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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Lo dicho y lo hecho

 

Fernando Ravsberg, BBC Mundo

 

Finalizó la segunda visita papal a Cuba sin sorpresas, Benedicto XVI no dejó dudas sobre cuál es la apuesta de la Iglesia Católica, por falta de tiempo no se reunió con las Damas de Blanco y demás disidentes pero tuvo espacio en la agenda para ver a Fidel Castro.

 

Por mucha irritación que despierte entre el anticastrismo dentro y fuera de la isla, lo cierto es que el Papa no hace más que continuar la tradición iniciada en el 2008 con la visita del Secretario de Estado del Vaticano, Tarciso Bertone.

 

Las homilías de Benedicto XVI fueron tan generales que podría haberlas dicho en cualquier parte del mundo. Si hizo hincapié en algo fue en la necesidad de potenciar la espiritualidad y en lograr nuevos espacios sociales para la Iglesia Católica.

 

Insistió en que se les permita participar en la enseñanza, tal y como lo hacían antes de 1959. El propio Fidel Castro estudió en un colegio de jesuitas, a pesar de lo cual después de la Revolución los convirtió en centros de enseñanza pública.

 

Este es uno de los temas más difíciles de solucionar porque la educación en Cuba es gratuita y están escolarizados el 100% de los niños. Además, en las escuelas cubanas la formación académica va acompañada de la siembra de ideas socialistas.

 

Sería interesante saber si el gobierno cubano está dispuesto a autorizar que se abran centros educativos en los que haya que pagar matrícula y donde además se enseñe a los niños el Calvario de Jesucristo en lugar de la Gesta del Che en Bolivia.

 

Por ahora parece que el mítico guerrillero argentino se queda donde está y durante la misa estuvo justamente frente al altar de la Plaza de la Revolución, de tal forma que cada vez que Benedicto XVI levantaba la vista se encontraba con él.

 

De todas formas la Iglesia Católica cubana tampoco tiene un arraigo social que le permita emplazar al gobierno, una muestra es el número de personas que acudieron a las misas a pesar de que muchos empleados del Estado fueron "orientados" a asistir.

 

Había tantos "no católicos" que los sacerdotes se vieron obligados a explicar por los altoparlantes que durante las misas no se pueden gritar consignas, aplaudir ni agitar banderas, como ocurre normalmente en los actos políticos en Cuba.

 

El propio Cardenal Ortega explicó la modesta participación afirmando que muchos verían la misa por TV y, haciendo malabarismo con las palabras, expresó en su alocución que los cubanos son mayoritariamente "creyentes", evitando decir "católicos".

 

El vocero del Vaticano informó que a la misa de la Plaza llegaron 300 mil cubanos, la cifra parece exagerada a pesar de que había personas de las provincias de Matanzas, Pinar del Río y La Habana, las que suman un total de 3.5 millones de habitantes.

 

La mayoría de los cubanos con los que hablé coinciden en que Benedicto no tiene el carisma de Juan Pablo. Es cierto que ambos son muy diferentes pero tampoco Cuba es la misma y, sobre todo, han cambiado las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

 

Si el objetivo de la visita del polaco era "abrir Cuba", los del alemán parecen ser consolidar los espacios ganados, respaldar al sector moderado de la iglesia cubana -encabezados por el Cardenal Ortega- e intentar cobrar algunas facturas por los apoyos brindados.

 

Momentos antes de partir, el Papa tocó el tema político, proponiendo "una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada" a la que "nadie se vea impedido de sumarse (...) por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales".

 

Sin embargo, inmediatamente equilibró afirmando que esta situación "se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población", atacando así al Embargo de EE.UU. contra Cuba.

 

El gobierno fue igual de franco, el canciller Bruno Rodríguez dijo que "oirían" a Benedicto XVI con respeto pero el vicepresidente Marino Murillo confirmó que el proyecto socialista sigue vigente y por lo tanto no habrá cambios políticos en Cuba.

 

Ninguna de las partes expresó nada que no se supiera pero lo esencial no fue lo que se dijo sino lo que se hizo. El gobierno facilitó la infraestructura, movilizó empleados del Estado y comunistas a las misas, mientras el Papa descalificaba a la oposición negándose incluso a escuchar sus reclamos.