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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Los escurridizos materiales

 

Fernando Ravsberg, BBC Mundo

 

Hace pocos días leía un reportaje en el que explicaban que cuando ponen a la venta materiales de construcción en los rastros estos desaparecen en menos de 40 minutos, un dato que habla sobre la reales necesidades de los ciudadanos.

 

Lo cierto es que las cantidades que se entregan son escasas respecto a la creciente demanda de los cubanos. Miles de familias han emprendido obras desde que el gobierno autorizó a reparar, ampliar y construir casas con esfuerzo propio.

 

La venta liberada de materiales desató una fiebre constructiva. En La Habana no hay barrio donde no se vean viviendas en obras y es lógico, todos los hogares necesitaban ponerse al día tras décadas de deterioro como consecuencia de las prohibiciones.

 

El Estado monopolizó la construcción de viviendas pero nunca estuvo a la altura de las necesidades a pesar de que levantó cientos de miles de apartamentos que fueron vendidos a precios subvencionados a los ciudadanos.

 

Las "microbrigadas" centralizaron durante décadas todo el esfuerzo pero no fueron muy eficientes, en primer lugar porque la mayoría de sus trabajadores carecía de los conocimientos mínimos necesarios de construcción.

 

Se formaban con personal proveniente de diferentes centros de trabajo, desde un obrero de una fábrica textil hasta un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores. Todo el que necesitaba casa pedía su ingreso en una "micro".

 

Estos edificios tienen mala reputación entre los cubanos, permutar un apartamento de "microbrigada" puede llegar a ser complicado y rara vez se logra sin poner dinero por el medio, aunque esté ubicado en la mejor zona de La Habana.

 

Recién llegado a Cuba viví en uno de ellos y reconozco que tienen una terminación infame pero que otra cosa se puede esperar cuando el señor que colocó los azulejos del baño estudió historia en la Universidad de La Habana.

 

Además tampoco ponían mucho empeño, nadie en la "microbrigada" sabía si al final le tocaría un apartamento o tendría que construir varios edificios para ganar el derecho a comprar uno que además no podían elegir, era el que le asignaran.

 

Así, mientras tanto vendían parte de los materiales a los vecinos del barrio, para los que el mercado negro era la única forma de reparar o ampliar sus casas. Esto implicaba que el edificio se construía con menos cabillas, menos arena y menos cemento.

 

Desde que el gobierno liberó la venta de materiales abrió al ciudadano la posibilidad de construir sin robar. Una política que repercute en la industria de materiales y también en la vida de la gente, que ya pueden reparar el techo sin sobresaltos.

 

Sin embargo, nunca faltan los listillos que sitúan camiones junto a los rastros esperando el aviso de algún socio que trabaja en el lugar y les reserva "lo suyo". Entre otras cosas compran las cabillas de acero a US$80 y las revenden después a US$100.

 

Incluso sin favoritismos es casi imposible competir con ellos porque ese es "su trabajo" mientras que el resto de los cubanos tienen un trabajo de verdad que no les permite pasarse días enteros a la espera de que llegue un camión con materiales.

 

Pero el problema de fondo no son los especuladores sino la escasez que los alimenta. Se debe en parte a la pobreza pero también a la ineficiencia de los organismos que debe proveer a la población de lo necesario para construir.

 

El periódico Granma sostiene que el plan de ventas de estos productos se reduce solo a un 15% de lo planeado, debido a los incumplimientos de los contratos de los principales proveedores, las empresas estatales del SIME, MICONS y PROVARI.

 

Y estos incumplimientos no son siempre por falta de recursos económicos. Muchas veces se debe a que no entregan en tiempo las fichas de costo de los productos o dilatan el proceso de emisión de los precios de venta minorista.

 

Problemas tan burocráticos como el de una fábrica de la ciudad de Bayamo donde hay casi un millón de bloques almacenados sin que los organismos encargados de distribuirlos acudan en su búsqueda, lo que dificulta la continuidad de la producción.

 

No conozco al funcionario responsable de tal "olvido" pero apuesto a que tiene una buena casa. Mi experiencia me dice que hay pocos cubanos tontos, en general tras esas incompetencias siempre hay ganancias económicas para los implicados.

 

La ineficiencia es el escudo tras el que muchas veces se protegen los corruptos, que hasta ahora marcaba la diferencia entre la destitución y la cárcel. A los efectos del país da igual porque tantas pérdidas provocan la negligencia como la corrupción.

 

Pareciera que el gobierno comienza a entenderlo. El juicio contra los responsables de los fallos en la remodelación de una planta de tratamiento de agua en Santiago de Cuba podría mostrar un cambio de política y un aviso tanto para los ineptos como para quienes juegan a serlo.