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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Los vínculos entre el Medicare y Cuba

 

Jay Weaver, Mimi Whitefield y Jacqueline Charles, The Miami Herald

 

Oscar L. Sánchez, un inmigrante cubano con poca educación, ayudó a revolucionar los grupos delictivos de Miami especializados en fraudes al Medicare mediante un establecimiento dedicado al negocio de cambio de cheques que permitió a varios criminales el lavado de $63 millones procedentes de Estados Unidos a través de una telaraña de cuentas en el extranjero, hasta terminar en el Banco Nacional de Cuba, afirman las autoridades.

 

Sánchez supuestamente conspiró con estafadores del Medicare y otros criminales para desviar el dinero sucio a través de más de una docena de cuentas bancarias de empresas ficticias en Canadá y Trinidad. El lavado de dinero era canalizado en última instancia mediante transferencias de $100,000 o más desde una sucursal bancaria de Trinidad en La Habana hacia el Banco Nacional de Cuba, de acuerdo con las autoridades federales.

 

Los agentes del FBI y los fiscales están tratando de averiguar quién recibió el dinero en Cuba: ¿Fugitivos de fraude al Medicare, otros delincuentes, funcionarios del gobierno, o todos ellos? ¿O se reenvió el dinero una vez más a otros países? Mientras las autoridades tratan de rastrear el dinero, están presionando a Sánchez para dar con otros posibles cómplices que colaboraron con él en el sur de la Florida, Canadá, Trinidad y Cuba.

 

Sánchez fue acusado el mes pasado de conspirar para lavar millones de fondos del Medicare de 70 empresas de la salud del sur de Florida, en una acusación sin precedentes que sacudió a Miami, Washington, DC y La Habana. Sánchez, de 46 años, ciudadano naturalizado de Estados Unidos que vivía con su esposa en Naples, se declaró no culpable y se ordenó su detención antes del juicio.

 

El abogado defensor de Sánchez, Peter Raben, describió a su cliente como “un hombre sencillo y trabajador”.

 

“La probabilidad de que revolucionara algo es menor que cero”, dijo Raben a The Miami Herald.

 

El caso de Sánchez ha puesto de manifiesto profundas fallas en el programa de Medicare y el sistema bancario internacional. El demandado es acusado de conspirar con un “sindicato de lavadores internacionales de dinero” que utilizaban las ganancias fraudulentas del robo al Medicare como garantía para pagar en efectivo a estafadores de la atención médica en el sur de la Florida y también para transferir dinero al sistema bancario de Cuba con el fin de ocultarlo.

 

¿Qué impulsó a este sindicato bancario clandestino? Desde mediados de 1990, oleadas de inmigrantes cubanos han aprendido miles de formas para aprovecharse del programa de salud para los ancianos y los discapacitados financiado por los contribuyentes. Mientras tanto, cerca de 150 sospechosos han huido a la isla comunista y otras partes de América Latina para eludir el procesamiento, de acuerdo con el FBI y documentos judiciales.

 

Un ex fiscal federal de Miami que ayudó a dirigir la acción contra el fraude al Medicare en los últimos años, dijo que los fugitivos huyen a Cuba porque su gobierno nunca devuelve los delincuentes a las autoridades estadounidenses. Y porque los fugitivos pueden proteger sus millones extraídos del Medicare.

 

“El rastro del dinero termina allí”, dijo el abogado Ben Curtis, de Washington, DC.

 

Andy Gómez, investigador titular del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, se hizo eco de esa opinión, diciendo que “una vez que el dinero llega a Cuba, entra en un agujero negro”.

 

Gómez, como muchos otros, cree que el gobierno cubano extorsiona a los criminales que van y vienen entre el sur de la Florida y la isla. Pero ahora también cree que el caso de Sánchez muestra que Cuba se ha visto “directamente interesada” en el lavado de millones de dólares del Medicare.

 

“Sánchez no tenía la especialización ni el conocimiento para ejecutar esta operación”, dijo Gómez, quien especuló que un controlador de la inteligencia cubana que se han reunido con él y le dio instrucciones. “Él no podía hacer esto por su cuenta”.

 

La oficina del fiscal federal ha dicho que no tiene pruebas de que el gobierno cubano jugó un papel en el presunto plan para el blanqueo de fondos fraudulentos del Medicare. Los funcionarios cubanos se enojaron ante la acusación, negando cualquier implicación.

