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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La plaga

 

Fernando Ravsberg, BBC Mundo

 

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Acabo de leer el "Informe Global sobre la Corrupción 2009" (IGC) realizado por la organización Transparencia Internacional. Los datos son mundiales y se basan en estudios, análisis y encuestas en 180 países, entre ellos los de América Latina.

 

Como una plaga que lo destruye todo, la corrupción desprestigia partidos y parlamentos debido a que "las compañías que actúan en colusión con políticos y funcionarios corruptos habrían pagado sobornos por un total de hasta US$40.000 millones".

 

Y lo peor de todo es que "son los ciudadanos quienes pagan el costo: los casi 300 cárteles privados internacionales descubiertos entre 1990 y 2005 aplicaron a sus consumidores sobreprecios por US$300.000 millones", según denuncia el IGC.

 

En América Latina los países donde se percibe más corrupción, en orden de gravedad, son: Haití, Venezuela, Ecuador, Paraguay, Nicaragua, Honduras, Argentina, Bolivia, República Dominicana, Guatemala, Jamaica, Brasil, México, Perú y Colombia.

 

En contrapartida, los países con mejor nota en este barómetro mundial van desde Santa Lucía, ubicada en el lugar 21 hasta El Salvador situado en el puesto 67. Entre ellos están Barbados (22), Chile (23), Uruguay (23), Costa Rica (47).

 

Cuba entra en este grupo ocupando el lugar 65 en el mundo y el 6 de Latinoamérica. La ubicación parece bastante real, aunque me imagino que tanto anticastristas como revolucionarios cuestionarán los resultados que aparecen en el IGC.

 

Recuerdo que el propio Fidel Castro, poco antes de abandonar la presidencia, advirtió a los cubanos sobre los daños que puede ocasionar la corrupción al país. Llegó a decir que ésta podría terminar destruyendo a la Revolución Cubana.

 

Oficialmente se ha sugerido que la corrupción se debe a la apertura económica que el país se vio obligado a realizar en los años 90: la legalización del dólar y de las remesas familiares, el trabajo por cuenta propia y las inversiones extranjeras.

 

Efectivamente desde esa época prospera con mayor rapidez y, lo que es peor, aumenta su aceptación social. Los corruptos son la imagen viva del triunfador, en particular aquellos que mantienen la praxis pre revolucionaria de "bañarse salpicando a los demás".

 

Sin embargo, no es menos cierto que mucho antes de la apertura ya habían altos oficiales del Ministerio de Interior y de las Fuerzas Armadas, dirigentes de la Juventud y del Partido Comunista destituidos y condenados por corrupción.

 

Tengo el desgraciado privilegio de haber presenciado el crecimiento de esta plaga. Me refiero a la fundamental, la de los poderosos. Vi caer militares, ministros, dirigentes partidistas, jóvenes ligados a la presidencia e importantes empresarios.

 

Se desarrolló poco a poco. Los funcionarios venales se conformaban primero con cenas en buenos restaurantes, después pedían regalos caros y más tarde reclamaron viajes al exterior. Hoy exigen comisiones pagadas a cuentas bancarias en el extranjero.

 

Un empresario europeo me aseguró que para cerrar cualquier trato hay que pagar "comisiones", pero aclaró que esto no implica ningún problema, porque lo que se le entrega al intermediario se carga después en la cuenta del Estado cubano.

 

El grave problema que existe en Cuba con esta plaga es que ya se ha adaptado a las circunstancias nacionales. Los contagiados se esconden tras un discurso políticamente correcto, se mueven si hacer demasiado ruido y se mimetizan en el desorden.

 

El caldo de cultivo que les permite trepar socialmente son las decisiones centralizadas, las estructuras de poder paralelas, la falta de controles institucionales, la selección de los directivos en base a criterios políticos, el nepotismo y el amiguismo.

 

Por si todo esto no diera suficientes facilidades para robar, se crearon dos monedas, se realizan dobles contabilidades y se establecieron diferentes tasas de cambio, una empresarial y otra pública. Un mar revuelto en el que los pescadores hacen fortuna.

 

Estos son algunos de los problemas que parecen surgir cuando se trata de adaptar la realidad económica al modelo político-ideológico. Una contradicción que Cuba deberá resolver si quiere mantenerse entre los 6 países menos corruptos del continente.

 

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Si Cuba no tiene hoy una mejor conexión a Internet no es por "el bloqueo de los americanos" ni porque "los comunistas limitan la libertad de información", sino por un enemigo mucho más poderoso: los burócratas corruptos.

 

Compraron materiales baratos y se quedaron con el vuelto, un negocio redondo pero se les fue la mano en la baja calidad y dejaron el cable inoperante, según se rumorea en los pasillos del Ministerio de las Comunicaciones.

