Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Lineamientos no, libertad ciudadana

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Dicen que Dios escribe recto con líneas torcidas. Yo diría que en el caso de Cuba a Dios habría que enviarlo a pasar un curso intensivo de caligrafía. Llevamos medio siglo de renglones torcidos y nada anuncia que se vayan a enderezar las líneas. Para mayor confusión, mientras más se habla en los medios de prensa oficiales de “claridad y transparencia”, más turbias se muestran las aguas. Todavía algunos ingenuos se preguntan cuándo se van a aplicar todos los Lineamientos del VI Congreso del PCC, como si éstos constituyeran una especie de conjuro que convirtiera el caos y la miseria en orden y prosperidad. Catorce meses después de la reunión cuasi secreta de los druidas seguimos avanzando a paso firme hacia el abismo que avizorara tardíamente el grumete ascendido a capitán del destartalado bajel, por obra y gracia de alguna coincidencia de ADN con su antecesor.

 

Así las cosas, tenemos por acá un “presidente reformista” cuyas innovaciones solo han conseguido enrarecer más aún el clima social y encarecer la vida de los supuestos favorecidos por las reformas, dizque el pueblo. Entre las reformas más conocidas del nuevo octogenario de la poltrona verdeolivo se encuentra, por ejemplo, la liberalización de la venta de productos del agro por parte de vendedores ambulantes, denominados con el elegante término de “carretilleros”, debidamente acreditados con licencias para cumplir su desempeño. Los carretilleros debían multiplicar la variedad de oferta de esos productos para la hambreada población de la ciudad (que lo han hecho en verdad) y, de paso, provocar un efecto de descenso de los precios que permitiera a la gente común elevar la nariz medio centímetro sobre la superficie de insolvencia que los asfixia. Pero esto último no ha sido posible por muchas razones (o, mejor, sinrazones), entre ellas el obstáculo que implican las altas tasas de impuestos, y las innumerables multas cuyo monto mínimo es de 500 pesos en la mal llamada “moneda nacional” (CUP) aplicadas por un equipo de diligentes inspectores estatales ante cualquier mínima infracción o sospecha de ella, como puede ser, digamos, mantener la carretilla estacionada en un punto por demasiado tiempo (no se define cuánto), por no poder explicar la procedencia del artefacto rodante o simplemente de las ruedas del susodicho artefacto utilizado por el carretillero. Como resultado de estas y otras trabas la “señal” de prosperidad lanzada por el escurridizo presidente solo ha significado menos poder adquisitivo para la población y mayor número de corruptos… Es decir, de “inspectores”.

 

Lo más sarcástico del asunto es que muchos amigos extranjeros que nos visitan perciben la proliferación de vendedores y pequeños comercios como un signo de prosperidad y no como la pantalla que oculta una batalla que se produce tras bambalinas: los proto-empresarios de timbiriches pugnando por sobrevivir y progresar, y las autoridades empeñadas en impedir la prosperidad y el resurgimiento de una verdadera clase media independiente. El gato y el ratón, ahora con licencia para guardar las apariencias de legalidad de unos y de buenas intenciones de los otros. He aquí que el gobierno ha logrado una nueva fuente de ingresos: legitimar el potencial delito y cobrar por las inevitables infracciones. Es retorcido y perverso pero no se puede negar su genialidad.

 

La apertura de tarimas de comercios por cuenta propia también ha devenido otro problema para lo que se suponía iba a ser una solución. La ausencia de mercados mayoristas y la inestabilidad de la oferta de cualquier producto en el mercado minorista han traído como resultado un desbalance alucinante en los precios de algunos de ellos. Por mencionar solo un ejemplo, en las últimas semanas adquirir una frazada de limpiar pisos se ha convertido en una quimera inalcanzable para los bolsillos más modestos: el producto, ya con un precio alterado de 0.90 CUC (equivalentes a 21,6 pesos CUP) desapareció súbitamente de los estantes de las tiendas recaudadoras de divisas (TRD). En estos momentos solo puede adquirirse a 40 pesos CUP entre los vendedores ambulantes con y sin licencia, es decir, al doble de su precio oficial.

 

Pero resulta que también en los lineamientos se anunciaba una cruzada contra la corrupción y las ilegalidades, lo que significa que se pretende acabar con el pueblo de Cuba en su totalidad. Porque, ¿quién en este país no viola constantemente la legalidad, empezando por el propio gobierno? ¿Qué cubano común sobrevive si no es al margen de la ley? Que levante la mano quien no haya comprado alguna vez un producto por el mercado negro -desde comestibles, medicinas, productos de aseo y limpieza, productos de oficina y cualquier etcétera, hasta una vivienda, un automóvil, un boleto de avión…-; que se ponga de pie quien no haya sobornado a un funcionario de cualquier oficina para obtener un beneficio, desde una línea telefónica de ETECSA hasta un puesto de trabajo promisorio, una matrícula universitaria, una prótesis dental, o una intervención quirúrgica; quien no haya alquilado películas en bancos clandestinos o no haya apuntado a la bolita en iguales condiciones de clandestinidad. Y es que en Cuba hasta entrar en una guagua por la puerta trasera constituye un delito. Por eso no es de extrañar que en los últimos tiempos la prensa oficial ha estado divulgando la avalancha de violaciones a la legalidad que se están detectando por la Contraloría de la República, solo que estas purgas, en lugar de marcar el fin de la impunidad, están develando la incontrolable e irreversible corrupción del sistema desde la cima hasta los cimientos.

 

Todavía parece quedar un largo trecho para anular la dualidad monetaria, otra de las promesas del cónclave de comunistas de abril de 2011, y lo mismo ocurre con las muy anunciadas -y esperadas- reformas migratorias, siempre postergadas o en fase de “estudio” (que nuestros dirigentes son algo lentillos para el aprendizaje). Otras muchas promesas dilatadas han estado engrosando el bulto de la falta de credibilidad del gobierno, lo que apunta que no habrá verdaderos cambios mientras vengan propuestos desde el poder. En definitiva, resulta obvio que los dictadores de siempre todo lo que persiguen es ganar tiempo… y se lo estamos otorgando. En realidad, no necesitamos lineamientos, sino derechos; y esos no están incluidos en el deprimido paquete de medidas gubernamentales.