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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La quiebra final de una fría máquina de matar, el ChE

 

Félix Rodríguez Mendigutía asegura que el Che Guevara "... se puso blanco. Blanco, blanco como un papel. Yo nunca he visto a una persona perder la expresión de la cara como la perdió él", indicó.

 

Alberto Méndez Castelló, en Martínoticias

 

“El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”, en estos términos se expresó el Che Guevara en un mensaje enviado a comunistas de África, Asia y América, dígame… ¿Qué vio en los ojos del Che Guevara antes de morir?

 

“Amargura. Derrota. Era un hombre que se sentía amargado y obviamente traicionado”.

 

A mi lado tengo a Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, el agente de la CIA que condujo la captura del Che Guevara, el último cubano que lo vio vivo.

 

Félix me cuenta que ahora comparte una efusiva amistad con Dariel Alarcón Ramírez, Benigno en la guerrilla del Che en Bolivia, uno de los tres cubanos sobrevivientes de aquella aventura, de quienes al recibirlos en Cuba, el mismo Fidel Castro dijo: “están vivos porque fueron valientes y agresivos”, según narra el libro Pombo, un hombre de la guerrilla del Che.

 

Al decir de Fidel Castro y por analogía comparada, si Benigno (Dariel Alarcón), Pombo (Harry Villegas) y Urbano (Leonardo Tamayo), los únicos cubanos sobrevivientes de la guerrilla boliviana del Che Guevara están vivos, es, por valientes y agresivos, luego, quiere esto decir por efecto contrario que quienes no sobrevivieron murieron por cobardes y pasivos… o, es que acaso alguna circunstancia especial condujo a los guerrilleros cubanos a inmolarse…

 

Actualmente exiliado en París, el gran interés de Benigno desde su primer encuentro con el ex agente de la CIA Félix, fue conocer como habían hecho prisionero al Che, “porque la indicación que nos había dado era que la última bala era para nosotros, porque no podíamos caer prisioneros”.

 

Igual curiosidad a la de Benigno me hizo llegar a la casa de Félix mediada la tarde del pasado 8 de julio, a donde, extraviados en Miami, el Luife y yo llegamos guiados por un cartero.

 

“No disparen. Soy el Che Guevara. Yo valgo más vivo que muerto”, dijo el comandante guerrillero al ser capturado, según narró a Félix el soldadito boliviano que lo hizo prisionero.

 

Félix reseña aquel minuto de la Historia con un argumento humano: “Imagínate, fue un momento muy duro para él”.

 

Pero la rendición del Che Guevara, simple mortal de carne y hueso, es incongruente con el concepto del ser ciclópeo que en Cuba nos martillan a cada minuto: “solamente pudieron capturarlo cuando el fusil fue inutilizado por un disparo y su pistola quedó sin magazine”, haciendo que cada día, los niños griten en las escuelas cubanas: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.  

 

Alberto Méndez Castelló: Luego, esa historia de que al Che Guevara lo capturan vivo debido a que su fusil fue inutilizado y la pistola se encontraba sin magazine…

 

Félix Ismael Rodríguez Mendigutía: La pistola la tenía llena de balas. Era una Browning que no le faltaba un tiro. El fusil sí tenía un balazo y estaba inoperable. El Che les decía a sus hombres que no podían dejarse capturar vivos, que la última bala era para ellos. Y mira que cosa, ningún cubano cayó preso, los mataron, solamente tres escaparon; el único que se rindió fue el Che, que era quien les decía a ellos que no podían cogerlos  vivos.

 

AMC: A las doce del día del 9 de octubre de 1967, hora de Bolivia, y puesto que la CIA lo quería vivo, pero sus gestiones fueron infructuosas, usted va donde el Che y le dice: “Comandante, lo siento, yo he tratado, pero son órdenes superiores”. Dígame, el Che Guevara, tan acostumbrado a la muerte ajena, ¿cómo reaccionó ante la noticia de su propia muerte?

 

FIRM: Se puso blanco. Blanco, blanco como un papel. Yo nunca he visto a una persona perder la expresión de la cara como la perdió él. Entonces se compuso y me dijo: “Es mejor así. Yo nunca debí ser capturado vivo”.     