 

Me dicen que el problema ocurrió por enviar de compras a funcionarios políticamente confiables, "si las decisiones las tomáramos los especialistas sabríamos hasta dónde se puede 'ahorrar' sin arriesgar todo el proyecto".

 

Arrestaron e interrogaron a varios personajes, viceministros incluidos, sin embargo, uno de ellos "escapó". Inexplicablemente, en medio de la investigación lo enviaron al exterior y, como era de esperar, no regresó.

 

La burocracia es un monstruo nacido de un modelo excesivamente centralizado y vertical, organizado de tal forma que siempre se hace lo que dicen "los de arriba", sin que nadie se atreva a cuestionar las directrices del "jefe".

 

Todavía algunos intelectuales creen que la burocracia solo "es una mentalidad obtusa de quien no quiere ver la realidad, del oportunista, del acomodado" y en el gobierno dudan de que su resistencia pueda "ser consciente o inconsciente".

 

El nivel de los delitos y del sabotaje a las reformas revela una clase muy ambiciosa, consciente de sus intereses económicos, que ocupa puestos claves con poder real y carece de la más mínima ética a la hora de buscar dinero.

 

Los políticos cubanos parecen subestimar la fuerza y la decisión de los burócratas, primero creyeron que no osarían enfrentar a los "históricos" y ahora piensan que pueden quebrar su resistencia solo con acciones legales.

 

El Presidente promete enviarlos a los tribunales "sean quienes sean, porque todos los cubanos, sin excepción, somos iguales ante la ley", una frase que suena como advertencia a la clase dirigente y a sus familiares.

 

Mientras, la población se mantiene al margen, la bloguera Yasmín Silva dice que "los discursos del presidente hablan de los combates en su (nuestra) guerra soterrada con la burocracia. Pero no sé donde se desarrollan ni quien va ganando".

 

Desde las páginas del periódico oficial del Partido Comunista, el periodista Félix López pide sumar a "los trabajadores" en este combate y afirma no entender por qué se mantienen en sus puestos a los directores de las empresas improductivas.

 

Nadie tiene la respuesta a pesar de que en Cuba nada produce mayores pérdidas humanas, económicas y sociales que los robos millonarios de este grupo de funcionarios, que no tienen límites en su sed de obtener dinero.

 

En los tribunales comparecen traficantes de habanos, níquel y medicinas; funcionarios de la aviación, un ministro que se enriqueció robando la comida a sus compatriotas y médicos que mataron de hambre y frío a enfermos mentales.

 

Para el gobierno tiene además un altísimo costo político porque la población los identifica con la revolución, algo bastante lógico teniendo en cuenta sus cargos, su militancia comunista y su discurso, generalmente ultraizquierdista.

 

Un amigo mío, muy anticastrista él, se alegra de que el socialismo haya creado su propio sepulturero, que amenaza con la destrucción de la revolución y la posterior reinstauración de la economía de mercado en Cuba.

 

Pero no ha pensado en qué tipo de capitalismo habría con una clase política y empresarial nacida de esta burocracia, acostumbrada a robar al Estado y a saltarse las leyes sin mostrar la menor compasión por sus compatriotas.

 

Es algo en lo que también deberían meditar en Washington para evitarse otra frontera caótica. En la política como en el ajedrez no basta con calcular la próxima jugada, es imprescindible medir sus consecuencias posteriores.

 

Si este grupo de delincuentes se hace con el poder en Cuba es muy probable que terminen ocasionándole muchos más problemas reales a EE.UU. que los que enfrenta hoy con los dirigentes comunistas que gobiernan la isla.

 

Más allá de los discursos políticos, lo cierto es que actualmente en La Casa Blanca duermen muy tranquilos con Cuba en terrenos tan importantes para su seguridad como el terrorismo, el narcotráfico o el contrabando de personas.

 

De hecho, ya un gobierno aliado de Washington parece comprender los riesgos futuros y asesora al equipo de la Sra. Gladys Bejerano, Contralora General de la República, en su lucha contra la corrupción de guante blanco.

 

Es que si en algo podrían estar de acuerdo los revolucionarios, los anticastristas y EE.UU. es en el peligro que representa la existencia de una burocracia delictiva que pretende jugar un papel protagónico en el país, sea cual sea su sistema político.

 

No parece ético ni inteligente aliarse con estos atracadores de guayabera porque, más allá de las ideas políticas de cada cual, a todos los cubanos les debería interesar tratar de impedir que la corrupción se extienda a lo largo de la isla.

 

Fidel Castro advertía en el 2005 que la Revolución solo puede ser derrotada desde dentro pero lo cierto es que se quedó corto, la burocracia no solo amenaza al socialismo, es en realidad un peligro para toda la nación cubana.