 

Sin embargo, The Miami Herald ha sabido que los millones lavados fueron transferidos por cable, de manera automática, desde las más de una docena de cuentas de las empresas ficticias en la sucursal del Republic Bank de Trinidad en La Habana, al banco de Cuba, controlado por el Estado. Públicamente, los documentos de la corte federal sólo dijeron que “al menos dos de esas cuentas contenían instrucciones para que el banco enviara inmediatamente por cable todo el dinero de las cuentas al sistema bancario cubano”.

 

El Banco Nacional de Cuba se divide en varios bancos con diferentes especialidades que ofrecen servicios comerciales, al consumidor, comerciales, de turismo, y de cambio de divisas.

 

A pesar de la variedad de bancos, “realmente hay un solo propietario, el gobierno de Cuba”, dijo Fernando Capablanca, un ex ejecutivo bancario de Miami y ahora consultor bancario.

 

El banco de Trinidad, que abrió una oficina en La Habana en mayo del 2002, ha entregado registros de las transacciones de las diversas empresas ficticias al FBI, pero públicamente la institución sólo ha dicho que no tenía ninguna relación con Sánchez, el acusado.

 

El procurador general de Trinidad y Tobago, Anand Ramlogan, se negó a comentar sobre el caso Sánchez, diciendo que no conoce todos los hechos. Sin embargo, dijo, el país ha tomado una serie de medidas para combatir el lavado de dinero.

 

“Tenemos leyes de ‘Conozca a su cliente’”, dijo Ramlogan a The Miami Herald en su oficina de Puerto España. “Tenemos declaraciones sobre las fuentes de los fondos. Las cosas están en su lugar”.

 

Sánchez se las arregló para mantenerse por debajo del radar porque se cuidó mucho de ocultarse a sí mismo y la verdadera fuente de los fondos blanqueados, al no poner jamás su nombre en ningún documento corporativo o bancario, dijeron las autoridades. Incorporó su compañía de cambio de cheques en Naples, Estates Business Center, en nombre de su esposa, Ilens R. Sánchez.

 

Oscar Sánchez, que llegó a Estados Unidos en el éxodo del Mariel en 1980, pasó trabajos como un nuevo inmigrante y desarrolló un registro como delincuente de poca monta en la Florida. Finalmente, prosperó a mediados del 2000 cuando, supuestamente, se unió a los grupos de fraude al Medicare como banquero no oficial y, más tarde, comenzó a invertir en bienes raíces en el área de Naples y Fort Myers.

 

A pesar de sus intentos para permanecer en la sombra, dicen las autoridades, Sánchez cometió por lo menos un error fatal. En febrero del 2007, transfirió $38,357 de su cuenta bancaria personal de la Florida a la cuenta de una empresa canadiense llamada Magnus Aviation Logistics. La compañía de Montreal estaba en el centro de la presunta red de lavado de efectivo hacia Cuba, de acuerdo al menos con un caso de fraude de atención médica relacionada con el procesamiento de Sánchez.

 

Sánchez fue descrito por el fiscal federal Ron Davidson como un “financista de los defraudadores y un inversionista de capital para los bancos cubanos”, que había hecho 78 viajes al extranjero durante la década pasada, de acuerdo con una moción para detenerlo antes del juicio. De esos viajes, 61 se realizaron a Cancún, México, un punto de partida para Cuba. Su compañero de viaje en un vuelo a Cancún fue el dueño de varias compañías “fraudulentas” de atención médica en Miami-Dade que enviaron dinero a Cuba, a través de Canadá y Trinidad, según documentos judiciales.

 

Días después de la detención de Sánchez en Naples el mes pasado, el juez Jonathan Goodman ordenó su detención en Miami, diciendo que la acusación era “muy fuerte” y que él constituía un “riesgo de fuga” ya que encara hasta 20 años en prisión si es declarado culpable.

 

Tanto los fiscales como los agentes del FBI comenzaron a concentrarse en Sánchez en los últimos años después de que delincuentes condenados por delitos de fraude al Medicare comenzaron a establecer acuerdos de declaración de culpabilidad, y a señalarlo a él como su hombre del dinero. Además, las autoridades comenzaron a notar que millones de dólares eran transferidos desde empresas de equipos médicos y clínicas de terapia contra el VIH en la Florida a las cuentas de empresas ficticias en el Royal Bank of Canada, de Montreal.