 

Al preguntar a Félix, ¿usted cree que el Che Guevara se sintió traicionado por Fidel Castro?, respondió: “Oh, sí. Y Benigno también lo cree, obviamente a mí no me lo iba a reconocer porque yo era su enemigo”.

 

El ex agente de la CIA define el estado de incomunicación y la falta de apoyo externo que sufrieron los guerrilleros de forma lapidaria: “Cuando ellos vienen a Bolivia el gobierno cubano los estaba enviando a la muerte. Al Che Guevara lo dejaron en Bolivia a la buena de Dios”. 

 

Converso con Félix en una habitación donde pueden verse armas de fuego de diferentes modelos y épocas, cuchillos, espadas, emblemas, un casco de vuelo, fotografías, documentos, tallas indígenas, libros y toda suerte de objetos que, indudablemente, cuentan la historia de quien atesora esos recuerdos.

 

Al llegar, el Luife y yo tratamos de justificarnos achacando el extravío en Miami a nuestro origen: “somos guajiros, él de San Germán y yo de Puerto Padre”, digo, y nos contesta Félix, “yo también soy guajiro, de Sancti Spiritus”.

 

Poco después, esa convergencia de  nuestros ancestros, llevada por el estado de necesidad de los cubanos, ese de conocer qué se esconde tras la máscara del mito, de los mitos, diría yo, de esos que se valieron y se valen para hacer de Cuba y de los cubanos, salvo honrosas excepciones, mero hato ovejuno, me hizo preguntar: Félix, usted fue el último cubano que lo vio vivo… ¿Qué semblante tenía el Che Guevara al final de su camino?

 

“Mira, antes de llegar ahí yo tenía otras ideas. Yo estaba consciente de los asesinatos del Che Guevara en La Cabaña, había momentos en que él me estaba hablando y yo no lo estaba atendiendo, lo miraba y la imagen era la de aquel hombre arrogante, con aquellos abrigos en Moscú, con Breznev, Kruchev o Mao; y al ver al hombre aquel, que parecía un pordiosero, sucio, no tenía ni siquiera botas, unos pedazos de cuero era lo que tenía amarrados a los pies, un desastre, y realmente como ser humano sentí pena por él”, diría Félix de aquel día en La Higuera.

 

En honor a la verdad, sentí pena por la muerte del Che cuando siendo un niño de diez años, en Cuba conocimos de ella y alguien comentó a mi lado: “antes debían de haberlo matado”; en ese momento no comprendí por qué ese rencor acumulado. Hoy lo comprendo, y si bien no guardo resentimientos, tampoco siento pena por el destino del Che Guevara.

 

El Dr. Guevara de la Serna eligió ese camino; en lugar de salvar vidas, se dedicó a producir la muerte; y, como si no fuera suficiente con la muerte de sus enemigos, convocó a los suyos a morir antes de caer prisioneros, pero cuando fue su vida la que estuvo en manos del soldado a quien emboscado combatió, el que en ese momento final tuvo frente a frente, entonces dijo: “No dispare”, invocando su nombre cual cheque al portador.

 

Pena siento por las familias de los muertos que el Che Guevara provocó desde su llegada a la Sierra Maestra en Cuba, hasta su minuto final en Bolivia; entre las que se encuentra su propia familia.

 

Pero sobre todo, siento pena por el destino de los miles de niños a quienes en Cuba, todos los días, para transformarlos en autómatas, hacen repetir, “pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Ellos representan el futuro de Cuba, y en ellos debemos pensar y por ellos debemos actuar. Ellos merecen más atención que la muerte de un individuo que, haciendo apología del odio, pretendió transformar seres humanos en máquinas de matar. 

 

II

 

“Yo lo pensé, pero también recordé cuando Batista soltó a Fidel Castro después que asaltaron el cuartel Moncada; y lo que pasó y está pasando en Cuba, y entonces me dije: este hombre vino aquí, invadió este país, hay una cantidad de muertos por culpa suya, y yo no estoy aquí para comandar, yo estoy aquí para asesorar. Este es un asunto del gobierno boliviano, de su dirección, y tú te metes a hacer eso, y a lo mejor tienes éxito, y después a este hombre lo sueltan y hay muertes en veinte países más, y tú vas a ser el responsable; mira, es decisión boliviana, deja que la Historia siga su curso”.

