Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Los otros cubanos

 

Álvaro Vargas Llosa, en su Blog Carta desde Washington

 

La “normalización” de relaciones entre Estados Unidos y Cuba era sólo cuestión de tiempo. El capital estadounidense llevaba años presionando en ese sentido; las nuevas generaciones de cubanos de Florida tenían poco interés en una política hostil; por último, toda América Latina exigía lo mismo, al punto de condicionar parte de sus propias relaciones con Washington a una contemporización estadounidense con la isla.

 

Sólo una cosa hubiera podido hacer contrapeso a esas fuerzas alineadas en favor de la “normalización”: resultados prácticos. Pero, por una combinación de factores -la política de abrir la válvula de escape migratoria de tanto en tanto, el perfecto Estado policiaco y la capacidad para mendigar subvenciones con éxito-, la dictadura cubana sobrevivió al embargo y la crítica de la democracia norteamericana durante décadas. Además, las medidas tímidas de Raúl Castro relajando algunos controles reforzaron en el imaginario de muchos la idea de que era hora de dejar atrás esa “Guerra Fría” y debilitaron a quienes, desde la otra orilla ideológica y moral, pedían condicionar el cambio de política a una democratización de la isla.

 

Esto es lo que explica que John Kerry, hasta hace poco un partidario encarnizado de mantener la hostilidad hacia Cuba, haya sido el primer secretario de Estado en 70 años en visitar Cuba y haya izado su bandera en la nueva embajada estadounidense en La Habana. Que su jefe, el Presidente Obama, esté interesado en labrarse un “legado” es sólo una anécdota: si no se hubiesen dado las condiciones que mencioné más arriba, Obama no habría podido entregarle a los Castro esa victoria política.

 

Tiendo, como liberal, a estar en contra de los embargos, incluido el de Cuba, pero éste no es el lugar para esa discusión. Apunto, más bien, algo que no deja de ser perturbador: a los Castro les ha salido gratis la “normalización”. Cuba sigue siendo un Estado policiaco y, a pesar de sus reformas, el sistema económico sigue siendo, como la ha descrito Carlos Alberto Montaner, un “Capitalismo Militar de Estado” en el que los uniformados controlan las 2.500 empresas grandes y medianas, y los servicios menores quedan parcialmente en manos de “cuentapropistas” que pueden pagar impuestos pero no prosperar. El gobierno sigue explotando al “proletariado” mediante un ardid que encaja bien con la fobia de Marx contra la plusvalía: las empresas extranjeras pagan los salarios de sus trabajadores al gobierno en divisas y éste les paga a aquéllos en pesos de escaso valor.

 

Para no perder las buenas costumbres, un centenar de cubanos que protestaban fueron arrestados a remolque de la visita de Kerry. No hay mes en que no sean apaleados los críticos -y muy especialmente las mujeres críticas del régimen, por las que el Estado policiaco tiene predilección. No asoma síntoma alguno de que las “reformas”, entre ellas el permiso de viajar al exterior, vayan a dar un salto cualitativo hacia algo que se parezca a una democracia liberal.

 

Ni las cumbres presidenciales, ni la prensa internacional, ni los foros académicos, más allá de una minoría, repararán de aquí en adelante en estas realidades. La “normalización” ha acabado de blindar moralmente a todas estas instancias contra la mala conciencia o la conciencia a secas. Ahora la legitimidad del castrismo es total.

 

Conviene entender esto sin amargura porque ni siquiera con todas estas cosas a favor tiene el castrismo garantizada su eternidad y porque la verdadera derrota no ha sido esa. La “normalización” no es ni será causa de nada: más bien, consecuencia de una derrota anterior y más profunda que hacía inevitable este desenlace.