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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La relación Iglesia-Estado en Cuba ha dado

un “salto cualitativo”: revista Espacio Laical

 

Algunos sectores del PC aún “torpedean” el diálogo, señalan los editores Veiga y González

 

Gerardo Arreola, La Jornada

 

La Habana, 12 de marzo. El diálogo entre la Iglesia católica y el Estado en Cuba tuvo un “salto cualitativo” bajo el gobierno del presidente Raúl Castro, pero dentro del poder aún hay autoridades que “torpedean” esa relación, opinan los editores de la revista Espacio Laical, eje de un intenso debate político y social en los últimos años.

 

“Uno encuentra personas que facilitan la expresión de la Iglesia como interlocutora de la sociedad cubana”, pero “hay sectores del Partido Comunista que siguen manifestándose a la vieja usanza”, dice Lenier González. “Si pueden cerrar una puerta, la cierran. Si pueden torpedear, torpedean. No ha sido una relación llana, sigue siendo zigzagueante”.

 

Roberto Veiga apunta que en esa resistencia, “en todos los niveles” de autoridad, hay una mezcla de inercia y dogmatismo, pero “predominan algunos aspectos, como la falta de apertura ideológica y los prejuicios que subsisten respecto a defectos y debilidades que pudo haber tenido la Iglesia en Cuba en otros momentos”.

 

Veiga es el editor y González el vice-editor de Espacio Laical (www.espaciolaical.org), que surgió en 2005 como órgano trimestral del Consejo de Laicos del Arzobispado de La Habana. Tras un periodo de tanteo y luego que Raúl asumió el gobierno y convocó a una discusión nacional, la revista tomó su perfil definitivo.

 

Sería un foro de expresión para “todo el espectro político cubano” dentro y fuera del país, precisa Veiga, con la condición de opinar con fundamento y con un lenguaje de diálogo, “para tender puentes y no crear trincheras de combate”. La clave, agrega el editor, es que cuando se cuestione a otro, el interpelado siempre pueda “responder de forma positiva”.

 

Veiga reconoce un obstáculo en esa fórmula: admitir sólo textos dialogantes “limita en algunas ocasiones la pluralidad”. Tienen que rechazar artículos “poco fundamentados y de confrontación, que pretenden el aniquilamiento del otro”.

 

De cualquier forma, con el respaldo del cardenal Jaime Ortega, Espacio Laical se ha convertido en una referencia obligada en el debate cubano y pronto será uno de los proyectos del Centro Cultural Félix Varela, una especie de think tank católico.

 

En entrevista con La Jornada, los editores recuerdan que el diálogo Iglesia-Estado avanza en Cuba desde el gobierno de Fidel Castro, pero ha sido Raúl quien “ha sabido sacar beneficios para el país”, al recorrer el camino “con mucho más audacia”.

 

Veiga y González convienen en que ahora se discute en Cuba mucho más sobre temas de interés público que hace cinco o diez años. Sin embargo, son diálogos que no tienen vías institucionales o que, si las tienen, se quedan en algunas élites.

 

“Falta un diálogo nacional”, dice Veiga y González anota el riesgo de que haya agotamiento social: “Nos reunimos, dialogamos, llegamos a un consenso, pero no podemos acceder a un espacio asociativo que nos permita interactuar con los poderes públicos, para llevar una idea a la práctica y entonces la gente está cansada”.

 

“El gran pecado original de la historia nacional”, sostiene Veiga, “es que siempre se ha impuesto un proyecto en detrimento de los otros. No sólo en detrimento: excluyendo a los otros. Hay varios proyectos de nación desde el siglo XIX, que no han podido convivir, que no han podido articularse. El gran desafío al momento presente, para no transitar de una crisis a la otra, es encontrar un marco mínimo, un nuevo pacto social que no pretende hacer un proyecto único de nación, sino un mínimo que permita la convivencia de todos los proyectos y esto lleva a una apertura enorme a los espacios de diálogo”.

 

Cree que para un pacto semejante hay disposición en sectores de la sociedad y del gobierno, pero no “en los actores que tienen los instrumentos de poder”. Además, la “inmensa mayoría de la oligarquía política de la diáspora no soporta la idea de que los cubanos podamos encontrar un arreglo y resolver la situación del país. Tienen el anhelo de que el país tiene que colapsar y ellos venir como salvadores. Y trabajan para que colapse”.

 

“Hay opositores que son personas muy decentes, inteligentes, pero los sectores más significativos de la oposición han apostado al aniquilamiento, a la desestabilización, al caos, muchas veces con criterios primarios, sin proyecto, con prácticas políticas poco legitimas, que no desean el diálogo, sino el derrocamiento del otro y más nada”.

 

Tras su conferencia nacional, en enero, el Partido Comunista “no dejó de ser una burocracia colocada por encima del Estado y de la sociedad. No piensa en dialogar con las partes sociales. Sigue teniendo el criterio de vanguardia, que es discriminatorio”. En resumen, “el escenario de diálogo está lesionado”.

 

No obstante, ambos editores creen que la reforma económica es positiva y tiene que cumplirse, a pesar de que consideran lenta su aplicación. Veiga agrega la necesidad de liberar el ejercicio autónomo de las profesiones y González reclama “un marco de libertad que permita al capital profesionalmente formado en Cuba insertarse en cadenas productivas globales (…) hace falta tener internet y ponerlo al servicio de la economía cubana. La profundización de la reforma pasa por una cuota mayor de libertad”.

 

“Una reforma política”, tercia Veiga, “para que pueda expresarse toda la pluralidad de criterios que hay en la nación”. No descarta un sistema de partidos, pero cree que aún puede funcionar el de un partido único “diferente, donde haya un centro que no sea más que el consenso sobre fines, metodologías y principios y todo un movimiento de diversidades con igualdad de posibilidades para influir sobre el poder. Un partido que se parezca más al de José Martí”. Además, “hay que reformar al Estado para que sea más democrático, más participativo”, con “más equilibrio entre las ramas del poder”.