 

Así recuerda Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, cómo pensó evitar la muerte del guerrillero argentino, al retardar la orden de ejecución cortando el cable del teléfono, en aquel mediodía del 9 de octubre de 1967, cuando recibió una orden en clave del alto mando del Ejército boliviano: 500-600. “Era un código muy sencillo, 500 significaba Che Guevara, 600 muerto y 700 mantenerlo vivo”.

 

Alberto Méndez Castelló: Según la versión del régimen de La Habana, el Che fue ejecutado por órdenes llegadas de Washington, pero en realidad… ¿Qué indicaciones usted recibió de sus superiores en la CIA?

 

Félix Ismael Rodríguez Mendigutía: Mira, es totalmente lo opuesto: la CIA lo quería vivo a toda costa. De eso no te quepa la menor duda. Te voy a explicar. Yo creo que la decisión de la parte boliviana de eliminar al Che viene por el problema tan crítico que ellos tenían con el juicio de Regis Debray y Ciro Bustos, el intelectual francés y el periodista argentino capturados luego de visitar a los guerrilleros. Imagínate, ellos debieron pensar que si tenían manifestaciones de estudiantes y presiones diplomáticas por un juicio contra dos personas prácticamente desconocidas, qué iba a pasar con un juicio contra el Che Guevara… Definitivamente, yo creo que la decisión del gobierno boliviano obedeció a esa razón y no a otra.

 

AMC: Luego… ¿Usted me puede asegurar que la posición del gobierno estadounidense era mantener vivo al Che Guevara?

 

FIRM: Mantenerlo vivo. Es más, nos habían dicho que a los bolivianos no les gustaba mantener prisioneros, que si el Che era capturado, hiciéramos todo lo posible para mantenerlo con vida, que ellos iban a mantener helicópteros y aviones listos para llevarlo a Panamá.

 

AMC: A Panamá… ¿A Estados Unidos no?

 

FIRM: No. La idea era llevarlo a Panamá para interrogarlo en el Comando Sur. Y honestamente, yo no creía que eso funcionaría, no creía que el Che Guevara fuera a colaborar.

 

AMC: ¿Qué le hacía pensar así?

 

FIRM: En ese momento no conocía las divergencias existentes entre el Che Guevara y los comunistas soviéticos. A los gobernantes de la URSS no les interesaba que el Che triunfara en ningún lugar. De hecho no lo ayudaron en África. Las armas que empleó allá las proporcionó la China comunista, no los soviéticos. Y Cuba dependía 100% de la URSS, eso quizás te da una idea de por qué él se sintió traicionado por Fidel Castro, y aunque no lo admitió de forma verbal, sí pude percibirlo en su rostro cuando hablamos por última vez.

 

AMC: ¿Por qué?

 

FIRM: Por los hechos. Ellos estaban allí, en Bolivia, sin comunicación. Recibieron un radio roto y por si no fuera suficiente, con el pretexto de que se le había vencido la visa, le retiraron al oficial de enlace, alguien con ciudadanía boliviana que los canalizó a su llegada, pero que luego lo retiraron de esa operación dejando al Che y a sus guerrilleros a la buena de Dios.

 

AMC: En Cuba el régimen no concibe adversarios dignos, y a usted lo pintan como un vulgar mercenario. Dígame, ¿después de muerto quién lavó la cara del Che?

 

FIRM: Mira, después que sonó la ráfaga de M-2 que concluyó con la vida del Che, el capitán Gary Prado, el capitán Celso Torrelli, que luego llegó a presidente de Bolivia y yo, entramos a la habitación; el cadáver del Che estaba con la boca y los ojos abiertos, hacia el techo, como el piso estaba muy húmedo, la cara se le había enlodado. Volviéndose hacía mí, Gary Prado dijo: “Mi capitán, hemos acabado con las guerrillas en América Latina”, a lo que yo le contesté: “Si no hemos acabado con ellas, por lo menos las hemos demorado por largo tiempo”. Después ellos se retiraron en el helicóptero, y yo les pedí a los soldados un balde con agua, me agaché, le lavé la cara, quitándole todo el fango que tenía en ella, y con mi pañuelo, que después perdí en el vuelo a Vallegrande, traté de cerrarle la quijada.

