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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Lada? ¿Moskóvich? Su pieza en Hialeah

 

Un empresario ruso-cubano descubre a la vez un nicho de mercado y una forma de brindar servicio a los cubanoamericanos y sus familiares en la isla.

 

Rolando Cartaya, martinoticias.com

 

Dicen que los periodistas olemos la noticia, y el colega Oscar Suárez, del blog Universo Increíble, supo que tenía una en cuanto vio la pintoresca furgoneta con la leyenda en espanglish: “Auto Parts. Partes para Lada y Moskóvich”. No “Maskuích” como se pronunciaría en ruso, sino “Moskóvich”, como se les dice en Cuba a esos feos pero resistentes autos de la era soviética.

 

Junto con los “almendrones” americanos de los años 40 y 50, y los Lada, versión soviética de los FIAT italianos, el Moskóvich forma parte de las categorías de autos -todos con décadas de explotación- que pueden adquirir los cubanos que no obtienen sus “ingresos en moneda libremente convertible o en pesos convertibles, como resultado de su trabajo, en funciones asignadas por el Estado o en interés de éste".

 

Así dividió literalmente a los cubanos la ley de compraventa de automotores aprobada en la isla en 2011. Pero al menos representó una vuelta de tuerca menos, y creó un mercado inmediato, tanto de los autos incluidos en la compraventa, como de sus piezas y accesorios.

 

¿Quién mejor para operar en él que alguien que se mueve como pez en el agua en el ambiente ruso y también en el cubano?

 

Fabián Zajarov, nacido en Rusia, pero cubano desde que abre la boca, vio en estas nuevas oportunidades un nicho lucrativo de mercado y una forma de ayudar, a través de sus familiares en la Florida, a los cubanos de la isla que recién empiezan a salir de su larga noche peatonal.

 

Promover un negocio es siempre difícil, pero para establecer una presencia en un mercado deprimido por la crisis mundial, es indispensable contar con una propuesta exclusiva de negocios, algo que nadie más pueda ofertar, o que no pueda hacerlo con las mismas ventajas para los potenciales clientes. Quien ofrezca algo así -se enseña en las cátedras de administración empresarial- no sólo podrá crear una nutrida clientela sino que fomentará su lealtad.

 

Como lo demuestran los numerosos clientes que acuden a diario, desde que se corrió la voz, a la tienda de Zájarov en el 552 de Hialeah Drive, una de las arterias comerciales de la municipalidad del sur de la Florida que más recuerda a Cuba, sobre todo por su gente.

 

El emprendedor le contó a Suárez que la idea del negocio surgió de una necesidad de mantenimiento generada en la isla: alguien necesitaba un accesorio para un Lada y acabó llamando a Miami para que se lo consiguieran.

 

Él calcula que en Cuba deben estar rodando todavía de 30.000 a 40.000 de estos autos rusos y soviéticos, los que con más de 30 años sobre el pavimento -y sus baches- siempre necesitan algo.

 

En que las piezas adquiridas puedan llegar o no a su destino han influido indirectamente los gobiernos de Estados Unidos y Cuba: el primero, al otorgar la primera licencia en décadas para una línea naviera de envíos humanitarios a la isla desde Miami, a la compañía International Port Corp. (IPC); el segundo, al encarecer los envíos con la aplicación de aranceles aduaneros en divisas a este comercio informal.

 

Zajarov importa las piezas directamente de Rusia, y su tienda está bastante bien surtida: desde los cilindros, los aros y las juntas para reconstruir el motor de un Moskóvich, hasta piezas y partes de carrocería de diferentes modelos de esa marca y de Lada.

 

Suárez destaca en Universo Increíble que el surtido de repuestos es mucho mayor para los Lada, pero en los últimos meses se han incrementado los inventarios de piezas para Moskóvich, incluido el modelo Aleko. Las partes para Lada incluyen los modelos 1600, 2105 y 2107.

 

Claro que ningún hombre de negocios invierte en una empresa sin esperar obtener ganancias, pero este empresario ruso-cubano es consciente de algo que también se enseña en las clases de ética empresarial: el cliente y la plena satisfacción de sus necesidades deben ser lo primero.

 

Cuando Suárez le preguntó si tenía algo más que decir, Fabián Zajarov le dijo que se sentía muy complacido con el servicio que está brindando a la comunidad cubana en Miami.