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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Los últimos exiliados cubanos

 

Qué representa el restablecimiento de las relaciones entre EE. UU. y Cuba para quienes debieron abandonar la isla y comenzar de nuevo en otro país

 

Gustavo Pérez Firmat, The Conversation

 

“Normalización” -la palabra del momento para los cubanos y los analistas sobre Cuba.

 

Dejemos de lado por un momento el hecho de si es realmente posible que una dictadura y una democracia tengan relaciones normales, ya que la normalidad implica una norma en común. Como cubano que ha vivido en Estados Unidos toda su vida adulta, la pregunta para mí se trata de qué significará realmente la normalización para el casi un millón de cubanos que residen en este país.

 

Eso no es fácil de responder, ya que la composición de la comunidad cubano-estadounidense se ha complejizado mucho. Hasta hace no mucho tiempo, casi todos los cubanos en Estados Unidos se consideraban a sí mismos un exiliado, pero ahora ya no.

 

La generación post-1980

 

Más de la mitad de los cubanos nacidos en la isla llegaron aquí después del Éxodo de Mariel en 1980. La mayoría abandonó la isla, algunos corriendo enormes riesgos personales, por cuestiones tanto económicas como políticas.

 

Cuando los cubanos que llegaron en las primeras décadas de la Revolución entraron en el exilio, dejaron todas sus pertenencias atrás. Los recién llegados, en cambio, decidieron emigrar porque tenían pocas o ninguna pertenencia que dejar atrás. Aunque comparten las actitudes anti-Castro de sus predecesores -después de todo, fue la sociedad creada por los hermanos Castro la que los hizo buscar una vida mejor en otro lugar- les falta la pasión política por la que los exiliados cubanos han sido satirizados en la prensa estadounidense.

 

Para los cubanos que se consideran a sí mismos inmigrantes económicos, los cambios en la política de EE. UU. les brindarán una bienvenida normalización a sus vidas: será más fácil para ellos visitar a sus familias y que éstas los visiten, enviar dinero y productos, mantener una conexión efectiva con su tierra. El Estrecho de Florida, donde tantos han muerto, ya no será un cementerio, sino un puente. Incluso se puede pensar que en un futuro no tan distante, algunos elijan hacer el trayecto diariamente entre Cuba y el sur de la Florida, ya que es más o menos la misma distancia que entre Nueva York y Filadelfia.

 

Pero la generación a la que pertenezco lo ve diferente. Para nosotros, normalización significaría, en primer lugar y básicamente, la desaparición del régimen que nos forzó a abandonar nuestra madre patria.

 

¿Qué significa dejar de ser un exiliado?

 

Me fui de Cuba con mis padres y hermanos en los ’60, cuando era demasiado pequeño como para entender el significado del exilio. Yo pensé que nos íbamos de vacaciones. Pero en el medio siglo que ha pasado desde entonces, no he dejado de considerarme un exiliado. Entonces, en cuanto a la pregunta de qué significará la normalización para los viejos exiliados como yo, la respuesta es: nada.

 

Algunos pueden pensar que a medida que Cuba y Estados Unidos vuelvan a ser buenos vecinos, el estereotipo del exiliado cubano -parte principal de la cultura estadounidense durante muchos años, pensemos en la Bahía de Cochinos, los ladrones de Watergate, Scarface, Gloria Stefan- pasará a ser tan anacrónico como los coches de los ’50 que recorren las calles de la Habana.

 

Puede ser. Pero no podré dejar de ser un exiliado hasta que Cuba se convierta en una sociedad abierta y pluralista y pueda tomar yo la decisión de volver o no. Y quizás tampoco entonces, ya que el país que yo conocía ya no existe. Después de tantos años, el mote de “exiliado” se te pega como si fuera un tatuaje permanente.

 

Lo que sí ha hecho la normalización de las relaciones es dejar en claro, con más fuerza que nunca, que el exiliado cubano es una raza en extinción.

 

La dictadura persiste, pero lejos quedaron los días en que los exiliados en Miami celebraban el año nuevo brindando con el deseo de “El año que viene, en Cuba”. En esas reuniones de año nuevo, la proximidad de Cuba era prometedora; la isla parecía tan cerca pero tan lejos, como la canción de Cole Porter. Pero no hay razón para decir “El año que viene en Cuba” cuando a la semana siguiente se puede ir a Varadero, uno de los principales destinos turísticos de Cuba.

 

Demasiado tarde

 

Para nosotros, lo que ocurra en Cuba en el futuro habrá ocurrido demasiado tarde. Se han perdido demasiadas vidas, demasiadas familias quedaron destrozadas. Uno de los hechos más tristes de la historia cubana es que quienes estuvieron vivos para presenciar el inicio de la dictadura de los Castro, no lo estarán para celebrar su fin.

 

Mi padre llegó a Estados Unidos a los 39 años de edad. Murió 42 años después, justamente en el 41° aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos. Entre medio, se pasó cuatro décadas deseando regresar a su tierra, con su pasaporte cubano guardado prolijamente en la mesa de luz. Podría haber ido de visita, como muchos otros lo han hecho, pero nunca lo hizo porque creía que “visitar” su patria era una forma de rendirse, de reconocer definitivamente la desposesión.

 

Y resulta que el día en que Obama anunció la normalización de las relaciones, el 17 de diciembre, habría sido el cumpleaños de mi padre. De haber estado vivo, se hubiera unido al grupo de exiliados en Little Havana que protestaban por lo que él habría considerado una traición, mientras soñaba con un regreso imposible.