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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La televisión digital llega a Cuba 55 años después que el color

 

Elías Amor Bravo, en Misceláneas de Cuba

 

Nunca es tarde si la dicha es buena. Algo así se podría afirmar en relación con la noticia publicada hoy en el diario oficial del régimen castrista, Granma, que dice que “Cuba se prepara para la introducción progresiva de la televisión digital”. El comienzo de pruebas de emisión de la televisión digital en determinadas zonas de la capital cubana me recuerda otros acontecimientos de la historia reciente de Cuba. El tema debe ser relevante, como lo de las placas de matrícula de los automóviles. Dicen que lo van a llevar a la “mesa redonda”.

 

Y como en ese espacio de la televisión castrista no lo dirán, me voy a permitir hacer algunas reflexiones.

 

Para aquellos que no lo sepan, el 24 de octubre de 1950 bajo el mandado del presidente Prío Socarrás, nació el primer canal de televisión de Cuba, el canal 4 bajo la iniciativa de Gaspar Pumarejo, un gran empresario mediático de los que actualmente no suelen existir. En aquel momento, Cuba se convertía en el segundo país del mundo en inaugurar la televisión. También es bueno recordar que hace poco más de medio siglo, la televisión en color había llegado a las pantallas cubanas, y una vez más, era el segundo país del mundo en hacerlo. Ya en aquel momento, existían cuatro cadenas de televisión que cubrían la mayor parte del territorio nacional con sus 25 transmisores.

 

Las emisiones de la televisión en color en Cuba llegaban en un contexto de libertad de prensa, a pesar de la acción de Batista, en el que las empresas privadas de radiodifusión, prensa y televisión iban alcanzando unas dimensiones cuantitativas y cualitativas que hacían presagiar un salto espectacular hacia el futuro. Era la vanguardia tecnológica de mediados de los años 50, y Cuba, como en otros muchos espacios, se encontraba en posiciones de liderazgo tecnológico internacional.

 

Después, la historia es bien conocida. En 1960, los llamados “revolucionarios” iniciaron la confiscación de aquel imperio mediático, poniendo fin a la pluralidad y libertad informativa, y arrojando a las sombras de la mediocridad los éxitos de la década anterior. Ahora, de forma limitada y con muy poca ambición, Granma acoge como si fuera algo relevante que “se implementará a partir del mes de junio una zona de demostración del servicio de televisión digital terrestre en La Habana”. Un sistema de emisión que se encuentra prácticamente generalizado a nivel internacional, en respuesta a las demandas de los consumidores que quieren en sus hogares disfrutar del espectáculo de la televisión en las mejores condiciones de calidad.

 

Pero, ¿qué importa esa demanda social en el régimen castrista? ¿Qué importancia pueden otorgar los responsables de la planificación central de una economía que puedan emitirse señales de televisión digital? En ausencia de libertad de prensa y de libre expresión, y con el monopolio informativo en manos del estado, que decide a través del partido único qué es lo que pueden y deben ver o conocer informativamente hablando, los cubanos, no existe incentivo alguno para modernizar y avanzar tecnológicamente las emisiones televisivas.

 

Además, como no podría ser de otro modo, la TDT castrista va a utilizar la norma china, denominada Transmisión Digital Terrestre Multimedia o DTMB, por sus siglas en inglés. Los equipos, que se van a vender a 7,35 pesos cubanos, han sido al parecer donados por los chinos, tal vez interesados en ver como su tecnología se puede abrir camino en América Latina.

 

Los expertos en tecnología digital televisiva han llegado a acuerdos sobre los estándares. Al bloqueo previsiblemente echarán la culpa. No me extraña. Casi siempre, los niveles de atraso y postración de la economía castrista cuyo origen obedece al pésimo diseño de una economía sin derechos de propiedad ni mercado como instrumento de asignación de recursos, se atribuyen a la acción del embargo o del bloqueo, que ya cansa.

 

Como ejemplo de que las autoridades castristas no están del todo convencidas de lo que suponen estas mejoras en la calidad de vida de los cubanos, se anuncia en Granma que las actuales transmisiones de señales de televisión analógica, se van a mantener. Ya veremos en qué acaba todo.

 

Tengo la impresión de que este tipo de iniciativas sirven para superar la monotonía asfixiante que caracteriza una economía que solo busca ganar tiempo para sobrevivir. Los responsables del proyecto tendrán tiempo de entretenerse en la miríada de medidas técnicas, económicas y organizativas que se anuncian para poner en marcha la televisión digital, y en su momento, decidir si se extiende al resto del país. Ya veremos qué dicen en la mesa redonda.