Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Mensaje público de respuesta a un “lector confundido”

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Señor Calvet:

 

Bienvenido nuevamente a nuestro ruedo. Usted en verdad está resultando ser un lector algo dificilillo. Perdone, pero es que con su comentario a mi post del 21 de marzo –que usted subió el día 23 de este propio mes– casi logra confundirme a mí. Tal como yo lo veo, desde el principio sus preguntas están mal enfocadas. Para empezar: ¿Por qué debe Yoani u otra persona cualquiera explicar sus “razones” para visitar una embajada? ¿Por qué una persona común no podría tener “contactos” con funcionarios extranjeros? ¿Por qué tales cosas constituyen delitos para las autoridades cubanas? ¿Qué le podría ocurrir, por ejemplo, a un norteamericano que entre en la sede consular cubana en Washington? El hecho de que Yoani (y otros) entremos en esas sedes diplomáticas, sin ocultarnos, ¿no le dice a Ud. que estamos convencidos de no estar cometiendo contravención alguna? ¿No sabe usted que las embajadas que mencionan los alabarderos del régimen cubano no le niegan la entrada tampoco a cualquier ciudadano cubano que lo solicite, sea revolucionario, disidente o completamente ajeno a asuntos de la política? ¿Tiene Ud. idea de lo incosteable que resulta a un cubano acceder a Internet desde los escasos y generalmente lentos sitios públicos, en el caso en que no se les niegue dicho acceso, como puede ocurrir? ¿Desconoce Ud. que algunas embajadas permiten tiempo de acceso a Internet, no solo a la sociedad civil independiente o a los terríficos opositores, sino también a individuos partidarios del gobierno? El detalle interesante es que éstos últimos no tienen autorización de este propio gobierno para entrar en esas embajadas. ¡Curioso detalle, ¿verdad?! ¿Y sabe usted, cándido lector Calvet, por qué no les dan permiso? Pues porque las “raciones” de Internet que ofrece el gobierno cubano –solo a sus más fieles asistentes– también son cuidadosamente monitoreadas por agentes de la inteligencia, lo cual no sería posible si dichas conexiones se produjeran dentro de una sede diplomática. ¿Se la lleva ya, o todavía está confundido en esto?

 

En otro párrafo, usted parte del supuesto que las “razones” de Cuba (que en realidad son las del poder cubano, no las de “Cuba”) que se exponen en el video oficial divulgado por la TV, son verdades demostradas; por eso asume que existen realmente esos 90 mil agentes “ciberguerreros” delante de los teclados y que Obama ha puesto en nuestras manos todo tipo de equipamiento y tecnología de punta para derrocar a los Castro (se nota que no ha visto nunca mi viejo y querido teléfono móvil, regalo de uso de una amiga, por el que me permito twittear apenas una vez a la semana). Usted cree, seguramente, en lo que sugieren las sensibleras palabras de una joven revolucionaria y bloguera oficial llamada Elaine, –quien aparece en el video del gobierno balbuceando su lamento acerca de que ella “no tiene Internet en su casa” e informándonos que “su abuelito es feliz aunque no tiene Internet” –, es decir, el mensaje subliminal es que los blogueros alternativos sí tenemos conexión instalada a domicilio y que, al contrario del tierno abuelo de la muchachita, tenemos un concepto muy consumista de la felicidad. ¡Y claro que el gobierno nos iba a permitir tener la red en casa! ¡No me diga! Mire, usted, y personas como usted, son una de las “razones” por las que el gobierno cubano se gasta el lujo de elaborar materiales de tan mala factura.

 

Para su decepción le confirmo que sí, que esa muchacha delgada, de pelo largo, con blusa naranja y gafas de sol que aparece en el video presentando credenciales en la garita de control para entrar en la SINA, es Yoani Sánchez Cordero. Le digo más: esa señora de falda carmelita, camiseta negra de tirantes y también gafas de sol, que está junto a ella, soy yo, Miriam Celaya González. Ese día ambas fuimos a recoger nuestros pasaportes visados (supongo que usted sepa que las visas se tramitan en las sedes consulares de los países a los que se pretende viajar y no en los Comités de Defensa de la Revolución), y coincidimos casualmente en el lugar con la que fuera encargada de prensa de la SINA, una puertorriqueña extremadamente agradable y afectuosa que conocimos porque a esa señora le interesan las cuestiones de prensa (¡rara que es!) y los blogueros hacemos un tipo especial de prensa que se conoce como periodismo ciudadano. ¿Capta ahora el asunto?

