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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La TV cubana: ¿Noticiero o noticero?

 

Más que una herramienta noticiosa, de entretenimiento o cultural, la televisión cubana es una lavadora de cerebros, un instrumento de propaganda ideológica y está celosamente controlada y vigilada por el Partido

 

Gladys Linares, en Cubanet

 

LA HABANA, Cuba.- Hace unos días me llamó una amiga, María Luisa Ruiz, y su saludo fue: “Me robaron el televisor y el DVD. Llamé a la Policía y los estoy esperando hace más de 3 horas”.

 

Cuando al fin llegó la patrulla, le dieron un número de teléfono para que llamara a la técnica (los peritos que se ocupan de esos casos). Horas más tarde me volvió a llamar. Estaba molesta. ¿Qué demonios pasaba con aquel teléfono? No había podido comunicar porque siempre le salía una contestadora.

 

Me contó luego que a las 3 de la madrugada la despertaron los ladridos de la perra. Eran los de la técnica, que el policía de la patrulla les había avisado. Todo lo que hicieron los investigadores fue mirar y preguntar. No tomaron huellas, a pesar de que ella les aclaró que no había tocado nada. Llenando papeles y haciéndole preguntas estuvieron hasta las 5 de la mañana, y volvieron al otro día para continuar el papeleo.

 

Han pasado varios días y todo sigue igual. María Luisa esperaba verlos actuar como en los policíacos cubanos. ¿Acaso mi amiga desconoce que nuestros medios de difusión están lejos de reflejar la realidad del país?

 

¿Noticiero o noticero?

 

Con mentiras nos bombardea el Noticiero Nacional de la Televisión (NTV) cuando habla de las grandes producciones de alimentos, que solo aparecen en él o se reflejan en la prensa plana, o de la esmerada atención médica que recibe la población, así como de los beneficios que reciben los ancianos en nuestro país, por solo citar algunos ejemplos.

 

Las telenovelas de Corea del Sur han sustituido a las brasileñas en las preferencias de los cubanos

 

Hoy en día tenemos cuatro canales nacionales, y uno en cada provincia. Todos responden a la política del gobierno. Es por eso que hoy el “paquete semanal” (como se le llama popularmente a un conjunto de telenovelas, series, revistas, documentales y toda clase de información variada que se obtiene de internet y de forma semiclandestina se distribuye luego entre la población a precios que oscilan entre 1 y 3 CUC) es la mejor opción para aquellos que quieren disfrutar de un rato entretenido y estar un poco mejor informados.

 

Y es que los medios de difusión en Cuba son propiedad del gobierno, que los utiliza para su propaganda eufórica en medio de un sistema que se ahoga en la ineficiencia. Aun cuando el espacio Cuba Dice, que se transmite los martes dentro del NTV, suscita diversos comentarios, he escuchado a más de una persona coincidir en que los periodistas no enfocan las entrevistas hacia la verdadera causa de las dificultades, que según muchos radica en que el gobierno quiere controlarlo todo y no controla nada.

 

La papa real y la televisiva

 

No hace mucho una muchacha comentaba en el agromercado de Dolores y 15, en Lawton, Diez de Octubre: “Vi por la televisión la cosecha de la papa. Dijeron que este año la producción era buena, y que las cantidades destinadas a la población serían mayores, pero se han esfumado”.

 

Justo es señalar que en los últimos tiempos los spots publicitarios han mejorado en calidad, y algunos son aprovechados para tratar aspectos que afectan a nuestra sociedad, como la discriminación de género, la desatención y el maltrato a los ancianos, las pérdida de las normas de cortesía, etc.

 

Incluso, para el espectador perspicaz, muchos sirven como alerta ante peligros que el gobierno no reconoce públicamente, como el contagio de ciertas enfermedades (por ejemplo, la tuberculosis, el VIH, la leptospirosis, etc.). Así, aunque no se nos provea de la debida información ni se nos tenga al tanto de las estadísticas, sabemos que existe o que aumenta la incidencia de determinada epidemia según la frecuencia con que veamos repetir el spot correspondiente.

 

No obstante, los espacios noticiosos son empleados en gran medida para la propaganda gubernamental y el adoctrinamiento: participar en la farsa electoral, franquear el acceso total a nuestras casas a los activistas de la campaña antivectorial, y así por el estilo. Diríamos, que en vez de noticieros, son noticeros.

 

A todo esto se le suma el poco espacio que se destina en la televisión nacional a los programas culturales. La Neurona Intranquila, por ejemplo, es uno de los pocos que se pueden considerar afortunados al haber pasado del provincial Canal Habana a la televisión nacional (Cubavisión), y además en un horario nada despreciable (los viernes, entre el NTV y la telenovela brasileña).

 

Escriba y lea, un fósil necesario

 

Algo muy diferente ocurrió con el prestigioso Escriba y Lea, que durante años sufrió la mutilación de 15 minutos dedicados al arte, y que en la actualidad ya no se transmite por Cubavisión, sino por uno de los canales educativos.

 

Otro gran ausente es el espacio Aventuras (de producción nacional), tan añorado por chicos -y no tan chicos- y que lleva bastante tiempo desaparecido. En su lugar se transmiten series extranjeras que, si bien son entretenidas, representan un peligro gravísimo, sobre todo -pero no solamente- para las jóvenes generaciones: todas están mal traducidas (al punto de que lo que se lee en los subtítulos difícilmente puede llamarse español), y lo que es peor, ¡plagadas de faltas de ortografía! ¿Se realizan estas traducciones en el Instituto Cubano de Radio y Televisión?

 

Ya es suficiente con que los adultos del futuro estén expuestos a la insegura ortografía de tantos maestros.

 

En medio de una polémica sobre su legitimidad cultural, la producción  de telenovelas cubanas fue retomada a mediados de los 1970, pero nunca ha llegado al nivel que tenía en los años 1950, por razones ideológicas y económicas.