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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Vuelco en Caracas

La pesadilla de Castro

 

La Habana venía diversificando sus relaciones para amortiguar el golpe del fin del chavismo, brutal para la isla

 

Fernando García, Madrid, La Vanguardia

 

Los eficientes servicios de inteligencia cubanos, muy bien representados en Venezuela según informaciones oficiosas puntualmente negadas por ambos gobiernos, llevaban años avisando a La Habana de los riesgos y fragilidades del chavismo. Raúl Castro se temía lo que pasó ayer desde antes de la muerte de Hugo Chávez, y mucho más desde que Nicolás Maduro tomó el relevo. De ahí que, desde que él mismo asumió el cargo en febrero del 2008, el presidente cubano dedicara gran parte de sus energías a controlar en lo posible tales riesgos. De dos formas: diversificando las relaciones exteriores para reducir la dependencia de Venezuela y su petróleo, y tejiendo junto a Barack Obama -con ayuda del papa Francisco y de Canadá- un acercamiento a Washington que pusiera fin a más de medio siglo de guerra fría y facilitara el levantamiento del embargo.

 

Pero no por esperada la derrota de Maduro deja de ser terrible para la Cuba de Raúl y Fidel Castro. La isla tiene como primera fuente de divisas la exportación de servicios médicos a través de unos 50.000 profesionales de la sanidad, quienes reportan a las arcas de su país unos 9.000 millones de dólares. Dentro de esta cifra, unos 6.000 millones corresponden a los pagos de Venezuela. Es casi el triple de lo que la mayor de las Antillas ingresa en divisas por turismo: poco más de 2.000 millones de dólares.

 

Venezuela proporciona además a Cuba, a precios de ganga, 100.000 barriles diarios de petróleo con los que las autoridades de la isla hacen un negocio suplementario al revender un 20% y obtener así otros 700 millones de dólares anuales.

 

Los acuerdos que sustentan tan originales intercambios pueden tener sus días contados si, como es previsible, el golpe que Maduro recibió ayer en las urnas hace entrar en barrena al sistema chavista.

 

China, Brasil, Rusia y Vietnam -y en segundo término España, el resto de la UE y los estados de la ribera del Caspio- son los países con los que Cuba viene multiplicando sus vínculos económicos para paliar el probable fallo de Venezuela, hoy su primer socio comercial. Pero, por obvias razones de tamaño, poderío y proximidad geográfica, es en Estados Unidos donde Cuba tiene cifradas sus mayores expectativas de oxigenación económica externa.

 

Si el acuerdo que La Habana y Washington firmaron hace un año para restablecer relaciones diplomáticas y trabajar por el fin del embargo se interpretó como una victoria del castrismo frente a la estrategia obsoleta y fracasada del imperio, el batacazo cosechado ayer por el segundo pupilo venezolano de Fidel Castro puede interpretarse como una indirecta pero dura derrota de los gobernantes de la isla. Como decía ayer un diplomático español con amplia experiencia en asuntos cubanos, con la pérdida del comodín venezolano Castro deja de tener una ventaja crucial en el póquer de la geoestrategia, en general, y en la partida con EE.UU. en particular.

 

Raúl Castro dio ayer una palmadita en la espalda al presidente venezolano, vía portada del Granma. Fue un mensaje breve; cálido en lo político y cortés en lo personal: “Estimado Maduro: He seguido, minuto a minuto, la extraordinaria batalla que han dado y escuché con admiración tus palabras. Estoy seguro de que vendrán nuevas victorias de la revolución bolivariana y chavista bajo tu dirección. Estaremos siempre junto a ustedes”.

 

La consigna oficial cubana es que en Venezuela se ha perdido una batalla pero no la guerra. La procesión tiene que ir por dentro.