 

AMC: Entonces hay otro mito. Usted, según los castristas el asesino del Che, es quien lo amortaja y no la maestra de la escuela de Higuera, que ahora se ha convertido en centro de peregrinación para los comunistas.

 

FIRM: La maestra sí lo visitó y habló con él poco antes. Pero cuando él ya está muerto, quien le lavó la cara fui yo, de ahí lo llevamos al helicóptero, pero ahí no había maestra ni nada. Aunque si puedo decirte algo, con una muchacha me sucedió…

 

AMC: ¿Qué sucedió?

 

FIRM: Me encontraba hablando con el Che, cuando en la habitación de al lado sonó un disparo y sentimos un cuerpo caer. Habían matado a Aniceto. El Che movió la cabeza a ambos lados; yo no dije nada, él tampoco, siguió hablando como si no hubiera pasado nada. Pero llega un momento en que salgo, estoy fuera de la habitación cuando llega esa muchacha con un radio de mano y me dice: “Capitán, ¿cuándo lo van a matar?” Entonces digo: Señora, ¿por qué usted dice eso? Contestándome ella: “Porque nosotros acabamos de verlo fotografiándose con él, pero la radio está dando la noticia que murió de heridas en combate”. Entonces supe que ya no había nada más que hacer.

 

AMC: ¿Qué hora era?

 

FIRM: Alrededor de las doce del día, hora de Bolivia. Entré en la habitación, él estaba sentado, y parándomele enfrente le digo: “Comandante, lo siento, yo he tratado, pero son órdenes superiores”.

 

AMC: ¿Qué le contestó?

 

FIRM: Como te expliqué, quedó blanco, blanco como un papel. Luego se compuso y me dijo: “Es mejor así, yo nunca debí caer preso vivo”. Entonces le pregunté: ¿Quiere algo para su familia si puedo hacerle llegar el mensaje? Y en una forma sarcástica me dice: “Bueno, si puede, dígale a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América Latina. Y si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz”. Esas fueron sus últimas palabras. Vino, me dio la mano, me dio un abrazo y al separarnos, se paró en atención, pensando que yo era el que le iba a tirar. Salí de allí, todos los esfuerzos realizados con el mando del Ejército boliviano para cumplir con las indicaciones de mi gobierno no resultaron. Y a la una y diez o la una y veinte de la tarde sonó una ráfaga corta, la de la carabina M-2 del teniente Pérez con la que el sargento Terán lo ejecutó.

 

AMC: Con todo… en Cuba el régimen lo hace a usted responsable directo por la muerte del Che.

 

FIRM: Eso no es cierto. Hice todo lo posible por salvarle la vida al Che Guevara. Y eso en La Habana los saben, el ministro Arguedas se lo dijo cuando les entregó las manos del Che y las fotocopias de su diario.

 

AMC: Casi todas las personas que de una u otra forma tuvieron participación en la muerte del Che Guevara ya murieron, presumiblemente ejecutadas, ¿cómo usted, amenazado de muerte y a quien le han preparado varios atentados a lo largo de estos 47 años, ha logrado sobrevivir para contar esta historia?

 

FIRM: Yo tengo suerte. Yo tengo una suerte extraordinaria.

 

III

 

-“Che Guevara, vengo a hablar contigo, le digo, parándomele enfrente. Entonces me miró, y de forma arrogante, me dice: ‘A mí no se me interroga’. Para entablar una conversación, digo: Comandante, yo no he venido a interrogarlo, yo he venido a conversar con usted. Yo a usted lo admiro, usted fue ministro en Cuba y está aquí por sus ideales, aunque para mí están equivocados. Yo he venido a conversar con usted”. Recuerda el ex agente de la CIA Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, su segundo encuentro con el guerrillero argentino, aquella media mañana del lunes 9 de octubre de 1967.

 

¿Qué respondió?

