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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La Novena Sinfonía de la UPEC

 

Orlando Delgado, La Habana, en Diario de Cuba

 

Viejos y sucios estanquillos en los cuales solo se ven colas de ancianos: que este sea el público lector de la prensa oficial da la medida de la credibilidad de esos diarios.

 

El periodismo oficialista celebró su IX Congreso. Al descubierto quedaron, a pesar de los editados reportes oficiales, las inmensas grietas de los medios de comunicación al servicio de la maquinaria propagandística de los hermanos Castro. Al menos esa fue la impresión de lo que trascendió públicamente sobre este insulso cónclave. En él, los periodistas "revolucionarios" aprovecharon la cita para mostrar un pliego de demandas a los más altos jerarcas del Partido Comunista en la nueva figura de Miguel Díaz-Canel.

 

Periodistas y fotorreporteros hablaron de la insuficiencia del salario para poder vestirse adecuadamente y la obsolescencia del parque tecnológico de casi todos los medios, dotados en su mayoría de viejas computadoras, antiquísimas impresoras de cinta y una lenta conexión a internet. Reclamaron, ante todo, revertir esa situación que los coloca en una situación muy desfavorable de cara a la "batalla" que deben dar frente a "los medios de comunicación occidentales" en su sempiterna "guerra contra el terrorismo mediático".

 

En la nueva era digital, las redes sociales, el llamado periodismo ciudadano y la activa blogosfera alternativa le ponen a los medios oficiales de comunicación la tarea cuesta arriba, muy a pesar de nuestra escasa conexión a la web, debido a que los medios oficiales muestran un pobre desarrollo tecnológico y un rezagado posicionamiento en internet, en ello mucho tiene que ver su lenguaje meramente propagandístico, dedicado exclusivamente a tratar de maquillar el desastre económico en que nos ha sumido el castrismo en su más de medio siglo de existencia.

 

Quien se tome el trabajo de revisar y leer las actas de los ocho congresos anteriores notará que los temas se repiten una y otra vez, son como una vieja ropa desempolvada cíclicamente de congreso en congreso. Uno de los periodistas de Granma hubo de reconocerlo: "Y salió el tema de que llevamos discutiendo los mismos asuntos en cada congreso, sin resolverse, y que la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) debería dejar claras sus líneas de trabajo presentadas ante el plenario".

 

No hay ni habrá casualidades, entre  el primero y el último evento del oficialismo hay muy pocas diferencias, porque el caduco sistema de prensa se mantiene incólume, por lo cual cualquier sugerencia para hacer más fresca y ágil la prensa cubana está viciado por una mordaza insuperable: debe concebirse "dentro de la Revolución" y como la "Revolución" murió hace mucho tiempo, todas las demandas o sugerencias del eufemísticamente llamado "periodismo revolucionario" caerán eternamente en saco roto.

Del derecho más importante que tiene un periodista -la libertad de expresión- no se habló en el congreso de la UPEC, totalmente controlado por el oscurantista Departamento Ideológico del Partido Comunista y a quien le debe fidelidad absoluta, no al pueblo, como proclama cínicamente en su portada dominical Juventud Rebelde.

 

El castrismo ha sumido en un descrédito muy difícil de revertir a una arriesgada y apasionante profesión en un país con una tradición de grandes periodistas y que poseía antes de 1959 una variedad de diarios dotados de las más modernas tecnologías para la época. Si el régimen de Batista impuso en varias ocasiones la censura y clausuró alguno que otro periódico abiertamente antibatistiano, con la llegada de Castro al poder y la imposición de una dictadura comunista se pasó de la censura autocrática a la censura totalitaria y la eliminación de toda prensa independiente, uno de los elementos básicos de cualquier sistema democrático.

 

Hoy la prensa cubana se enfrenta al triste espectáculo de viejos y sucios estanquillos perennemente vacíos, en los cuales solo se ve una pequeña cola de ancianos para comprar la exigua prensa oficial. Que sea este el público lector de Granma o Juventud Rebelde es un fiel reflejo de la credibilidad de esos diarios, es de esa manera que el buen lector le hace plena justicia poética a su contenido.

 

Como era de esperar, en la sesión final los periodistas ratificaron su total adhesión al régimen, a insistir en la libertad de los espías presos y a seguir "combatiendo" al "imperialismo". En el discurso de clausura Miguel Díaz-Canel, la nueva cara de la dictadura, convocó, en el colmo del cinismo, a seguir "denunciando los mitos e hipocresía de la democracia y la libertad de prensa", con lo cual sepultó cualquier esperanza de cambio y ratificó que el neocastrismo aspira a transmutarse en su mediocre figura.

 

Ante tanta afrenta el periodismo independiente debe continuar su labor para que germine la siempre fértil semilla de la libertad en nuestra tierra y termine, más temprano que tarde, nuestra tragedia nacional.