Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Mártir de la reconciliación?

 

Dora Amador, El Nuevo Herald

 

Lamento mucho tener que volver a escribir sobre el cardenal cubano Jaime Ortega Alamino. No lo puedo evitar, porque quien ahora se promociona en los medios católicos internacionales como un mártir (ver La reconciliación entre los cubanos: el precio del martirio, de la periodista católica española radicada en Cuba y Miami, Araceli Cantero Guibert, publicado en Aci Prensa, Zenit, la revista de Comunión y Liberación, Huellas, Ayuda a la Iglesia Necesitada, Vida Nueva, etc.) es un simulador que no le interesa la reconciliación, sino permanecer en la cúpula del poder eclesial cubano y que el exilio jamás regrese a la patria. Nos detesta.

 

Lo ha dejado ver en varias ocasiones, pero citaré sólo una: la conferencia que dictó en la inauguración del X Seminario Internacional del Programa Diálogo con Cuba, que se celebró del 19 al 23 de febrero de 2011 en la Casa San Juan María Vianney, en La Habana. Este programa es patrocinado por la Universidad Católica de Eichstätt (Alemania) y la Iglesia Católica en Cuba. La coordinación del seminario estuvo a cargo de la revista Espacio Laical, que publicó las ponencias. El tema de ese año fue “Sociedad y espiritualidad en el mundo actual. Un diálogo con la Iglesia Católica en Cuba”. Cito al cardenal Ortega y ruego lean cuidadosamente sus palabras:

 

“Esta actitud reconciliadora, que incluye a menudo el perdón y siempre la comprensión, es relativamente más fácil de practicar para quienes han permanecido en Cuba. Los que estamos aquí tratamos concretamente con personas, vemos los hechos positivos o negativos, pero captamos mucho más el sentido evolutivo de nuestra historia. Quienes partieron de Cuba, lidian con nombres, con recuerdos, carecen de la inmediatez y de la vivencia evolutiva de quien ve pasar ante él la historia en la cual, de un modo u otro, también participa”.

 

“Tiene que haber una gran capacidad de comprensión para quien mira desde fuera aún con interés y con amor, los acontecimientos de Cuba, pues necesita un grado mayor de penetración en la realidad que requiere un esfuerzo añadido”.

 

Esto es un insulto a los cubanos de la diáspora. Según él, la cuasi imposibilidad de reconciliación radica en nosotros, los que nos fuimos, porque lidiamos sólo con nombres y recuerdos, no con personas, como ellos en Cuba; vemos como espectadores pasar la historia sin participar en ella, no tenemos perspectiva ni entendimiento y parece que tampoco voluntad para reconciliarnos: vivimos entre sombras del pasado. Sin embargo, los que han permanecido en Cuba se reconcilian o reconciliarán con mucha facilidad, insinúa él.

 

No sé cuán fácil será la reconciliación entre los que allá permanecen, al fragor de actos de repudio, golpizas, detenciones violentas, sin contar las bajezas y traiciones de amigos incluso, como en la Stasi alemana, que muchos esbirros han cometido contra ciudadanos sin poder, los pobres desamparados que guardan en un lugar muy doloroso de su memoria lo que le hicieron, lo que le hacen y les es imposible perdonar ni olvidar y aguardan el día de la venganza. Quiera Dios que no. El mal, enquistado en Cuba por más de medio ha hecho mucho daño en nuestro país -perdone el Cardenal, pero Cuba también es mi país, y volveré con los mismos derechos que los que se quedaron, aunque haya estado ausente todos estos años-, y se necesita mucha oración, mucha fe y mucha buena voluntad para salvar a Cuba.

 

No tengo duda alguna de que yo y muchos cubanos de la diáspora que nos dedicamos con el corazón lleno de amor a la patria, a la denuncia de la represión y las injusticias, y la búsqueda de la libertad y la democracia para Cuba, conocemos más los anhelos, las luchas, el sufrimiento de los cubanos de allá que el Cardenal. Nosotros somos todos hermanos de causa, Su Eminencia no.

 

Jaime no es de esta causa, la suya es tener las mejores relaciones Iglesia-Estado. Pero como dijo Oswaldo Payá Sardiñas: quien acepta las reglas del opresor para mantener buenas relaciones con el régimen, se hace cómplice de la opresión.