Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La miel del poder, las reformas… ¿y la heredad?

 

Rosa María Rodríguez Torrado, La Habana, en Gaceta de Cuba.com

Ante las disímiles y legítimas preocupaciones que muestra una gran parte de la sociedad con relación a las medidas que se perfilan en el futuro económico y social cubano, ofrezco mi opinión, pues la indiferencia, la incredulidad, así como la indolencia y preocupación ciudadanas merecen la atención de todos. Existen dudas en sectores de la población acerca de la intención real de parte del gobierno de introducir reformas. Es cierto que existe un programa pendiente de analizar en el venidero congreso, que ha sido publicado y que será “discutido y analizado” desde la base, pero la desconfianza acerca de que el mismo redunde en beneficio de la sociedad y coadyuve a su solvencia económica y felicidad corona de escepticismo el proyecto antes del parto. ¡Hay tantas promesas incumplidas y anuncios de rectificaciones no rectificadas! que ya la desconfianza se ha enseñoreado e instalado en una buena parte de nuestros conciudadanos.

Mi experiencia en estos tópicos se enriqueció y reafirmó recientemente durante un ameno y fructífero intercambio con un amplio y heterogéneo grupo de personas. Algunos partieron del espíritu triunfalista que pretende infundirle a la alta dirección del país la valiente decisión de llevar a cabo estas propuestas o lineamientos y de la falta de crítica que expresa: ¿este es el sistema que han catalogado de “modelo” y ejemplo a imitar? Si hay que reformarlo es porque admiten que no marchaba bien o que sencillamente, no marchaba, lo que implica un fracaso; pero eso no es lo que han dicho hasta ahora, sin embargo, es algo que muchos saben desde hace tiempo. Este “modelo de ineficiencia y antidemocracia” ha relegado durante décadas las necesidades y demandas de la población y han acercado el oído hacia las necesidades de intereses foráneos para priorizarlos, desdeñando así los de sus compatriotas del archipiélago. ¿Por qué no hicieron antes las reformas? ¿Por qué ahora sí? Pasaron más de dos horas en que no siempre se mantuvo el tono, muchos se indignaban acerca de si sería otra publicidad demagógica como aquella de la “rectificación de errores y tendencias negativas” de los 80s, que fue sucedido por el autobombado “perfeccionamiento empresarial” —que duró hasta el principio de este decenio— y que todos pasaron a conformar el amplio y exitoso (para ellos) catálogo de “Los cuentos de la Buena Pipa” que ha caracterizado al floating de los dirigentes históricos en la cima inamovible de la «reinvolución». Así, en el grupo hubo consenso en lo definimos incuestionable: el reconocimiento de que el actual modelo fracasó y que la actualización del mismo que plantea la dirección del país es un acto de sobrevivencia de los que paladean y han degustado durante medio siglo de la miel del poder y no un gesto justiciero hacia la sociedad cubana.

Un breve y leve repaso al pasado

No olvidamos (no podemos ni debemos) que los tiempos monocromáticos de demagógicas consignas y la letanía musicalizada y mareante sobre la escalada al «Olimpo de los proletarios», fue el villancico hit parade de una época. Se buscaba el afianzamiento en el poder, y era necesario deslumbrar a los pobres —los más— enfrentándolos “a los oligarcas explotadores” o propietarios de latifundios, monopolios, consorcios y hasta de pequeños negocios —que eran y son minoría en las sociedades— para enviar el mensaje al mundo de revolución popular. Por ello, hasta una alegoría poética era vista como sospechosa manifestación de debilidad burguesa en momentos de remango, pesca sin caña y “socialismo con pachanga”. Pensar diferente quedaba prohibido por decreto.

Siempre me he preguntado por qué nos entregamos a filo a un patrón que perseguía a los poetas con prosa y metáforas independientes y enviaba a “(…) los potros de bárbaros atilas” a cazarlos. Si César Vallejo y Roque Dalton estuvieran materializados, quizás hubieran sido más honestos al reconocerse errados y observar cómo el comunismo (léase capitalismo de estado; siempre metamorfosea igual) ha demostrado ser “una aspirina del tamaño de… ¡una aspirina!”; nada espectacular. Por ello el invento ideológico cubano ni se acercó a lo que alegaba era su propósito inicial más elevado y humanista. El caudillismo fue la estratagema para inyectar de leyes prohibitivas las arterias de la sociedad con el centralizador y mouseabundo propósito de someterla. A golpe de teque rosa y látigo rojo manipularon a los trabajadores y desempinando la nariz, vestían una camisa de mangas cortas y tomaban el ascensor de la demagogia para “bajar” al proletariado y palpar la «participación cívica» en el proceso. ¿Cuál participación? ¡La originada desde una percepción esclavizante: trabaja para mí sin derechos ni demandas! Con frases precocidas al carbón de la picardía, han mantenido un discurso de concurso; y no de participación, sino de ventajas generalmente para ellos, no para la comunidad nacional. De esa forma les usurparon todas las conquistas que habían obtenido frente a sus antiguos patronos capitalistas y hoy les escuchamos afirmar, con desfachatez, que la clase obrera las cedió por formar parte del actual gobierno del pueblo.

Parece que la élite regente (¿o burguesía dirigente acaso?) tienen su visión con la que interpretan la realidad cubana y un idioma —¿glosolalia de Pentecostés?— diferente del resto de la sociedad, pues hace años que se comunican con un lenguaje que pocos parecen entender. ¡Ni qué decir de la plusvalía que hace más de medio siglo le han quitado a la masa trabajadora nacional!

