Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La Pre-Condición Cubana

 

José Azel, Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos

 

El mes pasado, el gobierno de Cuba afirmó que iba a despedir a 500.000 empleados estatales, quizá hasta 1.000.000, dejando claro que “nuestro estado no puede y no debería seguir apoyando… entidades con planillas de sueldos infladas, pérdidas que dañan la economía, son contra productivas, generan malos hábitos y deforman la conducta de los trabajadores”.

 

Algunos anunciaban este aviso como un signo tan esperado, de que La Habana durante el General Castro por fin tomó el rumbo hacía la economía del mercado, otros expresaron escepticismo sustancial y los Marxistas lo denunciaron como una traición de la ideología comunista. Entonces, ¿hacia dónde va Cuba?

 

Por mucho parece que sea donde sea, no va rápido. Más que una indicación optimista de que Raúl toma la reforma económica en serio, estos despidos abruptos revelan un gobierno desesperado para encontrarse con su fin. Y se ofrecen aun más pruebas de que Cuba, uno de los últimos países del mundo adherido a la ideología en quiebra de José Stalin, no tiene interés en adjuntarse a – o, para ser más generosos, no sabe cómo adjuntarse – al mundo globalizado del siglo XXI.

 

Irónicamente, el aviso de los despidos lo lanzó la Unión de Trabajadores Cubanos – unión sindicalista controlada por el Partido Comunista. En cualquier otro país sin régimen represivo totalitario, un despido de 10% de todos los empleados del gobierno estaría acompañado por protestas masivas.  Pero esto es Cuba, donde alrededor de 85% de la fuerza laboral de 5 millones está empleado por el gobierno y en las calles no se escuchó ni un solo pitido.

 

El aviso, manejado con la típica doble retórica orwelliana, trae más preguntas que respuestas. “Es necesario revitalizar el principio socialista de distribución y pago a cada uno según la cantidad y calidad de su trabajo”, decía en un torpe intento contradictorio de enlazar con la Máxima socialista de Karl Marx, “de cada uno según su capacidades, a cada uno según sus necesidades”.  El gobierno dijo también que a los que perderán trabajo les garantizará permisos de buscar sus maneras de ganarse la vida “fuera del sector estatal”, como es indecible hablar de un sector privado.

 

En Cuba se necesita un permiso estatal hasta para pulir zapatos – junto con otras 178 actividades económicas que en su mayoría incluyen a servicios individuales empezando con cuidar niños y terminando con lavado de ropa. Tampoco queda claro como estarán elegidos aquellos para ser despedidos ¿según la antigüedad laboral, patrocinio, amistad, pureza ideológica o algún tipo de merito socialista o capitalista? ¿Afectarán estos despidos desproporcionadamente a esos que reciben envíos de dinero del extranjero? O quizá más importante, ¿cómo se supone que los despedidos encontrarán trabajo? En una economía con desarrollados mercados competitivos a nivel privado, los empleados que pierden trabajo en una empresa tienen un gran chance de asegurar un trabajo en otra. Pero en el sistema económico de Cuba, el gobierno controla la mayoría de la actividad económica. No hay un sector privado que podría absorber los desempleados.  ¿Dónde encontrarán un empleo?

 

Lo más absurdo parece ser que esta medida de despidos supone que todos son por su carácter predispuestos a ser empresarios y ganar lo necesario en áreas lejanas a sus propias experiencias laborales y entrenamiento profesional.

 

El Gobierno de Cuba apuesta a la ingeniosidad y espíritu y capacidad de empresario del pueblo cubano para arreglárselas con la insuficiencia del sector estatal, todo eso sin acceso a dinero en efectivo, créditos, materias primas, mobiliario de oficinas y talleres, tecnologías o cualquier otro tipo de entradas necesarias para producir bienes u ofrecer servicios.

 

Irónicamente, la fuente más probable de estos ingresos será la diáspora cubana, entusiasta a ayudarles a sus parientes y amigos sin empleo. Manuel Orozco, experto en envíos de dineros del think-tank Inter-American Dialogue, basado en Washington subraya esto en su afirmación para Reuters, “Liberalización de la economía podría llevar a 10% de Cubanos que reciben dinero de afuera a invertirlo en negocios chicos”.

 

Esto podría presentar para el Gobierno de Cuba una motivación a enfocar los despidos desproporcionadamente en los trabajadores que reciben envíos de dinero. Los cubanos podrán con eso de alguna u otra forma, pero en términos del desarrollo económico actual, estas medidas no van a funcionar; no están diseñadas para eso. Permitirles a los cubanos a cuidar niños o fabricar flores de papel para venderlas a los turistas no presenta una seria medida de desarrollo económico. Pero por si a caso, esperando capitalizar cualquier producción económica adicional, el gobierno está preparado a cobrar un impuesto oneroso de 25% para la seguridad social y hasta 40% del ingreso, dependiendo del tipo de actividad económica (por ejemplo 40% de la producción de alimentos, artesanía 30%, etc.).

 

El gobierno proyecta un aumento de 400% en ingresos de impuestos, supuestamente recolectados de parte de los empleados despedidos, convertidos en empresarios. Es más probable que los cubanos encuentren manera de evitar el pago del impuesto, confiando en el mercado negro con sus actividades económicas. El economista cubano Oscar Espinosa Chepe escribe desde La Habana sobre el impacto de la situación económica de Cuba en la sociedad civil: los niños cubanos crecen viendo a sus padres obligados por la circunstancias a vivir de lo ilegal y de robos.

