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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Las relaciones de Cuba con América Latina

a partir de su apertura democrática

 

Gabriel C. Salvia, en Primavera Digital

 

Buenos Aires, Argentina.- Con el retorno a la democracia de Chile, en el año 1990, Cuba quedó como la dictadura remanente de América Latina y resulta inconcebible que transcurrido desde entonces más de dos décadas los gobiernos y organismos regionales sigan avalando un régimen de partido único con un sistema jurídico e institucional que reprime de manera muy precisa las libertades democráticas fundamentales. Es decir, no se puede desligar la complicidad regional con la falta de apertura política en Cuba.

 

Es cierto que la aparición del chavismo en Venezuela, con su apoyo político y económico al régimen cubano, es un factor relevante en la supervivencia de la dictadura de los hermanos Castro y en su influencia regional de deterioro a la institucionalidad democrática en América Latina. Pero aun así, países latinoamericanos con distintos gobernantes que se alternan en el poder y con avances en materia económico-social, como Chile, Brasil, Uruguay, Panamá y Perú, no han adoptado un sólido compromiso de apoyo al pueblo cubano y su derecho a la democracia.

 

Es una realidad que para un gobernante democrático la prioridad política son los asuntos domésticos y el cuestionar la situación en Cuba le implica comprarse un problema, pues la ''diplomacia revolucionaria'' reaccionará como ya se sabe. Los casos más conocidos en estos últimos años –ya bastante lejanos- fueron con Fernando de la Rua (Argentina), Jorge Batlle (Uruguay) y Oscar Arias (Costa Rica).

 

En los organismos regionales, un ámbito más favorable para que las democracias más institucionalistas puedan adoptar políticas comunes de denuncia a la violación de los Derechos Humanos en Cuba y de apoyo al movimiento democrático en la Isla, sucede algo peor. En algunos casos, Cuba integra organismos que contienen una cláusula democrática, que naturalmente viola, y en la Organización de Estados Americanos (OEA) logró que se levante su suspensión a cambio de nada. En la mayoría de los organismos regionales e internacionales la dictadura cubana recibe igualdad de trato, legitimación política a su régimen represivo y apoyo a sus ''causas'' –siempre a cambio de nada- como la condena al embargo económico norteamericano (que incluso logra que se lo califique erróneamente como ''bloqueo'', como sucede en las Cumbres Iberoamericanas).

 

Para todos los países que vivieron en dictadura es sabido que la presión internacional ha sido fundamental, ya sea como apoyo moral, político y económico a los activistas de derechos humanos, como en el aislamiento a un régimen represivo que cuanto más solo y criticado se encuentra más se debilita internamente. Sin embargo, a Cuba se la busca ''integrar'', cuando a sus ilegítimas autoridades es sabido que no les interesa ofrecer un mínimo espacio de apertura política.

 

Los militares de la última dictadura argentina reconocen cómo los debilitaban las denuncias internacionales, los reclamos de embajadas y las cartas de protesta que recibían. En Chile, países como por ejemplo Finlandia y Canadá decidieron desalentar las inversiones de sus connacionales por la situación de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Ni hablar de Sudáfrica durante el régimen racista del apartheid, al cual se le aplicaba un embargo económico, financiero, militar, deportivo y cultural. Llama la atención que ningún país que condena el embargo de los Estados Unidos a Cuba -una jugada política de la dictadura de los Castro impulsada tras la caída de la Unión Soviética cuyo apoyo le sirve para legitimar la represión interna- haya revisado los antecedentes del voto al amplio embargo que la ONU le aplicó a Sudáfrica. Incluso nadie se lo preguntó a la propia Cuba, cuando los registros deben estar al alcance de la mano.

 

Luego de 23 años del fin de la dictadura de Pinochet, el régimen de los Castro recién autorizó el ''permiso de salida'' de sus ciudadanos, algo que podían hacer los activistas de derechos humanos durante los años de plomo en las dictaduras militares del Cono Sur. De hecho, la primera derrota internacional de la dictadura militar argentina fueron las denuncias de activistas en el Congreso de los Estados Unidos.

 

En definitiva, la poca solidaridad internacional que vienen recibiendo los demócratas cubanos proviene de Estados Unidos –por motivos obvios- y de la Unión Europea. Por lo tanto, cuando tarde o temprano, en Cuba se produzca una apertura política y sus ciudadanos puedan elegir libremente a sus autoridades democráticas, en el plano internacional deberán definir lo que más le conviene al país en materia económica y el nuevo rol que tendrán en lo político. En lo económico, por su ubicación geográfica y las inversiones que necesitará el país, a Cuba le resultará conveniente asociarse con países desarrollados que además podrán aportar mucho en materia de cooperación para el fortalecimiento institucional. En lo político, sería esperable que –por su trágica historia- la Cuba democrática siga el ejemplo de compromiso internacional con los derechos humanos que adoptaron los checos y los polacos, convirtiéndose así en un activo protagonista que denuncie a los regímenes represivos existentes. Lo que habrá que ver es si los futuros gobiernos democráticos cubanos tendrán interés político y económico de vincularse en sus relaciones internacionales a una América Latina que mayoritariamente ha sido cómplice de los largos años de dictadura que sufrieron.