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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La negación del fidelismo

 

La reanudación de relaciones con EEUU será favorable para la democratización de Cuba, pero esta dependerá de la voluntad de los cubanos.

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

De espalda a la historia de los conflictos, Cuba y Estados Unidos trataron de imponer su política mediante la confrontación, para después del naufragio encallar en la mesa de negociaciones. Optaron por la guerra como continuación de la política para regresar a la política en sustitución de la guerra: los presidentes de ambas naciones han anunciado la disposición de normalizar las relaciones que estuvieron suspendidas desde 1961.

 

La esperanzadora noticia ha generado una gama de criterios que varía desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar. Unos consideran que los cambios ya están caminando y otros dudan de la intención del Gobierno cubano o de los republicanos estadounidenses. Algunos, entre los que me encuentro, pensamos que la reanudación de relaciones será favorable para la democratización de Cuba que, aunque difícil y prolongada, será posible. Es un optimismo fundamentado en seis argumentos.

 

Primero. El discurso del presidente estadounidense se aparta de la anterior exigencia de primero democratizar a Cuba para luego suspender el embargo. En su lugar propone un paquete de medidas que coadyuvarían al empoderamiento ciudadano como antesala de una discusión en el Congreso para derogar la Ley. Con ese giro desaparece tanto el "enemigo" como la "plaza sitiada". Por la parte cubana, la tesis del fidelismo, de que Cuba ya cambió en 1959 y por tanto no hay nada que cambiar, ha dado paso a la visión del raulismo, dispuesto a cambiar algunas cosas.

 

Segundo. El giro de Estados Unidos responde al fracaso de la política dirigida a promover cambios en Cuba y al autoaislamiento "regional e internacional" ocasionado por esa práctica. El de Cuba, presentado como una victoria, revela el fracaso en la gestión económica, los magros resultados de las reformas, el éxodo, la corrupción generalizada y el creciente descontento, en un momento en que la fragilidad de las subvenciones de Venezuela se han puesto a la orden del día y en que no se divisa un nuevo padrino.

 

Tercero. El paquete de medidas de la Casa Blanca plantea la ampliación de los permisos generales de viaje a Cuba, capacitación comercial a las empresas privadas cubanas y a los pequeños agricultores, aumento del monto de las remesas de donativos para cubanos y para proyectos humanitarios, la expansión de ventas y exportaciones comerciales de bienes y servicios desde Estados Unidos incluyendo al sector privado cubano, el incremento del acceso de Cuba a las comunicaciones y la capacidad para comunicarse de manera libre, y la permisibilidad a los proveedores norteamericanos para proporcionar telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos. Esas medidas favorecen al naciente sector privado, mejoran las condiciones en materia de derechos humano e influyen en la implementación de reformas democráticas y de medidas dirigidas a remontar la crisis actual. Constituyen, por tanto, una forma de promover la democracia, el resurgimiento de la sociedad civil y las libertades fundamentales.

 

Cuarto. La disposición expresada, de un lado, por el mandatario cubano desde que asumió la dirección del Estado en 2006 respecto a normalizar las relaciones con Estados Unidos y algunas medidas internas como la reforma de las medidas migratorias. De otro lado las medidas de flexibilización implementadas por el presidente norteamericano desde 2009, trillaron el camino que condujo a la decisión conjunta anunciada el pasado 17 de diciembre.

 

Quinto. Las medidas de la Casa Blanca apuntan a cambios ordenados y pacíficos. Esa política constituye una garantía a los que detentan el poder, que son responsables de todo lo bueno y lo malo ocurrido en tan largo período de tiempo. De todas formas, pienso que el Gobierno de Cuba tratará de lentificar el proceso, pero consciente de que no puede evitarlo, pues ante una salida violenta todos serán perdedores. La democratización organizada garantiza la estabilidad y el futuro de la nación cubana.

 

Sexto. Cuba logró movilizar a personalidades, instituciones y gobiernos para derogar el embargo. Varias figuras latinoamericanas intervinieron o sirvieron de mensajeros, Canadá y el Vaticano desempeñaron un destacado papel. Una vez desaparecido el enemigo y la plaza sitiada, el discurso anterior pierde todo sentido. Esas fuerzas comprometidas esperan, en respuesta al discurso de Obama, cambios al interior de Cuba. Negarse implicaría la pérdida del apoyo hasta ahora logrado.

 

Todo depende de nuestra voluntad como cubanos

 

Para evaluar el alcance de las medidas basta analizar el estancamiento y retroceso sufrido durante la confrontación: desaparición de la sociedad civil, ausencia de las libertades fundamentales, subordinación de la economía a la política y pérdida de la condición de ciudadano, entre otros males.

 

Como los conflictos externos desmovilizan los conflictos internos, la confrontación fue utilizada para eludir cualquier compromiso con los derechos humanos. De resultar las negociaciones, al paso que las medidas mencionadas comiencen a surtir efecto, la contradicción exterior será desplazada gradualmente por la contradicción entre pueblo y Gobierno. Lo que ocurra de ahí en lo adelante será responsabilidad única y exclusivamente de los cubanos.

 

Las dudas acerca de que la normalización de las relaciones recibirá una patada en la mesa de negociaciones carecen de fundamento en las actuales condiciones. Las evasiones anteriores estuvieron respaldadas por las subvenciones de la Unión Soviética y de Venezuela. La primera desaparecida, la segunda en franca bancarrota. A lo que se unen los pocos resultados en la atracción de capital foráneo y la imposibilidad de que aparezca un nuevo padrino.

 

Se trata de un hecho sin antecedentes en la historia. Un Gobierno que arribó al poder por las armas y a pesar de una ineficiencia sostenida en la gestión económica, después de 55 años, ha encabezado los cambios, sin que ninguna persona, grupo o partido lograra convertirse en fuente alternativa de poder. Bajo una aparente continuidad se trata de la negación del fidelismo en nombre del fidelismo. Una singularidad que requiere de  muchos análisis, debates e investigaciones, que expliquen el por qué un país de matriz occidental, cuya sociedad civil debutó desde la segunda mitad del siglo y a mediados del siglo XX contaba con una de las constituciones más avanzadas para su época, pudo retroceder hasta el deterioro económico y espiritual de la sociedad cubana.

 

La normalización de las relaciones, aunque importante, no pasa de ser un primer paso. La suspensión del embargo ahora depende más del Gobierno cubano que de Estados Unidos. Se impone transitar de la disposición expresada a la implantación de medidas que complementen el empoderamiento ciudadano y debiliten la oposición a la derogación de la Ley en el Congreso. De no hacerlo se favorecerá a los enemigos de la normalización. Así de sencillo: el levantamiento del embargo está en manos de Cuba, en las medidas internas que se implementen a favor de los cubanos.

 

Salvado ese difícil escollo, se abrirá un proceso de transformaciones graduales y civilizadas, cuyo resultado dependerán entonces de la disposición de los cubanos; un pueblo que despojado de las libertades y de los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdió la noción de responsabilidad cívica, pero que ahora no puede eludirla.

 

El escenario emergente permitirá ir removiendo las bases que decidieron la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por esa razón, la trascendencia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende, hasta cierto punto, de la conducta de ambos gobiernos, pero ante todo de la voluntad y conducta de los cubanos, algo que no puede ser asumido por ningún gobierno foráneo o nacional.