Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La papa caliente

 

Rosa María Rodríguez Torrado, La Rosa Descalza

 

Se la pasa el hermano “más joven” (casi 80 años) de los Castro —y actual presidente de Cuba— tratando de gobernar y como jugando con una pelota; pasándosela de una mano a otra y describiendo una pequeña parábola en el proceso. Con el propósito de corroborar la estampa ante mis ojos tuve que acercarme mucho al televisor de mi imaginación para descubrir que no era una esfera de jugar, sino una humeante papa lo que tiene entre sus manos el dirigente cubano. ¡Sí!, ese tubérculo polígamo que tanto nos gusta y ayuda a comer y que está casado oficialmente con el Mc Donald, Burger King, etc., “se calienta más” con cada plato que se pierde en la mesa cubana, con cada niño o anciano, hombre o mujer sencillos, que no la ingieren por largos periodos debido a la indolencia, la mala gestión y administración gubernamentales. Y este no es un problema del presente, sino un fenómeno recurrente que se viene produciendo desde hace años y de forma general.

 

Mucho tuvo que esperar Raúl Castro para que“el hechicero” le cediera la paleta para revolver una olla a la que ya él le había echado todos sus ingredientes. Aún así, se aprecia que el benjamín de los hermanos ha asumido la responsabilidad con dedicación y ha lanzado alguna que otra “buena nueva” a la ciudadanía que inquietan un poco al gurú, al punto de que a cada rato “estira el brazo” para tratar de recuperar la espumadera, que se aleja de él cuánto más envejece y habla, y que es una carga casi imposible de soportar por una persona que ya no goza de salud. El viejo sabio supervisa, orienta, determina… y da la impresión de que cedió el puesto con condiciones y a regañadientes. Permite que su hermano revuelva el consomé, “pero sin agitarlo mucho” pues los componentes “se pueden precipitar” y eso, en su opinión, no es bueno. Aun así, ha lanzado conjuros que amenazan con la inamovilidad y reiteración del vitalicio menú y la sociedad se inquieta de “¿hasta cuándo?” y comienza a desesperarse mientras sueña con una Cuba mejor.

 

Evidentemente hay señales que confunden un poco a la sociedad cubana y a la opinión pública internacional; y es que a veces pareciera que es el líder histórico quién acciona los botones del fogón donde se cuece el dulce futuro de la patria y esconde bajo su chándal el libro de fórmulas que representa uno de sus tesoros, ¡como si a estas alturas de evidencias del fracasado modelo cubano a alguien le interesaran sus recetas! Pero lo más delicado y lamentable del asunto —muy serio para tirarlo a guasa— es ver cómo a veces publica largos esbozos reflexivos en los que parece desautorizar al actual mandatario.

 

Escribe que favoreció a tal cuadro o recomendó a otro —todos promovidos, para afianzar el éxito de su trámite— a las altas estructuras del poder. Esto compulsa a que muchos cubanos reflexionen al respecto: “si eso es con su hermano, ¡¿qué quedará para los demás?!”. También inflama cómo critica y resuelve teóricamente «los graves problemas de la humanidad» cuando los de Cuba están bien complicados. Creo que debiera emplear ese tiempo en replantearse algunos tópicos que pueden mejorar la calidad de vida de la población y en imaginar soluciones a la crisis actual, y desviar la diana —aunque sea temporalmente— de los Estados Unidos y aquellos cuyos gobiernos le hacen alguna crítica o señalamiento al modelo político y socioeconómico cubano; lo que ya muchos asimilan como un ejercicio de despiste para desviar el foco de los problemas nacionales que son los que primero deben preocuparnos y los llamados a solucionar en primer lugar para después, ocuparnos de ventilar esos mismos asuntos en el resto del mundo. Su experiencia pudiera aderezarla con una visión más constructiva y atenta al derecho para ayudar a este pueblo y a su hermano presidente. Hay además otra intención detrás de los mensajes desorientadores con relación a los máximos dirigentes de Cuba y a la relación y supuesta pugna entre ambos: ¿Dualidad? Hace tiempo que se hornean pastelitos de «golpe de estado fraternal» desde la élite del poder para distraer al mundo. Un dulce almibarado con pericia para buscar la solidaridad hacia el hermano menor de los Castro y, fundamentalmente, para ganar tiempo y seguridad ante las posibles agresiones reales o imaginarias del juez planetario que, por azares de la geografía y “azahares de la geopolítica”, es nuestro vecino. Pero es una golosina difícil de digerir y muy pocos parecen degustar ese bocado. Todas estas maniobras distractivas preocupan a la ciudadanía, porque son cincuentidós años de reiterar tácticas que les garanticen la permanencia en el poder a los dirigentes vitalicios. Opino que estos ardides forman parte de la estrategia de regalar tiempo de halagos a la vanidad del ícono y proporcionarle el placer de pasar a la posteridad como el duro, intransigente, estoico y una larga cola de etcéteras que piensa que, como es natural, engalanarán las referencias a su personalidad en los libros de texto, de historia y biografías que seguramente se reescribirán en todo el orbe. Pero todo el tiempo que ganan “los pícaros” de la clase alta, lo pierde esta sociedad. Es un proceso muy largo cuyos dirigentes han hecho de todo para mantenerse en el poder dejando una estela de “vale todo” y “el fin justifica las trampas” en su larga caminata.

 

Ese proceder ha permeado todos los estratos de la sociedad cubana y la responsabilidad de la clase gobernante en la crisis de valores actual es incuestionable e indiscutible. No es fácil entonces para el que representa la presidencia enfrentarse a un cofre corroído y herrumbroso del cual él tiene también responsabilidad, y si no tiene la llave, debe romperle definitivamente el candado para sacar todas las desesperanzas y frustraciones ciudadanas, evitar la violencia de la descalificación y trabajar con denuedo y dedicación por la felicidad de este sufrido pueblo, por el perfeccionamiento de un modelo de gobierno cada vez más justo que se preocupe por el bien de todos y no solamente en cómo mantener los privilegios y las influencias del grupo en el poder.