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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Las elecciones reclaman cambios políticos en Cuba

 

Se impone una Ley Electoral que responda a los intereses de los cubanos y no solamente a la conservación del poder.

 

Dimas Castellanos, El Blog de Dimas

 

Las elecciones de Delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, celebradas el domingo 19 de abril en Cuba, en el marco del restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, pusieron de manifiesto la necesidad impostergable de extender las reformas a la esfera de la política.

 

Por vez primera cerca de un millón de electores, el 11,70% del total registrado, no asistió a las urnas. Si a los ausentes se suman los más de 700.000 que invalidaron sus boletas, la cifra de los inconformes se eleva a 1.700.000, lo que sobrepasa el 20% del total de electores.

 

En el año 2003 la suma de las abstenciones y la boletas invalidadas fue del 6,09%; en el año 2008 aumentó a 7,73%; en 2013 alcanzó el 14,22%, casi el doble de los comicios precedentes y en esta oportunidad superó el 20%. Ese crecimiento sostenido constituye una clara señal de cambio en la conducta de los cubanos que las autoridades no deberían ignorar.

 

Las causas son harto evidentes. Ante el impacto negativo de una crisis estructural generada por un modelo inviable, manifestado en la insuficiencia de los salarios, la corrupción generalizada y el éxodo masivo, los cubanos -conscientes que los Delegados electos carecen del más elemental poder para cambiar esa situación-, a pesar del riesgo que se corre en condiciones de Partido único, monopolio de la información y carencia de las libertades fundamentales, han optado por no asistir a las urnas o en su lugar tachar, anular, garabatear o entregarlas en blanco, incluyendo decenas de miles que depositan su voto en la última hora como forma de castigo. Se sabe, además, que por cada uno que se atreve hay otros que van perdiendo el miedo que aún los paraliza. Por eso, al argumento de que es el pueblo el que postula, hay que añadir que también es el pueblo el que se ausenta o invalida las boletas.

 

Las autoridades, en vez de continuar aferradas al pasado o de cambiar "sin prisa pero sin pausa", deberían hacer una lectura crítica de esas cifras y aceptar la necesidad de extender los cambios a la política, comenzando por una verdadera Ley electoral que permita elegir directamente entre candidatos con diferentes opciones. Se trata de dar cumplimiento al compromiso anunciado aquel 8 de enero de 1959, cuando el líder de la revolución, aseguró que habría elecciones en el "más breve plazo de tiempo posible". Sin embargo esa brevedad demoró nada menos que 17 años, cuando en julio de 1976 se promulgó la primera Ley electoral, después de la revolución, pero cargada de limitaciones hasta su derogación en 1992, año en que se promulgó la Ley 72, que regula los actuales comicios.

 

Según esta Ley el voto directo está limitado a las elecciones de Delegados para las Asambleas Municipales del Poder Popular. De ahí en adelante, las candidaturas para las asambleas provinciales y nacional, y las de Presidente, Vicepresidentes, Secretario y demás miembros del Consejo de Estado, son conformadas por las Comisiones de Candidaturas (artículo 67), las cuales la integran los dirigentes nacionales de las llamadas organizaciones de masas (artículo 68), todos miembros del único Partido permitido por la Constitución.

 

Según la Ley, los delegados electos directamente por el pueblo no pueden exceder el 50% del total de candidatos. La otra mitad es nominada por las Comisiones de Candidaturas, la cual tiene potestad para incluir a personas no electas por el voto directo (artículos 77 y 86), lo que anula la soberanía popular.

 

En su famosa obra El Contrato Social, Juan Jacobo Rousseau expuso la tesis siguiente: "de la unión de las personas para defender y proteger sus bienes emana una voluntad general que convierte a los contratantes en un cuerpo colectivo político. Al ejercicio de esa voluntad general, devenida poder, se le denomina soberanía y al pueblo que la ejerce, soberano".

 

Si las elecciones son una manifestación de la soberanía popular, entonces el sistema electoral cubano es una negación de la misma, como se ha manifestado en las elecciones recién concluidas. Se impone, por tanto, una nueva Ley que responda a los intereses de los cubanos y no solamente a la conservación del poder.

 

El pasado mes de febrero, durante la celebración del X Pleno del Comité Central del Partido Comunista, se anunció una nueva Ley Electoral que regirá las elecciones generales del 2018. Se puede inferir que la misma limitará el tiempo para desempeñar los principales cargos del Estado y establecerá el máximo de edad para ocupar dichas responsabilidades. Pero esos cambios son insuficientes. La nueva Ley debe nacer de una consulta popular para que la misma nazca de un consenso y dejé atrás la imposición de leyes sin tener en cuenta los intereses del pueblo.

 

El 1.700.000 que rechazaron el sistema electoral tiene derecho a elegir otras opciones. Hace algunos años un opositor -en dos oportunidades consecutivas- se postuló en el municipio Plaza y sólo logró el voto suyo y el de su esposa. Sin embargo, en estas elecciones el informático Yuniel López, de Arroyo Naranjo, y el abogado y periodista independiente Hildebrando Chaviano, de Plaza, se presentaron a los comicios como opositores. Ambos fueron elegidos en asambleas para ser candidatos. El primero obtuvo 233 sufragios y el segundo 189. Es decir, a los que se abstienen e invalidan las boletas se unen ahora los que abiertamente votan por opositores, a pesar de las campañas difamatorias en su contra.

 

Como la nación es una comunidad de personas diversas pero iguales en dignidad que busca un bien común, hay que reconocer que el multipartidismo es una expresión de esa diversidad. De ahí la necesaria restitución de las libertades políticas para que los cubanos comiencen a desempeñar el papel activo que les corresponde en los destinos de Cuba.