 

Pero ya que tocó el punto, y yo estoy asumiendo que Ud. está lleno de buenas intenciones y que sus dudas son sinceras, le añadiré informaciones que no se publicaron en el video “Las razones de Cuba”. Tanto Yoani como yo andábamos entonces en trámites de visado porque habíamos sido invitadas –por instituciones académicas y no por el gobierno federal– a un viaje que incluía universidades de Canadá y Estados Unidos. Esto fue en el año 2009, es decir, son imágenes bastante desactualizadas, pero son las únicas que tenían a mano los testaferros de la dictadura. Los amigos que nos invitaron a dicho viaje tramitaron las cartas de invitación a nuestros nombres y pagaron las gestiones consulares correspondientes a las autoridades cubanas, a los exorbitantes precios que el régimen estipula. Las susodichas cartas no solo “no llegaron” nunca a nuestras manos, aunque en varias oportunidades nos presentamos en la Consultoría Jurídica Internacional de Cuba a reclamarlas, sino que –además– el dinero que pagaron nuestros amigos no les fue reembolsado, pese a que trataron de recuperarlo presentando todos los recibos y comprobantes derivados del proceso. ¿Qué le parece esto a Ud.?

 

Me complace que haya visto usted el video blogger Razones Ciudadanas, en el que tuve el honor de participar junto a amigos a los que quiero, admiro y respeto profundamente, y celebro que haya tenido la impresión (exacta y correcta) de que no tenemos ningún vínculo con lo que han dado en llamar los “intereses de Estados Unidos”. Aprovecho para apuntarle que si esos supuestos torvos intereses imperiales fueran que los cubanos tengamos libertad y democracia, yo declaro sin tapujo alguno que coincido con ellos, lo cual no significa que sea una “asalariada” de ese gobierno o que tenga “sentimientos anexionistas” o alguna otra etiqueta por el estilo. También me gustaría dejarle claro que “la blogósfera disidente cubana”, como usted nos llama, y es lo que somos, no constituimos una organización, no tenemos un programa común, no estamos afiliados a bases o estatutos, sino que componemos un fenómeno espontáneo y de carácter individual, por lo que ni Yoani Sánchez ni Ernesto Hernández Busto están “a la cabeza” de algo que es acéfalo. Se trata de una maniobra oficial del gobierno cubano precisamente para tratar de crear una testa visible a fin de poder decapitarla. Hablando por mí, a título personal, no me subordino a nadie, y solo suscribo o co-escribo aquellos documentos y principios que comparto. ¿De verdad es tan difícil entender esto? No se supone tanta rigidez en un individuo que vive en una sociedad libre.

 

Una sugerencia sana, señor Calvet: despójese de todo prejuicio, mire críticamente cualquier video, programa o blog que tenga ante sus ojos y piense por su propia cabeza, aunque tampoco tiene por qué compartir mis presupuestos. ¡Qué viva la diversidad de criterios! Lo más sencillo, según como yo lo veo, sería que todos –tirios y troyanos– orquestáramos una campaña por el libre acceso a Internet para los cubanos de la Isla, sobre todo ahora, que el muy solidario Hugo Chávez nos ha tirado un cablecito de fibra óptica y se podrían ampliar a niveles elevadísimos las actuales capacidades. Yo invito a todos los blogueros, los libres y los atados, a unir nuestras voluntades en un deseo que debería ser común: Internet libre. ¿Cuánto quiere apostar usted a que el gobierno y sus blogueros asalariados no apoyarían esta iniciativa? Espero haber podido despejar (por segunda vez), al menos en alguna medida, sus muchas confusiones.

 

Saludos