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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La pobreza no tiene causas

 

La visión convencional sobre las causas de la pobreza ignora que esta solo se combate realmente generando riqueza, como lo prueban los últimos tres siglos

 

José Azel, El Nuevo Herald

 

Aceptémoslo: perdimos la Guerra contra la Pobreza. En 1964, cuando el Presidente Lyndon B. Johnson introdujo legislación creando varios programas del Gobierno como estrategias de reducción de la pobreza, aproximadamente 34 millones de americanos eran considerados pobres. Hoy, 50 años después, el número se ha elevado a más de 45 millones. Como porcentaje de la población, el número de personas debajo de la línea de pobreza se ha mantenido esencialmente constante en alrededor de 15 por ciento del total de la población.

 

Otras mediciones mostrarían evaluaciones más o menos favorables, pero el hecho inexorable es que hemos fracasado en reducir significativamente la pobreza. Igualmente importante, en términos de los objetivos declarados por el presidente Johnson, nuestros programas para incrementar la capacidad de autosuficiencia de la población han fracasado.

 

No ha sido por falta de intentos. Como nación hemos gastado más de US$22 billones (trillones en inglés) en programas anti-pobreza (sin incluir el Seguro Social y el Medicare), con pocos resultados para nuestros sudores y recursos.

 

Antes de continuar, o quizás expandir -como algunos sugieren- nuestros inefectivos esfuerzos, debemos cuestionarnos la visión convencional sobre las causas de la pobreza. En este hito, tras cincuenta años de campañas fallidas, debemos repensar nuestros principios rectores y evitar argumentos políticos vacíos que eluden el problema.

 

En Estados Unidos la falta de educación, familias fragmentadas, nacimientos extramatrimoniales, y una cultura de pobreza, están entre las causas de pobreza más citadas. En otros países pueden añadirse sequías, epidemias, sobrepoblación y más. Pero es difícil separar las causas básicas e inmediatas de la pobreza de sus efectos. Por ejemplo, una educación deficiente puede ser vista como causa o como consecuencia de la pobreza. Si queremos verdaderamente reducir la pobreza, necesitamos abrazar apasionadamente la libertad para crear y mantener la riqueza

 

El liberalismo clásico (a saber, el pensamiento libertario) asume la visión provocadora de que la pobreza es el resultado de no producir riqueza. O como dijo el economista Peter Bauer: “La pobreza no tiene causas. La riqueza sí las tiene”. En otras palabras, pobreza es lo que tenemos si no generamos riqueza. Por consiguiente, para paliar la pobreza la solución es crear más riqueza.

 

Estimado lector: antes de botar el periódico (o peor, su caro lector digital) en disgusto “progresista”, por favor considere lo siguiente: Durante casi toda la existencia humana la pobreza generalizada ha sido la norma histórica global. Han pasado solamente algunos siglos desde que aprendimos a crear riqueza y cómo aminorar la pobreza mundial.

 

Una representación gráfica de este fenómeno revela una línea horizontal ininterrumpida de pobreza humana durante 1.800 años sin ningún alivio. Solamente en los últimos tres siglos vemos un incremento casi vertical en la riqueza. Entonces, científicamente, tendríamos que explicar la presencia de riqueza, no su ausencia.

 

 

Solo en los últimos tres siglos ha visto la Humanidad un alza en la riqueza. (GGDC)

 

Si la pobreza es un estado que se da naturalmente, y la riqueza hay que producirla para mitigar la pobreza, nuestro enfoque político debe estar en las causas de la riqueza y no en las de la pobreza. Y el factor más importante para crear riqueza es la institucionalización de medios políticos y económicos para adquirir riqueza. Las instituciones pueden crear incentivos o desincentivos, que moldean conductas.

 

Crear riqueza, o sea, reducir pobreza, puede intensificarse con políticas que incentiven productividad y ganancias. Lamentablemente, nuestros marcos regulatorios y fiscales se diseñan para lograr precisamente lo contrario, y las ganancias se han convertido en la diana de la codicia política y la demagogia.

 

Más lamentable aún es el hecho que cualquier esfuerzo por cambiar el marco político para realzar la creación de riqueza es visto por muchos como capitalismo de compadres, diseñado para enriquecer a algunos a expensas de otros. Y en algunos casos es cierto. En muchos países, y en algunos casos en Estados Unidos, la riqueza no es resultado de producir bienes y servicios atractivos, sino de la cercanía al poder político.

 

Dicho eso, un genuino capitalismo de libre mercado basado en el imperio de la ley, igualdad de derechos y la opción garantizada de poder disfrutar del resultado del trabajo, ahorros e inversiones, es la mejor estrategia para eliminar la pobreza. Si queremos verdaderamente reducir la pobreza, necesitamos desechar el libro de las viejas políticas y abrazar apasionadamente la libertad para crear y mantener riquezas.