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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La privatización de la pobreza en Cuba

 

Jorge A Sanguinetty, El Nuevo Herald

 

El excedente laboral en Cuba existe desde las expropiaciones masivas de 1960, cuando el gobierno comenzó a crear empleo artificial para esconder el desempleo de los trabajadores que perdían sus puestos en las empresas que se cerraban. Al principio, una gran parte de estos empleos artificiales (no existen datos estadísticos para medirlos) fueron absorbidos en los organismos del gobierno. Pronto sin embargo se hizo evidente que había demasiados excedentes laborales en muchos organismos y el gobierno comenzó una campaña que denominó “Lucha contra el Burocratismo” en la primera mitad de los años sesenta. Por ese medio se enviaba a los trabajadores catalogados como excedentes a programas de entrenamiento o a labores donde escaseaba la mano de obra por las condiciones arduas de trabajo, como la limpieza de calles.

 

Pero el gobierno no consiguió generar suficientes nuevos empleos y el problema del excedente laboral se fue agravando con el crecimiento de la población. Así se inventó la ficción del “pleno empleo” que en realidad incluía el desempleo disfrazado o escondido como se conoce técnicamente por los economistas y hoy reconocido por el propio gobierno cubano. Esta anomalía es una de las causas de la baja productividad del trabajo que afecta como una epidemia a toda la actividad económica del país. Y es por ende una de las causas de la pobreza generalizada. De este modo se puede decir que la pobreza fue socializada por la revolución en Cuba.

 

Esta situación, que desembocó temprano en la dependencia crónica de Cuba de subsidios extranjeros, fue responsabilidad exclusiva de Fidel Castro por su dominio personal y absoluto de la política económica del país que además plagó y contaminó con sus ideas e iniciativas descabelladas.

 

Esto representa un doble fracaso: el de la doctrina comunista que racionaliza una concentración extrema del poder político y el de Fidel Castro como un gobernante irresponsable e inepto. Por supuesto los cubanos son los que han sufrido las consecuencias.

 

Cuando Raúl Castro hereda el mando centralizado del gobierno junto a una economía distorsionada, insostenible y en estado precario, se enfrenta a la necesidad de introducir cambios para evitar una crisis que puede poner en peligro la estabilidad de su régimen y el control de su familia sobre el país. Ahora Raúl, que parece tomarse la economía en serio, tiene que ajustarla estructuralmente trabajando en varios frentes a la vez, siendo uno de ellos el aumento de la productividad del trabajo. Para ello es absolutamente necesario reducir drásticamente el empleo redundante eliminando la ficción del pleno empleo.

 

O sea, Raúl Castro les está diciendo a los trabajadores despedidos que ahora ellos tienen que estar a cargo de generar sus propios empleos e ingresos, que el gobierno bajo el manto socialista no puede seguir haciéndolo. Es como decirles que el gobierno ya no va a ser responsable de su pobreza, que la pobreza para que deje de estar socializada debe ser privada. ¡Es la privatización de la pobreza! Pero es también la privatización de una parte del empleo.

 

En realidad estos cambios traen buenas y malas noticias. Para los trabajadores más emprendedores los cambios son buenas noticias pues los liberan de la tutela estatal que al fin y al cabo es una forma adicional de represión. Y si el gobierno bajo Raúl Castro crea las condiciones mínimas necesarias para que dichos trabajadores puedan funcionar productivamente, el resultado deberá ser positivo para muchos cubanos. Para los trabajadores que prefieren la seguridad de un ingreso estable aunque sea de subsistencia, los cambios son malas noticias pues los fuerzan a salir de la protección del estado y sortear las oportunidades y riesgos de la pequeña libre empresa. Aquéllos que saben qué hacer con su nueva libertad, aunque todavía muy limitada, serán los ganadores.

 

Aquí cabe una advertencia. Dada la historia de los últimos 55 años del gobierno cubano no hay que hacerse ilusiones sobre cuán lejos llegarán los cambios. Oficialmente ese proceso ha sido caracterizado como uno de “actualización del modelo cubano”. Se sabe que muchos miembros del gobierno, especialmente los de mayor edad, se oponen a una transformación significativa de la organización comunista del estado actual. Por otro lado, sería pecar de una inocencia negligente pensar que este proceso no va a estar profundamente influenciado por los intereses privados, nada ideológicos o patrióticos de los herederos políticos y biológicos de los hermanos Castro.

 

Es imperativo comprender que en el fondo la revolución cubana acabó siendo un proceso de reprivatización disfrazado de socialista para darle un barniz de legitimidad ante el pueblo cubano y el mundo a las confiscaciones de los sesenta. En realidad el desempleo no es lo único que ha estado disfrazado en Cuba; la revolución entera también lo ha estado.