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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La nueva burguesía en Cuba

 

Manejan automóviles lujosos, van de vacaciones a balnearios y envían a sus hijos a estudiar al exterior

 

Iván García, especial para Diario Las Américas

 

LA HABANA.- Tienen poco que envidiarles a sus homólogos capitalistas. La diferencia es de discursos y de tratados filosóficos. Estos “anticapitalistas criollos” estudiaron manuales de marxismo y hablan en nombre de los pobres.

 

Pero muchos viven a todo trapo. En horario laboral visten calurosos uniformes diseñados por algún sádico sastre de la desaparecida Unión Soviética. Hace 25 años se movían en Ladas de factura rusa con gomas y equipos de música capitalistas. Se hacían notar. Eran diferentes. E intocables los altos cargos.

 

Los militares colocaban sus gorras en la parte trasera del vehículo, para que la policía de tránsito no los detuviera si cometían una infracción. Las leyes a cumplir era un asunto de los otros. Los únicos que podían destituirlos, castigarlos, encarcelarlos o fusilarlos eran los Castro. Por ese entonces vivían en las antiguas residencias de la burguesía y clase media habanera, en los repartos Siboney, Miramar, Nuevo Vedado, Fontanar y Casino Deportivo.

 

Tenían más de un auto y la casa con muebles de Ikea, cocinas eléctricas, refrigerador made in USA, televisores Sony, aire acondicionados de Corea del Sur y grabadoras Philips.

 

Hacían tres comidas suculentas al día y una vez a la semana leían reportes de la prensa occidental, condensados para los dirigentes por el Departamento de Orientación Revolucionaria del partido comunista.

 

En las vacaciones iban de turistas a una república báltica de la antigua URSS o caminaba despreocupados por la Plaza Wenceslao de Praga. También viajaban al balneario de Varadero cada vez que se les antojaba.

 

Tomaban cerveza checa, whisky, fumaban habanos de exportación y en su billetera portaban dólares estadounidenses, prohibidos en esa época.

 

A los ministros y jerarcas militares les gustaba vestirse como los pijos de Madrid o la jet set de Nueva York, con jean Levi’s 501 y gafas polarizadas Ray-Ban.

 

En los años duros del “período especial”, mientras la plebe que los aplaudía pasaba hambre, enfermaba por desnutrición, sufría apagones de 12 horas y andaba en bicicleta, la burguesía revolucionaria mantuvo su alto nivel de vida.

 

Tenían plantas eléctricas en sus casas, hacían sonadas fiestas y nunca probaron los “alimentos” concebidos por el comandante en jefe para el cubano de a pie, como el “picadillo de soya”, la “masa cárnica” y el “cerelac”.

 

Y en este siglo XXI, son empresarios de éxito. De las fuerzas armadas y el Ministerio del Interior se nutren los diversos negocios montados con socios capitalistas. También la industria creada a partir de las remesas familiares enviadas desde el exterior.

 

Ese mercado cautivo y absurdo, que provoca que los cubanos tengamos que pagar con otra moneda desde una botella de aceite a un ventilador, lo maneja un holding de empresas creadas por militares.

 

Ya las maniobras para enfrentar una supuesta invasión yanqui van siendo menos. Las añejas armas rusas se oxidan en refugios subterráneos construidos en los años 80, cuando según el gobierno era inminente una agresión del “enemigo”.

 

La nueva burguesía criolla apuesta más por los negocios. Asesoran a los camaradas de Chávez y ocupan cargos en alguna embajada europea. Ya los Ladas ruso no están de moda. Ahora se presume mejor con un Audi o jeep Hummer.

 

El béisbol nacional les aburre. Por la antena, prefieren ver en vivo juegos de las Grandes Ligas, los partidos de fútbol de la Champions, los playoffs de la NBA y jugar golf.

 

También cazan torcazas en un coto exclusivo, cenan como si vivieran en Londres o París, tienen internet en casa y por Skype hacen videoconferencias de trabajo o charlan con sus hijos en La Florida.

 

Los vástagos de la burguesía revolucionaria han estudiado en universidades élites de Estados Unidos y Europa. Otros, más parecidos a su tiempo que a sus padres, viven en el exilio.

 

De noche, la casta burguesa se mueve por los restaurantes caros donde mejor se come en La Habana y por las discotecas de moda. Visten con ropa de marcas conocidas, tal vez facturadas en lúgubres maquilas de Bangladesh. Usan perfumes franceses y relojes suizos.

 

De día participan en actos revolucionarios con guayaberas blancas. Exigen productividad y sacrificio. Hablan de un socialismo próspero y sustentable. Condenan al imperialismo yanqui. Piden al pueblo su colaboración para acabar con la corrupción galopante.

 

A la burguesía verde olivo le encanta hacer revolución desde una tribuna.