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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Los Robinsones del futuro

 

Miriam Celaya, en Diario de Cuba

 

Casi cuatro meses después de celebrado el VI Congreso del PCC, resulta obvio que los jerarcas del socialismo a la cubana creen contar con otros 50 años a su favor para poner en vigor las reformas con las que aspiran a resucitar el cadáver de su experimento social. El ritmo del "proceso de cambios" en la economía es tan lento que resulta imperceptible. Hasta el momento, solo ha quedado demostrado que la propuesta de socialismo de los Castro —además de haberse dedicado inmisericordemente durante medio siglo a destruir hasta el menor signo de prosperidad, sin haber pasado jamás de la etapa de ensayo—  siempre dependerá de algo que no compromete la voluntad política del gobierno, sino que han de aportarlo los gobernados.

 

El "algo" que ahora nos salvaría del precipicio que atisbara nuestro visionario General-Presidente y que conocimos por sus persistentes y dramáticos llamados, es un conjunto abstracto formado por "la eficiencia, la exigencia, el control y el ahorro", conceptos que no producen bienes materiales, y que han sido designados como los nuevos talismanes que colocan una vez más la promesa oficial de un futuro mejor al otro lado de un arcoiris marcadamente monocromo: verdeolivo.

 

De hecho, las líneas entre los escasos dueños del poder y los millones de parias nativos están bien delimitadas: la casta militar se ocupa de las divisas y el populacho de los timbiriches que comercian en cualquiera de las dos monedas bastardas, incluyendo la falsamente "convertible". El resto se limita a medrar en este limbo que es el día a día.

 

Desde que terminaran los ecos de los aplausos de los fieles que asistieron en abril último al conciliábulo de los druidas —quienes una vez más decidieron allí el sacrificio (de otros) ante el entusiasmo morboso de los asistentes—, no se aprecian progresos en la supuesta renovación del modelo ni aparece la menor señal palpable de recuperación en la economía. Salvo que se llame progreso, por ejemplo, a la inusual y sostenida presencia de plátanos "macho" que se ofertan en tarimas y carretillas por toda La Habana a precios elevadísimos.

 

Los discursos oficiales se tornan cada vez más enigmáticos y la gente más apática y desesperanzada. Discretamente han recomenzado las reuniones en algunos centros de trabajo para cumplir un nuevo cronograma de despidos que se mantiene en el mayor secreto, y en el ambiente se respira un estado general de incertidumbre y falta de fe. Es por eso que mi amiga Isabel, cercana ya a los 60 años, ha comenzado a prepararse para su retiro después de casi 40 años de trabajo.

 

"Cuanto antes mejor", dice. Ella, una ingeniera agrónoma, había imaginado una vejez tranquila junto a sus hijos y nietos, con un retiro justo, sin depender de nadie. Pero en los últimos tiempos ha cambiado radicalmente su proyecto de vida: "Mis hijos se van pronto, y ya no habrá nada que me ate a Cuba. Tan pronto me reclamen me iré con ellos y no voy a mirar para atrás. Ya me aburrí de tanta pobreza y tantos sobresaltos. No quiero sobrevivir, quiero vivir aunque sea en los años que me quedan de vida".

 

Ella, sin embargo, tiene lo que pocos cubanos: un apartamento amueblado y alguna que otra "entradita" de dólares desde el exterior, pero perdió la esperanza de un futuro mejor dentro de su país.

 

"Me voy", repite. Y lo dice sin rencores, sin alegrías y sin penas, como si se librara de un fardo pesado después de una marcha fatigosa y larga hacia ninguna parte.

 

Por demasiado tiempo, incapaces de tomar las riendas de sus propias vidas frente a la asfixia que provocaba el sistema, las esperanzas de muchos cubanos se cifraron en la muerte –que se suponía cercana– de los ancianos "históricos". Hoy, paradójicamente, cuando por razones biológicas irrefutables esa posibilidad se vuelve más tangible, numerosas esperanzas se cifran en la partida. La vida es para miles y miles de cubanos algo que solo existe más allá de esta tierra, que consideran maldita.

 

La ausencia de expectativas parece haberse acrecentado después de la celebración del VI Congreso, que se había anunciado como un posible escenario de propuestas pero ha quedado hasta ahora en las (¿buenas?) intenciones. Desde la fecha presente y hasta enero de 2012, cuando se realizará la muy anunciada Conferencia Nacional, mediaría un breve período de gracia para que el General de las Reformas promueva alguna iniciativa lo suficientemente audaz como para imprimir un giro significativo a la realidad actual. Sobran razones para las dudas.

 

Es así que un porvenir, no ya de abundancia sino al menos libre de precariedades, se reafirma hoy como eternamente inalcanzable para los cubanos en su propio país. Diríase que en la Cuba de estos tiempos, tras el capítulo final de esta tragedia que algunos aún llaman "revolución" solo quedaremos en la Isla un puñado de románticos Robinsones, quizás tan ancianos para entonces como los caníbales de verdeolivo que devoraron a su pueblo.