 

Se queda mirándome, para ver si yo me río, pero cuando ve que me mantengo serio, me pregunta: “¿Me puede quitar las amarras?” Entonces llamé a un soldado y ordenándole que lo desatara, lo ayudamos a sentarse en el banco, donde estaba de lado, entumecido…

 

Este no fue su primer encuentro con el Che Guevara, usted…

 

No. Cuando se produce la captura del Che Guevara, el domingo 8, pedí al coronel Joaquín Zenteno Anaya, jefe de la 8va División, acompañarlo a La Higuera. Esa noche, en una especie de hotelito allí en Vallegrande, sin luz, unas velas era lo que teníamos, estábamos brindando; yo había sacado dos botellas de Scotch Ballantine´s que guardaba. El coronel Zenteno dijo a su estado mayor que cualquiera de ellos tenía derecho a acompañarlo, pero que él sabía el daño que este señor le había hecho a mi patria, a Cuba, y que si ellos no se oponían, él quería que fuera yo quien lo acompañara. Todos estuvieron de acuerdo, y el lunes 9, alrededor de las siete de la mañana, partimos en el helicóptero hacia La Higuera. Allí nos esperaban el mayor Ayoroa, el capitán Gary Prado y el teniente coronel Selich. Entramos a la habitación; el coronel Zenteno Anaya comenzó a hacerle preguntas al Che, que lo miraba, sin contestarle absolutamente nada, al punto que el coronel le dice: “Óigame, usted, un extranjero, ha invadido mi país, lo menos que puede tener es la cortesía de contestarme”. Nada. No le contestó absolutamente nada. Entonces, molesto, el coronel salió de allí, ordenándole al teniente coronel Selich que me entregara la documentación del Che.

 

La documentación…

 

En una cartera recta, redondeada hacia abajo, color camello, estaban los documentos que él llevaba y que yo había pedido al coronel Zenteno fotografiar para mi gobierno. El diario, escrito en un cuaderno alemán, fotografías de la familia, los libros de claves con números para cifrar y descifrar mensajes, medicamentos y una careta negra para el asma y unos libritos escritos a máquina con mensajes de Cuba; bueno, estoy fotografiando todo eso; junto con los oficiales del batallón, el coronel había ido a la zona de operaciones, cercana, donde aún se escuchaba el tiroteo, pero hay un momento en que dejo de fotografiar y es cuando regreso a donde él está.

 

Es la segunda ocasión en que usted se encuentra con el Che Guevara esa mañana, y según la versión difundida por el régimen en La Habana…

 

Mira, en Cuba dijeron que él no hablaba con traidores, que me escupió; todo es cuento, todo eso es mentira. Él no sabía quién era yo. Es en el transcurso de la conversación que él se me queda mirando y me dice: “Tú no eres boliviano”. Ya yo le había hablado del Congo, de África, y un oficial del ejército boliviano no tenía por qué saber eso. Entonces le pregunto: Comandante, ¿quién usted cree que soy yo?

 

¿Qué respondió?

 

Yo estaba allí con grados de capitán del ejército boliviano y me dice, bueno, tú puedes ser puertorriqueño y puedes ser cubano, pero por las preguntas que tú me has hecho, tú estás trabajando para el servicio de Inteligencia de Estados Unidos.

 

Y…

 

Le digo: efectivamente, soy cubano. Yo integré los teams de infiltración de la Brigada 2506. Entonces él se mostró interesado preguntándome: “¿Y tú cómo te llamas?” Félix, le dije.

 

Luego, el Che Guevara está hablando con usted, sin saber quién es, y cuando lo sabe es por usted mismo… ¿y sintió curiosidad por ser usted cubano…?

 

Y por Bahía de Cochinos. Por los teams de infiltración, porque él tenía los nombres de la gente de nosotros.

 

¿De qué hablaron?

 

Mira, cada vez que yo le hacía preguntas que eran de interés táctico para nosotros, él me respondía: “Usted sabe que yo no puedo contestarle eso”. Pero sí hablamos. Hubo cosas de las que sí hablamos.

 

África…

 

Al hablarle de África, obviamente, él no quería tocar ese punto, pero le digo: mire, usted no querrá hablar de África, pero su propia gente ha hecho comentarios de que usted tenía como diez mil guerrilleros, y de que el soldado africano es muy malo. Entonces me dice: “Bueno, si hubiera tenido diez mil guerrilleros hubiera sido diferente, pero usted tiene razón, el soldado africano era muy malo”. Luego hablamos de Cuba.

 

¿De Cuba?

 

Comenzó diciéndome que la economía de Cuba era un desastre por culpa del embargo norteamericano. A lo cual le digo: Comandante, es irónico de su parte decirme eso, porque usted era el presidente del Banco Nacional de Cuba; usted era la autoridad máxima en la economía cubana, y usted no es economista. ¿Y tú sabes que me respondió…?

