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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La vitrina rota

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Al que le quede alguna remota esperanza sobre las lindezas del sistema de salud en Cuba, solo tiene que enfermarse y acudir al médico. No es nada difícil, teniendo en cuenta la cantidad de enfermedades raras que tenemos circulando ahora mismo entre nosotros, justo a nuestro alcance. Y también esas otras, ya endémicas, como el dengue que llegó para quedarse y prosperar en nuestro medio, reforzado año tras año con la entrada de los misioneros que regresan cargados de nuevas patologías para repartir y de los estudiantes beneficiados por los programas del ALBA que, aunque ya en franca merma, siguen trayéndonos nuevas cepas de enfermedades que se están tornando endémicas en la Isla.

 

En los últimos días yo fui una de las “agraciadas” que recibió ese beneficio colateral de la solidaridad castrista. Adquirí -no sé cómo ni dónde- una extraña virosis que me provocó tres días de fiebre alta y un total de 10 días de náuseas y vómitos. Mi estómago apenas toleraba un poco de agua y algo de jugos fríos y hace apenas tres o cuatro días he recomenzado a comer normalmente. Claro, mi natural saludable, mi corpulencia y mi buena alimentación me permitieron soportar a pie firme el embate y sobrevivir con bastante fuerza a la experiencia: apenas bajé algunas libras de peso. Otros no han tenido esa suerte. He indagado entre amigos y conocidos y supe que hay decenas de personas ingresadas por deshidratación, recibiendo sueros. Nadie ha obtenido un diagnóstico certero para esta enfermedad y cualquiera está expuesto a contraerla, puesto que no se sabe a ciencia cierta cómo se transmite. En los consultorios, los médicos te miran casi con conmiseración, y pronuncian la misma frase críptica de siempre: “es una virosis”.

 

Supongo que estudiar medicina en Cuba, y ejercerla, se ha convertido en algo así como un juego cabalístico, pero sumamente sencillo a la vez: todo lo que no es dengue, es “virosis”. Y todo, incluido el dengue, lleva el mismo tratamiento: abundantes líquidos y reposo. Así estamos.

 

En todo caso, una fugaz visita al Cuerpo de Guardia del hospital docente Calixto García me acabó de convencer de que la flamante vitrina de la salud pública, uno de los bastiones de la propaganda del régimen, está definitivamente rota. El edificio, recién reparado, tenía el mismo aspecto caótico que todo en el país: enfermos tirados en camillas en medio del salón de espera y a la vista de todos, consultorios vacíos, médicos con expresión de asombro y medio desorientados hablando entre sí como si el paciente fuera apenas un medio básico y diagnósticos desafortunados, como el que recibí yo, cuando el mediquito que apenas me miró aventuró un diagnóstico sin análisis de laboratorio ni examen complementario alguno: infección renal. No tengo que aclarar que no seguí sus indicaciones de antibióticos y terminé por donde debía haber comenzado, acudiendo a una amiga médico para que me acompañara, como gentilmente hizo, a realizarme análisis de sangre para descartar dengue o infecciones, y concluir con la misma enigmática palabreja: “virosis”.

 

“Quédate en tu casa, no vayas a hospitales salvo que sea imprescindible. Gracias a Dios eres fuerte y ya estás mejor. Nadie sabe cuántas y cuáles enfermedades tenemos ahora mismo y hace siete meses hay una epidemia de dengue que nunca se ha declarado ni se va a declarar. Ya el sistema de salud colapsó, la ética médica está en proceso de extinción y solo queda esperar que todo esto pase. Quédate en casa, amiga, y que Dios nos proteja a ver en qué termina la cosa, que lo que hay es que sobrevivirlo”.

 

Mi amiga es una doctora muy sabia.