Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Marcha Cuba hacia el capitalismo?

 

La política económica de Raúl Castro parece ser un intento moderno de utilizar mecanismos capitalistas para salvar 'el sistema'.

 

Jorge A Sanguinetty, Miami, en Diario de Cuba

 

Entre las medidas implementadas por Raúl Castro para mejorar la economía y las finanzas públicas de Cuba se encuentran dos que han creado expectativas exageradas de cambios y una gran confusión en la población y en muchos observadores externos. Me refiero a la legalización del trabajo por cuenta propia y la pequeña empresa privada, y a la promulgación de la Ley de inversiones extranjeras. El primer conjunto de medidas sin duda ha introducido cambios que parecen espectaculares en algunas áreas del país tras décadas de estancamiento crónico. Dichos cambios, impensables durante la dirección de Fidel Castro, también se han interpretado como una primera ola de reformas que pudieran ser seguidas de cambios económicos más profundos.

 

Tal expectativa ha sido alimentada por la apertura del Gobierno hacia cierta inversión extranjera, reforzada por la "normalización" de relaciones diplomáticas con EEUU. Sin duda que el desarrollo de la micro y la pequeña empresa en Cuba cuenta con elementos que el público interpreta como de tipo capitalista, ya que su administración está a cargo de ciudadanos privados y no de agencias gubernamentales. En efecto, los nuevos empresarios tienen un cierto grado de autonomía para contratar empleados, determinar los precios de los bienes o servicios que venden, y destinar ciertos volúmenes de recursos al ahorro y la inversión entre otras nuevas libertades. Hasta aquí se puede afirmar que Raúl Castro ha permitido algunas formas capitalistas de actividad económica de libre mercado, aunque solo en unos pocos sectores.

 

Sin embargo, el alcance del desarrollo de formas capitalistas de producción y comercio está claramente delimitado por los términos en que hasta ahora el Gobierno intenta atraer inversiones extranjeras. Esta ley excluye la participación de inversionistas cubanos en dichas empresas. Esto significa que La Habana está opuesta al desarrollo de una clase capitalista de cubanos propietarios que tarde o temprano competirían con el Estado tanto en lo político como en lo económico.

 

Tales condiciones traen a colación la experiencia de la Nueva Política Económica de Lenin, muy conocida por sus siglas, la NEP. Dicha política fue aplicada en 1921 para evitar una rebelión popular y un colapso de la economía soviética que hubiera acabado con la revolución comunista. La NEP consistía en una gran liberalización de los mercados y la producción del país, que se encontraban en estado crítico tras la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique con su secuela de medidas económicas ruinosas. Estaba claro en la mente de Lenin que era necesario adoptar algunas medidas de tipo capitalista para salvar al socialismo y, de hecho, construir el comunismo sobre una base más sólida.

 

La iniciativa tuvo muchos opositores en el Partido Comunista soviético, pero Lenin prevaleció. La NEP tuvo un gran éxito en la recuperación de la economía soviética y su estabilización política, siendo abandonada en 1928 con el regreso al régimen de alta centralización y monopolio estatal que encabezó Stalin. Hoy muchos autores concuerdan en que sin Lenin no hubiera habido NEP, y sin NEP no hubiera habido Unión Soviética.

 

Salvando algunas diferencias, la política económica de Raúl Castro parece ser un intento moderno de utilizar mecanismos capitalistas para salvar al socialismo cubano. Las propias explicaciones oficiales  sobre la "actualización" del modelo y la insistencia del Gobierno de que no "cederá un milímetro" en sus negociaciones con EEUU tienden a confirmar esta conjetura. Hay que tener en cuenta que el desarrollo de la micro y pequeña empresa en Cuba fue motivado por la necesidad del Gobierno de reducir la nómina estatal en un millón de trabajadores considerados improductivos. Así se permitió que muchos de ellos crearan sus propios empleos e ingresos librando al Gobierno de una carga fiscal y económica asfixiante. Por eso es un gran error interpretar estos cambios como un reemplazo del socialismo por el capitalismo.

 

Por otro lado, la lentitud con que los cambios anunciados hace años se han estado implementando no invita a pensar que Cuba está realmente abriendo sus puertas al capitalismo. Esto también se confirma por las continuas declaraciones de empresarios e inversionistas extranjeros que visitan la Isla y subrayan la múltiple falta de condiciones para invertir allí. Pero aún si el país consigue atraer un volumen significativo de inversiones extranjeras, la supuesta marcha hacia el capitalismo como un nuevo modo de vida económica no está garantizada.

 

Hay suficientes razones para esperar que en el corto y mediano plazos perdurará una economía principalmente estatal veteada con algunas formas de capitalismo en pequeña escala para los cubanos y en mayor pero insuficiente volumen para los capitalistas extranjeros que se atrevan a invertir bajo la tutela del Gobierno cubano y en tan riesgosas condiciones.