 

No.

 

Me dice: “¿Tú sabes como yo llegué a presidente del Banco?”, le digo: no tengo la menor idea. Diciéndome: “Yo estaba en una reunión y escuché a Fidel; entendí que él estaba pidiendo un comunista dedicado, y levanté la mano, pero lo que Fidel estaba pidiendo era un economista consagrado”. Oye, pensé que era una broma de él para evadir mis preguntas…

 

Sí, lo parece.

 

Pero no lo es. Cuando conocí a Benigno me aseguró que la anécdota es cierta.

 

Esas bromas continúan, un discípulo del Che Guevara…

 

Va para Venezuela a asesorar la economía de Maduro. Bueno, después hablamos de por qué escogieron a Bolivia. Me dijo que por tres razones básicas: primero, por ser un país pobre, sin grandes recursos, no creían que Estados Unidos iba a tener ese interés en defenderlo; segundo, porque conocían la falta de preparación del ejército boliviano, sería fácil combatir contra ellos; la tercera razón era la más importante: por tener fronteras con Brasil, Paraguay, Perú, Chile y Argentina, pensaban exportar la revolución a estos países si lograban tomarla. Era ese el gran interés con Bolivia.

 

Desde la Sierra Maestra, el Che Guevara solía fumar en pipa, y en las fotografías de la guerrilla boliviana se le ve con una, Gary Prado dice que le dieron de fumar, ¿cuál fue el destino de esa pipa?

 

Cuando le di la noticia de su ejecución, luego de reponerse y decirme que era mejor así y de darme los mensajes para Fidel Castro y para su esposa, saca la pipa del bolsillo y me dice: “Quiero entregarle esta pipa a un soldadito que se portó bien conmigo”. El sargento Mario Terán debió escucharlo, porque llegó diciéndome: “Yo quiero la pipa, mi capitán, yo la quiero”. Pero el Che dice: “No, a ti no te la doy”. Ordené al sargento que saliera y le pregunto al Che: Comandante, ¿me la da a mí? Se quedó unos segundos mirándome, diciéndome luego: “Sí, a ti si te la doy”. Después de la muerte del Che, guardé un poco de tabaco que tenía la pipa antes de dársela al sargento.

 

La última fotografía del Che Guevara vivo, es en la que aparece junto a usted. Fue autenticada por funcionarios del gobierno de Estados Unidos. No es una fotografía de identificación oficial, sino aceptada, de grupo. Si como dice la versión castrista, él se negó a conversar con usted, como pudo negarse a ser fotografiado de esa forma, dígame: ¿Cómo el Che Guevara accedió a fotografiarse con un cubano agente de la CIA?

 

Cuando el coronel Zenteno regresó de la zona de operaciones le digo: coronel, han llegado instrucciones de su gobierno de eliminar al prisionero, pero las instrucciones de mi gobierno son mantenerlo vivo; él me explica que tenía que cumplir las órdenes, que a las dos de la tarde el helicóptero venía a recoger el cadáver del Che Guevara, diciéndole yo que tratara de cambiar de idea a sus superiores, pero que si no había una contraorden, a las dos de la tarde le llevaba el cadáver del Che.

 

“El coronel Zenteno Anaya se fue; luego el helicóptero vino varias veces, y en una de esas, yo estaba conversando con el Che, entra el piloto, el mayor Jaime Niño Guzmán con una cámara fotográfica del mayor Saucedo, jefe de inteligencia de la división, diciéndome: “Capitán, el mayor quiere una foto con el prisionero”. Entonces digo al Che: Comandante, ¿a usted le importa? Y me dice: “No”. Como yo no sabía qué iba a pasar, pero si lo ejecutaban, una fotografía de él vivo podía poner en dificultades al gobierno boliviano, le puse veintidós de velocidad a la cámara del mayor y le cerré el lente.

 

“Entonces lo sacamos afuera, y dándole mi cámara al piloto, le pongo el brazo, y digo: Comandante, mire al pajarito. Ahí se echó a reír, cuando yo le digo, mire al pajarito; incluso, pensé que todavía se estaba riendo cuando tiraron la foto; claro, ahí cambió la expresión para la fotografía que tú viste. Luego seguimos conversando”.