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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La moral del sobreviviente

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

Hablar de corrupción en Cuba es hablar de un pronunciado deterioro ético que, a partir de 1959, se ha trasladado de la esfera político-administrativa a todas las relaciones sociales.

 

En la reunión ampliada del Consejo de Ministros, celebrada el pasado viernes 13 de mayo, el titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera informó sobre las irregularidades detectadas en el funcionamiento de negocios con capital extranjero y contratos internacionales; el ministro de Economía y Planificación habló de las irregularidades y manifestaciones delictivas en la comercialización de los combustibles; mientras la Contralora General de la República reconoció que, aunque hay mejoría en las evaluaciones con respecto a comprobaciones anteriores, persisten serios problemas y vulnerabilidades.

 

Un análisis objetivo acerca del tema debe comenzar por desterrar el empleo de eufemismos para edulcorar la realidad. No se trata de irregularidades sino de un pronunciado deterioro ético, de corrupción, que si bien no surgió después de 1959 fue después de esta fecha que se trasladó de la esfera político-administrativa a todas las relaciones sociales, hasta convertirse en cultura y actuar como freno de los propios proyectos gubernamentales. Ese fenómeno, que se inició por la economía hasta alcanzar la espiritualidad de los cubanos, es uno de los factores que demuestra el carácter estructural de la actual crisis y explica los fracasos en los intentos por superarla con cambios limitados a la economía.

 

Entre los factores que condicionaron esa realidad está la desaparición de las decenas de miles de propietarios que existían y su sustitución por "jefes", la absolutización de la  "propiedad de todo el pueblo" y la insuficiencia del salario y las jubilaciones; una combinación de agentes nocivos que han conducido al robo, al hurto, al cohecho y al engaño para sobrevivir. Resulta así porque la moral es un conjunto de normas de conducta admitidas socialmente, que cambian en dependencia de fines, intereses y condiciones sociales, por tanto la sobrevivencia es una forma de la moral emergida de la profunda crisis estructural en que estamos inmersos.

 

Los cambios que se están implementando en Cuba bajo el rótulo de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido Comunista, tropiezan con la peor situación respecto a conducta moral que haya conocido nuestra historia. La sobrevivencia, resultado de múltiples frustraciones, ha generado desinterés, desesperanza y escapismo reflejados en una moral que emplea un vocabulario patriótico con contenidos distintos. Ahora la lucha, no designa el propósito de abolir la esclavitud, alcanzar la independencia o derrocar la tiranía, sino sobrevivir; tampoco se trata de "Libertad o Muerte" o "Patria o Muerte", sino de "Vida o Muerte", que es la consigna del sobreviviente.

 

La explicación de lo anterior radica en que lo primero moral y humano es la conservación de la vida y cuando las condiciones sociales cierran toda posibilidad de realización, las personas tienen solo dos caminos: renunciar a la vida o sobrevivir. Es así que a la insuficiencia de los salarios, los cubanos respondieron con actividades al margen de la ley; a la imposibilidad de ser empresarios, con la vía Estaticular, es decir, gastos del Estado y utilidades del particular; al desabastecimiento, con el robo al Estado, que en definitiva es la propiedad "de todo el pueblo"; al cierre de todas las posibilidades con el escape al exilio; a los llamados ideológicos, con la apatía; mientras los verbos escapar, luchar y resolver, designan las acciones para adquirir lo necesario "adicional", es decir, para sobrevivir.

 

El periodismo oficial no busca las causas

 

Ante esa obstinada realidad, el Estado se limitó a la represión: más policías, vigilancia, restricciones e inspectores; acciones todas sobre los efectos sin tomar en cuenta las causas, entre ella el giro hacia el totalitarismo que borró al ciudadano del escenario cubano. Pero lo que llama fuertemente la atención, como podemos ver en la siguiente y minúscula muestra de artículos, es la insistencia a lo largo de los años en los efectos y el desconocimiento de las causas:

 

El 22 de mayo de 2001 el diario Juventud Rebelde publicó "El cazador de engaños", referido a un inspector popular encargado de detectar las violaciones en la calidad, el peso, los precios y la venta de artículos ajenos a la unidad. Según este inspector cuando ponía en evidencia el delito delante del infractor, algunos consumidores se molestaban y defendían a su propio victimario. Es decir, las "víctimas" defendían a sus victimarios; un hecho demostrativo de la aceptación social de la moral del sobreviviente.