 

Según documentos judiciales, así fue cómo funcionó el presunto esquema de lavado de dinero de Sánchez entre el 2005 y el 2009:

 

Los estafadores del sistema de atención médica en el sur de la Florida ponían rutinariamente sus negocios acreditados por el Medicare a nombre de propietarios falsos -a menudo inmigrantes cubanos recién llegados- para ocultar a las autoridades sus propias identidades como verdaderos dueños de las cuentas.

 

En el caso de Sánchez, los fiscales dijeron que 70 empresas médicas del sur de la Florida facturaron al Medicare por $374.4 millones y recibieron pagos por $70.7 millones, dinero que fue depositado directamente en sus cuentas bancarias corporativas. Pero el desafío para “los cerebros del fraude al Medicare” era cómo retirar el dinero de sus cuentas, ya que tendrían que revelar sus identidades en los bancos, según documentos judiciales.

 

Por lo tanto, muchos de ellos se dirigieron a Sánchez y su negocio de cambio de cheques para el blanqueo de por lo menos $31 millones de esos reembolsos del Medicare, según documentos judiciales.

 

Entre quienes utilizaron los servicios de Sánchez estuvieron Michel De Jesús Huarte, quien cumple una condena de 22 años de prisión por operar un fraude de $100 millones con una clínica para el VIH en Miami-Dade y otras partes del sureste de Estados Unidos.

 

Al mismo tiempo, Sánchez llegó a conocer a un “grupo de individuos” que controlaban empresas fantasmas con 15 cuentas bancarias en Canadá y Trinidad, y que querían transferir millones de dólares derivados de actividades criminales al sistema bancario de Cuba. Ellos habían comprado más de 20 cajas de giros postales, transfiriendo el dinero en cantidades de menos de $10,000 a la vez para evitar el tener que declarar el origen de los fondos conforme a las leyes de Estados Unidos. Usaron seudónimos, incluyendo el nombre de “Bill Clinton”, según documentos judiciales.

 

Pero el proceso era “costoso y consumía mucho tiempo”. Entonces entra Sánchez, que los ayudó a transferir grandes cantidades de dinero a Cuba, un total de $63 millones, según la fiscalía.

 

Por una cuota del 10 por ciento, Sánchez conectaba entre sí los dos extremos del esquema: Un grupo de delincuentes suministraba millones de dólares en dinero contante y sonante a los cabecillas del fraude al Medicare. Esos líderes, a su vez, enviaban cheques o giraban por cable el dinero proveniente de sus cuentas bancarias corporativas en el sur de la Florida a las empresas ficticias de los otros delincuentes en Canadá, muestran los registros.

 

El dinero lavado se depositaba en cuentas en el Royal Bank of Canada, en Montreal, y los ingresos eran enviados por cable posteriormente a numerosas empresas fantasmas en Trinidad, y después eran depositados en cuentas de desconocidas en el Banco Nacional de Cuba.

 

Un ejemplo, “Sánchez se benefició de ambos lados al girar $468,985 de una compañía del sur de Florida participante en el fraude, a una cuenta bancaria en Canadá”, alegó Davidson, el fiscal, en la petición para detener a Sánchez antes del juicio.

 

De acuerdo con los tribunales y los registros públicos, una de las supuestas empresas ficticias canadienses que recibieron los cheques lavados fue Magnus Aviation Logistics. Los documentos corporativos dicen que Magnus era dirigida por Anthony Caristo y se disolvió el año pasado.

 

Los registros canadienses también muestran que Caristo era director de otras dos empresas de Montreal: Arxe Capital y Monetaria Card Solutions, que también fueron disueltas. Monetaria quedó inactiva tan sólo unos días después de la detención de Sánchez el mes pasado, según los documentos. Ni Caristo ni sus mencionados negocios pudieron ser contactados para hacer comentarios.

 

Al igual que Estados Unidos, Canadá cuenta con una agencia federal -el Centro de Análisis de Informes sobre Transacciones Financieras (FINTRAC)- que recoge información de inteligencia sobre presuntas actividades de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo.

 

Según la ley canadiense, las instituciones financieras que reciben o giran transferencias de $10,000 o más al extranjero, están obligadas a presentar un informe a FINTRAC. Eso significa que los cheques o los giros enviados desde y hacia la cuenta de Magnus, deben haber dado lugar a informes.

 

La agencia canadiense no devolvió las llamadas de The Miami Herald.

 

El título de la historia "Profesión: el fraude", publicada el 23 de junio, de ninguna manera implica la culpabilidad del señor Oscar Sánchez, quien todavía no ha sido enjuiciado por las acusaciones de lavado de dinero.