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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

‘Más, pero no cumplimos’

 

La meta era alcanzar los resultados obtenidos en 1912. El incumplimiento no es noticia, tampoco las causas.

 

Dimas Castellanos, El Blog de Dimas

 

En la clausura del XI Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el 17 de mayo, el segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), al referirse al plan de azúcar, dijo: “Vamos a hacer casi 300.000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

 

El incumplimiento no es noticia. Ha ocurrido año tras año después del impacto negativo que tuvo el voluntarismo y la estatización en la economía del país. En el caso del azúcar la producción disminuyó de 8,2 millones de toneladas en 1989 hasta 1,1 millón de toneladas en la zafra 2009-2010, una cantidad que se producía en 1904.

 

Las medidas implementadas para detener el declive, a la vez que atacaron la improductividad y la desorganización, soslayaron las causas fundamentales. En 2001, año en que se produjo menos azúcar que en 1919, se designó a un General al frente del Ministerio del Azúcar y se implementaron medidas dirigidas a lograr 54 toneladas de caña por cada hectárea, extraer 11 toneladas de azúcar por cada 100 de caña y cerrar las fábricas “ineficientes”. Sin embargo, el tozudo declive  continuó su marcha. Entonces, se sustituyó al General, se creó el Grupo Empresarial de la Agroindustria Azucarera (AZCUBA) y se proyectó un  crecimiento productivo anual del 15% hasta 2016; pero de nuevo se ignoraron las causas esenciales.

 

Ante el incumplimiento de las zafras de 2011, 2012 y 2013, AZCUBA, después de tomar las medidas correspondientes, anunció que la siguiente, la  de 2013-2014, sería la mejor zafra de la última década. Se planificaron 1,8 millones de toneladas,  200.000 por encima de la zafra anterior, que había sido de 1,6 millones. Con ese propósito Machado Ventura, segundo secretario del PCC, recorrió una buena parte de los centrales azucareros apelando a la conciencia para sembrar más y mejor, pues según sus palabras “la principal limitación estaba en la caña insuficiente y en los bajos rendimientos agrícolas”. A pesar de todo, “lamejor zafra de la última década” penosamente sobrepasó la precedente, a pesar de que los centrales se mantuvieron activos hasta el mes de junio, cuando el rendimiento de azúcar en la caña merma considerablemente y las lluvias paralizan la cosecha.

 

Una vez más, sin introducir a fondo lo que la industria azucarera demanda o implementando medidas limitadas por la concepción totalitaria, se lanzó la nueva meta para la zafra 2014-2015. Se llegará a los 2 millones de toneladas, 400.000 por encima de la zafra precedente; cifra producida en Cuba en 1912.

 

A juzgar por la prensa oficial, las reparaciones comenzaron en julio y a fines de noviembre el 80% de los centrales habían concluido esa labor; los recursos llegaron al país a tiempo; se incorporaron otros dos centrales azucareros; se indujo mayor acumulación de sacarosa en la caña con el madurador sintético Fitomas-M en más de 100.000 hectáreas; se diseñó una estrategia tecnológica para hacer viable y sostenible la zafra en condiciones de humedad; se trabajó en la reconstrucción y alistamiento de los más de 3.400 remolques existentes; se destinaron 15 millones de dólares para comprar equipos destinados a recuperar sistemas de riegos y caminos; más del 90% de la cosecha se haría de forma mecanizada; y se incrementaría al 50% el tiro directo de la materia prima al basculador.

 

Según el presidente de AZCUBA, con esas medidas se garantizarían las cinco estrategias fundamentales de la presente zafra: 1- rescatar la eficiencia agroindustrial; 2- organizar el sistema de cosecha y transporte; 3- aprovechar la capacidad potencial; 4- garantizar la calidad e inocuidad del azúcar; y 5- trabajar con el capital humano. En consecuencia se planificó crecer en un 23% en la producción de azúcar, aprovechar la capacidad potencial por encima del 70% y lograr un rendimiento cañero no inferior a 43 toneladas por hectáreas.

 

Como de costumbre, para darle un toque distintivo, el segundo secretario del PCC reinició el recorrido por las provincias.

