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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La respuesta cubana a la negociación con Estados Unidos

 

Carlos Malamud, en Infolatam

 

El mes próximo se cumplirá un año del histórico anuncio de Barack Obama y Raúl Castro del inicio de negociaciones para normalizar las relaciones bilaterales, un proceso que contemplaba incluso la apertura de embajadas. Desde entonces se han dado pasos significativos y si bien Obama no ha podido levantar el embargo ante las dificultades existentes con el Congreso, se han relajado diversas restricciones, como las que afectaban a los viajes aéreos en ambas direcciones o a las remesas de los cubanos en el exilio. También se ha eliminado a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo.

 

Como se ha dicho repetidamente, el proceso comenzó tras la constatación por la Administración norteamericana del fracaso de su política cubana de mano dura. Pese al embargo, a la ley Helms-Burton y a otras medidas similares, Washington fue incapaz de doblegar a Fidel Castro. Ninguna de sus iniciativas puesta en marcha desde la Revolución, incluida la frustrada invasión de Bahía de Cochinos, sirvió para mejorar el estado de las libertades individuales, el respeto a los derechos humanos o el inicio de una transición hacia la democracia en Cuba. Tampoco la caída del Muro de Berlín tuvo en el Caribe los devastadores efectos que provocó en Europa Oriental u otras regiones del mundo con gobiernos comunistas.

 

Pese al entusiasmo que el anuncio de negociaciones provocó en el gobierno y en la sociedad cubana, La Habana se cree legitimada a seguir una estrategia carente de iniciativas con que responder a las ofertas de Washington. Esto se ve en todo lo relacionado con el embargo o el bloqueo. La lectura cubana, seguida por quienes apoyan sus posiciones, es que ante el reconocimiento del fracaso de Estados Unidos a ellos sólo les queda esperar a que sean los otros quienes muevan ficha.

 

Es verdad, como recordó la semana pasada en Naciones Unidas el ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, que el embargo fue un acto unilateral de Estados Unidos y que le corresponde a su Congreso, también unilateralmente, levantarlo. Pero no aparece prácticamente por ningún lado la pregunta de qué puede hacer el gobierno cubano para acelerar la negociación. Probablemente la idea subyacente a la negativa a plantearse esa pregunta sea que sería una claudicación, algo totalmente ajeno al lenguaje revolucionario. Sin embargo, Cuba podría hacer mucho más en ese sentido y también para dotar al proceso del carácter irreversible que esperan en La Habana.

 

Tras el reconocimiento de Obama del fracaso de la política hacia Cuba después de medio siglo, lo lógico sería preguntarse por los resultados de la política castrista hacia Estados Unidos durante el mismo período. Si bien desde la retórica revolucionaria se puede mantener el argumento de la resistencia numantina de una pequeña isla del Caribe a escasos kilómetros de Estados Unidos, habría que preguntarse por los efectos de esa misma política sobre el pueblo cubano y su bienestar.

 

El hilo argumental ha radicado en poner toda la responsabilidad en el imperialismo. Hoy la dinámica negociadora parece ser la misma. Los cubanos pretenden no tener ninguna responsabilidad en lo que ocurre, al haber un único responsable. Ellos son inocentes y deben mantener las posiciones de siempre, como se vio la semana pasada en la Asamblea General de Naciones Unidas cuando se volvió a cumplir el rito anual de la “resolución cubana”.

 

Con regular puntualidad desde 1992, cada año se repite la resolución de Cuba para “levantar el cerco económico, comercial y financiero impuesto por Washington”. Y anualmente el resultado de la votación se vive como una gran victoria contra el imperialismo. En esta ocasión, con 191 votos favorables de 193 posibles (sólo se opusieron Estados Unidos e Israel), el triunfo fue total, a tal punto que el embajador venezolano, Rafael Ramírez, calificó el resultado como una “victoria extraordinaria del pueblo cubano”. En el ánimo de la delegación cubana estaba la posibilidad de que sus “enemigos” se abstuvieran en esta ocasión para ser consecuentes con sus puntos de vista. Finalmente esto no ocurrió y el representante estadounidense terminó votando en contra.

 

Si bien la declaración recoge los avances de los últimos meses, Bruno Rodríguez fue tajante: “No debemos confundir la realidad con los deseos ni las expresiones de buena voluntad. Y los hechos demuestran, con toda claridad, que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba está en plena y completa aplicación”. Según el ministro: “Obama reconoció que el bloqueo económico ha fracasado, que es obsoleto”, que provoca daños al pueblo cubano y aisla “al gobierno norteamericano”. Sin embargo, pese a sus afirmaciones de que “el bloqueo debe ser levantado” y a su compromiso de “utilizar sus prerrogativas ejecutivas” para hacerlo, hasta ahora no ha habido resultados concretos.

 

La respuesta de Estados Unidos no fue menos contundente. Su embajador, Ronald Godard, lamentó “que el Gobierno de Cuba haya elegido seguir adelante con su resolución anual. El texto no representa los pasos significativos dados y el espíritu de compromiso que el presidente… Obama, ha defendido”. Finalmente remató: “Si Cuba cree que este ejercicio va a ayudar a que las cosas avancen en la dirección que los dos Gobiernos han indicado que esperan, está equivocada”.

 

Todas las partes saben que las negociaciones no serán sencillas y que el restablecimiento pleno de la relación será un proceso de años. Se trata de una cuestión que a nadie se le escapa. Por obligación los cubanos conocen perfectamente cómo funciona el sistema político de Estados Unidos. Por eso deberían mostrarse más flexibles frente a la actitud de Obama, abandonando aquellas posturas meramente declarativas que poco rédito le pueden procurar, como el ritual anual de la declaración anti bloqueo en Naciones Unidas.