta 1991 con Felipe González, viajó a la isla para comunicarle que tenía como misión intermediar entre Cuba y Estados Unidos por petición de los norteamericanos.

 

La primicia mundial la hemos conocido a raíz de la publicación de un libro de memorias del diputado socialista y una de las figuras clave de la historia de la transición política española, que lleva por título “Un página difícil de arrancar” (Editorial Planeta). En el capítulo: “Cuba desde el corazón”, Guerra relata con todo lujo de detalles su encuentro histórico con el comandante.

 

La persona que propició que Guerra pudiera sentarse con Fidel fue el senador demócrata Gary Hart. El político español cuenta en el libro que recibió su inesperada visita en Madrid en septiembre de 1996. Éste le comunicó que tenía informes en su poder que le señalaban como un mediador adecuado entre Castro y los intereses de la Casa Blanca. Se trataba de una petición de grupos cercanos a Bill Clinton, quien gobernaba en aquellos años, pero donde no estaba involucrado el Gobierno.

 

A Guerra le sorprendió el ofrecimiento porque él había sido muy crítico con la ley estadounidense Helms Burton, que reforzaba el bloqueo con Cuba, sin embargo aceptó ponerse a trabajar para mejorar las relaciones entre ambos países siempre que los cubanos aceptasen esa mediación

 

Se lo comunicó a Felipe González y le pareció bien su tarea aunque le sorprendió cuando le dijo que conocía un mediador mejor que él: el Papa.

 

SIN FECHA

 

En la ya histórica cena en el Palacio del Consejo de Estado en La Habana, le recibió Fidel Castro y le condujo a un salón donde estaban los vicepresidentes Carlos Lage, José Ramón Fernández, el responsable del Partido Comunista, José Ramón Balaguer y el secretario de Fidel, Felipe Pérez Roque.

 

El político español recuerda que la conversación entre todos fue tranquila y que nadie se atrevía a rebatir las ideas de Castro en la mesa excepto Pérez Roque, que tiempo después sería nombrado Ministro de Asuntos Exteriores

 

Según avanzaba la noche, Alfonso Guerra no sabía cómo exponerle a Castro el motivo de su viaje ante esas personas. Después de dos horas, preguntó dónde estaban los aseos, Fidel inmediatamente le dijo: “Yo te acompaño”. Estando los dos a solas, fue el momento idóneo para que el político español comunicara a su anfitrión que querían que mediara entre Cuba y Estados Unidos. Al dictador no le molestó el ofrecimiento, todo lo contrario. Le llevó a un salón aparte y le expresó que la discreción estaba asegurada, solo se lo comentaría a Lage y Balaguer pero tomó una decisión al instante: “Que digan fecha para iniciar los contactos”.

 

El mensaje trasladado por el “mediador” español se produjo en una época en la que Fidel le reconoció estar incómodo por los incidentes del 24 de febrero de 1996, fecha en la que se produjo el derribo por la Fuerza Aérea Cubana de una avioneta de la organización “Hermanos al Rescate” de Miami.

 

Cuando regresó a España, Guerra comunicó a las autoridades norteamericanas que el viaje había sido fructífero porque había recibido por parte de los cubanos una buena disposición para iniciar contactos. En un nuevo viaje de Gary Hart a Madrid, el político socialista que fue durante tanto tiempo la mano derecha de Felipe González, le dijo que él en persona debería ir hasta Cuba y verse con Castro.

 

OPERACIÓN DE PELÍCULA

 

El senador demócrata llevó a cabo la operación pero antes tuvo que sortear varias trabas propias de la legislación americana. Se ideó una estrategia de película para que pudiera aterrizar en suelo comunista. Tuvo que viajar primero a Cancún, y desde allí a Cuba pero con la compañía de alguien que se hiciese pasar por su “esposa española”. Guerra tuvo que pensar en quién podría cumplir con los requisitos del papel: ser joven, discreta, que hablase inglés y aceptara ser actriz por un día. Inmediatamente pensó en la asesora de la secretaría internacional del PSOE, Trinidad Jiménez, que luego sería Ministra de Asuntos Exteriores. Ella aceptó y cumplió con su cometido varias veces porque tuvieron varios encuentros.

 

Fueron conversaciones que intentaron acercar posturas en años muy difíciles. Se habían producido atentados con explosivos en La Habana que los dirigentes cubanos atribuían a la oposición en Miami. En uno de estos encuentros, Castro entregó a Hart un documento donde mostraba su preocupación por estos hechos criminales. El demócrata, que estuvo cerca de llegar a la Casa Blanca si no es por el escándalo amoroso con Dona Rice, transmitió el compromiso de la Administración norteamericana de combatir cualquier tipo de actividad terrorista desarrollada desde suelo americano. Este encuentro coincidió con la detención de un grupo de cuatro cubanoamericanos acusados de intentar atentar contra Castro en la Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita del año 1998. Fidel se mostró exultante ante este hecho y pensó que se estaba trabajando en la línea adecuada.

 

Después de diecisiete años, Alfonso Guerra saca a la luz estos hechos de los que se siente agradecido. En el libro, que salió ayer a la venta, escribe que está satisfecho de haber ayudado a suavizar las tensas relaciones entre los dos países en aquellos turbulentos años. De Castro, guarda el recuerdo de alguien con mucha personalidad, seductor en la palabra. Su relación con el español fue buena aunque no tanto como para que le hiciera caso en otra misión que, según Guerra, piensa podía haber ejecutado en aquella época, porque “estaba a tiempo”, la de conducir el cambio democrático en Cuba.