 

El Granma del sábado 28 de noviembre de 2003 publicó "Violaciones de precios y la batalla de nunca acabar", en el que una funcionaria de la Dirección de Supervisión de Precios del Ministerio de Finanzas, expresó que en los primeros ocho meses de ese año, en el 36% de los establecimientos inspeccionados encontraron irregularidades; en el caso de los mercados, ferias, placitas y puntos de venta agropecuarios, el índice estuvo por encima del 47%, y en gastronomía alcanzó el 50%.

 

El Granma del sábado 24 de diciembre de 2005, informó que en la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Pedro Ross, entonces Secretario General de la CTC, dijo: "hay trabajadores que reaccionan, pero otros no y siguen justificando el robo y otras conductas indebidas".

 

El Granma del lunes 16 de febrero de 2007 en "Caníbales en las torres", abordó el robo de los angulares que sostienen las redes de transmisión eléctrica de alta tensión. En 2004 desaparecieron 1.648 angulares en la red de 220 mil voltios y 545 en la de 100 mil; en 2005 se robaron 532 y 544 respectivamente; en 2006, después de reforzar la vigilancia, aplicar medidas técnicas y  sanciones, desaparecieron 267 y 1.827. Solo hubo disminución en la red de 220 mil porque se soldaron los tornillos hasta los 6 metros de altura, pero luego los osados luchadores subían por encima de esa altura. De igual forma se comportó el robo de los cables conductores, para vender el aluminio y el cobre contenido en los mismos.

 

El viernes 26 de octubre de 2010 Granma publicó "El precio de la indolencia". Resulta que en el municipio de Corralillo, en Villa Clara, se edificaron más de 300 viviendas con materiales y recursos sustraídos. En 240 de las viviendas inspeccionadas se habían empleado 9.631 metros de carriles y en el 82% se emplearon raíles de las vías, procedentes del Ministerio de Azúcar, para lo cual se desarticularon 25 kilómetros de líneas férreas y se emplearon 59 angulares de las torres de alta tensión.

 

Más reciente, Juventud Rebelde de los días 19 y 26 de febrero de 2012, en una entrevista realizada, la Contralora de la República dijo: "Por nuestra experiencia, las causas de la corrupción van desde el hecho de que no había control de los contratos, porque el que tenía que hacerlo no lo hizo, y el que tenía que revisarlo tampoco lo revisó, o si lo revisó no lo hizo con profundidad".

 

Y a todo esto habría que añadir el desvío constante de recursos, los innumerables procesos judiciales, incluso contra altos funcionarios gubernamentales.

 

Lo que no han hecho ni Granma ni Juventud Rebelde ha sido establecer, desde el periodismo, la relación existente entre, de un lado la corrupción y de otro lado la propiedad estatal absoluta, la pobreza de los salarios y la imposibilidad de ser empresarios. De haberlo hecho hubieran demostrado la inutilidad de la represión si no se acompaña de las medidas para atacar las causas, pues, vigilantes, policías, inspectores simples, inspectores integrales o inspectores de inspectores, son cubanos con las mismas necesidades que el resto de la población y, por tanto, practicantes de la moral predominante.

 

Para cambiar el rumbo de los acontecimientos habrá que extender, aunque ya con bastante retraso, los cambios económicos al resto de las esferas sociales, lo que implica volver la mirada hacia las libertades ciudadanas, sin las cuales resultará imposible la conformación y el predominio de la conducta cívica que requiere el presente y futuro de Cuba.