 

En el mes de diciembre elogió la zafra en el central Boris Luis Santa Coloma, de Madruga, donde confirmó la calidad en las inversiones y reparaciones. El 25 de diciembre departió en Cienfuegos con directivos y trabajadores de los centrales Antonio Sánchez, 14 de julio y Ciudad Caracas, donde apreció un buen comportamiento en la recta inicial de la campaña. Recorrió áreas cañeras y centrales de Villa Clara y visitó al coloso Uruguay en Sancti Spiritus. En Ciego de Ávila conversó con los directivos de los centrales Ciro Redondo,  Primero de Enero y Enrique Varona. Y en Camagüey hizo lo mismo con los ingenios Batalla de las Guásimas, Argentina y Brasil.

 

En enero revisó la zafra en los cinco centrales y las áreas cañeras de la provincia Granma. En Santiago de Cuba visitó el América Libre, el Julio Antonio Mella y el Dos Ríos, donde reiteró la necesidad de contar con más caña para garantizar el crecimiento sostenido. Estuvo en Holguín y en Mayabeque, donde exigió transformar los resultados, en especial el negativo comportamiento del Héctor Molina, donde según sus palabras “ha prevalecido la incapacidad para buscar soluciones a los problemas técnicos presentados”, y reconoció la buena marcha del Boris Luis Santa Coloma, de Madruga, y al Manuel Fajardo, de Quivicán.

 

Al concluir la llamada zafra chica el 31 de diciembre, en la que molieron 42 de los 50 centrales, se pudo apreciar una situación mejor que el año anterior en el plan de azúcar y el rendimiento industrial. Todo indicaba que estaba garantizado el crecimiento planificado para la presente contienda. Sin embargo, la caña dejada de moler, el tiempo industrial perdido y las deficiencias en la cosecha y el transporte, hicieron su reaparición. Al finalizar enero ya se habían acumulado cinco días de atraso por concepto de molida. Al finalizar febrero se había molido solo el 91% de la caña planificada. El lunes 23 de marzo, la periodista Ana Margarita González escribió en el semanario Trabajadores que, debido fundamentalmente a las roturas, la  norma potencial se aprovecha al 68% y el tiempo perdido es alto (6,93%). El incumplimiento en la tercera semana de marzo ya era de 8%.

 

Ante el fracaso se acudió nuevamente al tan recurrido como fracasado recurso del llamamiento. Teniendo en cuenta que en la primera semana de abril la producción estaba al 77,2%, el sindicato del ramo y AZCUBA convocaron a los trabajadores, técnicos y directivos a una jornada especial por el cumplimiento del plan. El llamamiento, denominado “¡Por un abril de victorias!”, decía: “Los azucareros tenemos el compromiso de cumplir el plan de producción asignado a cada empresa y central. La victoria de la zafra se decide con los resultados que alcancemos durante este mes”.

 

A pesar de ello, el 23 de abril el plan de producción ya tenía 9% de atraso respecto al cronograma. El ritmo, como es característico para esa fecha, comenzó a disminuir. De 14 centrales que cumplieron sus compromisos tres terminaron sin cumplir sus planes. Finalmente el 17 de mayo, José Machado Ventura, dijo: “Vamos a hacer casi 300 000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

 

Si la ineficiencia agrícola e industrial emergieron precisamente del monopolio estatal de la propiedad, de la eliminación del colonato  (institución que desde el siglo XIX garantizó la caña necesaria sin que ningún funcionario político tuviera que hacer llamamientos ni indicar a los productores lo que tenían que hacer), de los salarios insuficientes y de la pérdida de interés de los productores; los fracasos, antes y durante los 25 años que van de 1989 a 2014, constituyen una prueba de la ineludible del fracaso del sistema de planificación de la economía, de la necesidad de reformar la estructura de la propiedad, de elevar los salarios en correspondencia con el costo de la vida y de liberar todas las trabas burocráticas que impiden el despegue. Una decisión que constituye la única forma de despertar el interés de los trabajadores para que la industria azucarera, antes principal rubro de producción y exportación, pueda influir en el crecimiento del Producto Interno Bruto y reflejarse en el bienestar de los cubanos.