 

Como los cubanos no pueden vivir de los resultados de sus empleos legítimos y el trabajo ha dejado de ser la fuente principal de ganarse la vida, ha emergido una ética de sobrevivencia que lo justifica todo. Una lección que se podría aprender de la transición del ex bloque soviético es que el éxito de reformas depende del otorgamiento de libertades individuales y otorgamiento de poderes al punto máximo. En la década después del colapso de la Unión Soviética, fueron los países que adoptaron los derechos políticos y libertades cívicas contundentemente los más exitosos en las transiciones: República Checa, Estonia, Polonia, Eslovenia, Alemania del Este y Hungría. Esto no es donde va Cuba con su “actualización del socialismo”.

 

El motivo principal es la orden estalinista en Cuba, que se mantiene sin cambios con este anuncio. En un sistema que niega las libertades básicas, la sociedad está debilitada y corrupta por un miasma o por miedo. Durante cinco décadas, el miedo ha sido la parte integral de la existencia cotidiana de Cuba. Hay que superar este miedo si cualquier proyecto de la transición nacional debe tener chance a éxito.

 

El código penal de Cuba que está utilizado para reprimir a los disidentes define desobediencia, falta de respeto, asociación ilícita, posesión de propaganda enemiga y peligrosidad social y otros, como hasta “crímenes contra la moral socialista”.  En Cuba, el crimen de peligrosidad social permite que el gobierno encarcele a la gente por crímenes que podrían cometer en el futuro.  Mientras no se reforma o borra este documento totalitario, podemos esperar muy pocos cambios.

 

Sin embargo, algunos de los observadores de Cuba caracterizan a Raúl Castro como un líder más pragmático de lo que fue su hermano mayor. Y aunque éste pueda ser el caso en algunos de los aspectos de su gobierno, no es el pragmatismo lo que lo llevará a adopción de cambios políticos que podrían poner en peligro su poder. Más probablemente, su pragmatismo lo obligará a formular políticas diseñadas a mantenerlo en el poder. Cuando el líder soviético Mijaíl Gorbachov visitó Cuba en 1989. Fidel Castro le advirtió, según se informa, que “si abres la ventana [a la democracia], perderás todo tu poder”.  Es improbable que Raúl abra una ventana, aunque fuera después del fallecimiento de su hermano.

 

Hay otro modelo que los líderes cubanos deberían conocer bien: La transformación rápida de España en los años 70 de una dictadura, dirigida por otro tirano envejecido, Francisco Franco, a una democracia vibrante que ha durante las últimas décadas contabilizado algunos de los números de crecimiento más impresionantes. Una transición ideal en Cuba debería parecerse en muchas cosas a la de España, a pesar de que Cuba probablemente no tiene una sociedad civil lo suficiente fuerte como para fomentarla.

 

Otro paralelo, menos prometedor, es que Cuba tome el camino de la gerontocracia soviética, personificada por Leonid Breznev, que apenas funcionaba antes de su muerte en 1982. Su sucesor, Yuri Andropov, de 68 años, murió dos años más tarde. Fue reemplazado por otro anciano Konstantin Chernenko, que murió en un año más y fue reemplazado por Mijaíl Gorbachov. Comparen este progreso con Cuba: Fidel Castro tiene 84 y padece de mala salud, Raúl tiene 79 y su supuesto sucesor, José Ramón Machado Ventura cumplirá 80 este mes.

 

Una nueva generación de líderes cubanos eventualmente asumirá el poder. Para estar seguros, probablemente preferirán una continuidad a un cambio radical, pero a diferencia de los Castro podrían ser receptivos a una reforma democrática. Esos oficiales (probablemente militares) heredarán no sólo una economía en bancarrota, pero también instituciones paralizadas y disfuncionales, ideología desacreditada, una sociedad desencantada, toda una miríada de problemas sociales y mucho más. Cuba estará muy cerca de lo que se puede definir técnicamente como un estado fracasado, estado que ya no puede seguir reproduciendo las condiciones para su propia existencia.

 

Los sucesores de los Castro heredarán una situación peligrosa e inestable.  Con una legitimidad cuestionable y un aparato represivo desorganizado, tendrán que confrontarse con una oposición interna y externa bien significante.  Tendrán opciones muy limitadas.

 

Pueden seguir el curso totalitario y enfrentar un posible desarrollo de eventos incontrolables, culminantes en un baño de sangre Ceausesquiano, como ocurrió en Rumania. O pueden optar por convertirse en líderes de una apertura política democrática y confrontarse con perdidas políticas un poco más dóciles. Quizá se necesitará la muerte de ambos hermanos Castro para que esto ocurra, pero ellos llegarán a la conclusión que para ellos la manera más segura y prospera de vivir es la segunda.

 

Por ahora, los despidos solo subrayan el estado lúgubre del modelo económico de Cuba, que se podría ilustrar con una vieja broma soviética: “Nosotros fingimos trabajo y ellos fingen pagarnos”. El régimen actualmente vende una historia parecida: Fingirán una reforma, esperando que el mundo fingirá creérsela. Sólo esperemos que en Washington no haya quién la compre.