El pasado más reciente

Una (h)ojeada recordatoria nos lleva de la mano de comentarios que no siempre son gratos —aunque necesarios para partir de la honestidad al hacer un análisis lo más certero posible—; de quiénes somos y qué hemos alcanzado después de varias décadas de sacrificio. Es una mirada crítico-constructiva, esbozada desde la lectura realista u honesta, pero con sentimientos nuevos, priorizando siempre que el espíritu que debe animarnos es la solución y no la polución de los problemas; así nos llegan algunos cuestionamientos que son válidos reflejar aquí.

Todos hemos sido sorprendidos e inesperados testigos de los comentarios críticos de parte de rectores del gobierno hacia la población. Resulta que ahora “somos pichones con el pico abierto esperando a que nos traigan la comida”, pero Dios mío ¿de dónde salió esta concepción? ¿En dónde viven los gobernantes? ¿No fueron ellos los que le quitaron (nacionalizaron) el puesto de frita a Pepe, la zapatería a Pancho, las herramientas de fontanería (plomería) a Juan o la lavandería a Kung fu? La lista de ejemplos pudiera tener el largo de cincuenta años de indefensión. Comenzaron por los grandes propietarios acusándolos de monopolio y terminaron con el cubano sencillo que vendía churros empujando un modesto carrito con su fuerza de voluntad. Es que por entonces se perseguía someter al ciudadano con el nada loable propósito de hacerlo un súbdito dependiente económicamente del Estado. Ese lo ha sido y es hasta hoy, aunque lo hayan disfrazado de paternalismo; un hegemónico empeño de dominación y supeditación que en esta era digital queda rezagada y condenada por el pragmatismo de la globalización, los libertarios clics de la internet y los avances tecnológicos en general.

Pudiera pensarse entonces que el precio por haber elevado el nivel de instrucción de la sociedad o haberla “compulsado a pensar” es que se debe hacer solamente en lo que conviene a la institución del estado; y siempre con la patriótica, democrática y desinteresada intención de la permanencia en el poder de los líderes históricos.

Reinvolución dentro de la revolución: la hora presente

Pasan las décadas y Cuba parece una foto que envejece; los dirigentes del Estado también, pero la forma de imponer normas y aplicar disciplina permanecen tan coercitivas y vigorosas como antaño. Los cubanos mordemos pequeños ribetes de libertad gracias al desarrollo, la modernidad, a las demandas siempre crecientes de la sociedad y a su interacción con personas o grupos de otros países, no a la voluntad estatal. Es un pequeño margen ganado a contrapelo de las autoridades y que han inducido al estado a un reanálisis y reenfoque de las circunstancias actuales en pro de “mantener todo lo que debe ser mantenido”, para no poner en peligro a la revolución, o sea, su status.

De esa forma nos imponen sus reformas. El hecho del estancamiento político, económico y social adonde han llevado a Cuba, en comparación con el ritmo y nivel social internacionales (modernidad) suponen, per se, una involución. Muchas veces tenemos la sensación de que el resto del mundo se mueve o traslada en avión y nosotros a pie. Y es que hace mucho tiempo se debieron haber tomado medidas, pero la tozudez gubernamental y el temor a la pérdida de control, o la contradicción con lo que han propugnado hasta ahora y fundamentalmente sumados a su ineptitud e indolencia, al igual que la ineficiencia e inviabilidad del modelo, han estirado tanto la liga que está a punto de partirse. De cualquier forma, la falta de autocrítica por parte de la dirección del país de que el modelo actual fracasó es la típica rúbrica de su decursar que no debiera indignar a todos los que seguido sus trazas accionantes y discursivas de más de diez lustros.

La intocabilidad gubernativa con sus malas políticas en casi todos los rubros, así como las aplicaciones de las mismas, han demostrado la caducidad del prototipo ideológico que defienden. ¿Quiénes son los responsables del descalabro económico y social en nuestro hogar nacional? La confección del «Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social», es una muestra más de la arrogancia que caracteriza a la directiva del gobierno: ¿Por qué introducen reformas ahora y no hace uno o dos decenios atrás? Las directivas que ahora están en manos de muchos fueron redactadas por una élite comprometida con los dirigentes (o por ellos mismos) que son, a fin de síntesis, los autores de la crisis actual. Por supuesto que apoyamos cualquier intento de cambiar lo que obstaculice o frene el desarrollo y bienestar de la sociedad y su desenvolvimiento en el contexto nacional; pero la mentalidad autoritaria y controladora de los cabecillas del gobierno, coarta el buen desempeño de cualquier tentativa de reales reformas, que serían las que hay que introducir en la sociedad actual. A eso hay que sumarle que no proponen reformas sustanciales, ya que obviaron asuntos medulares como los derechos humanos, la libertad de expresión y asociación que son la pilastra sobre la que se sustenta cualquier propuesta de reformas para que sea verdadera y no un carrusel de feria ideologizante para ellos continuar ganando tiempo. No son tiempos de paños tibios y hay que reformar “todo lo que debe ser reformado” para permitirle a los cubanos que edifiquen con libertad sus propios sueños, que aunque no sean perfectos tengan al menos la posibilidad de disfrutar de todo lo que les ha sido arrebatado so pretexto de una ideología.

También el derecho a la propiedad debe ser tratado sin prejuicios ni pseudopaternalismos y se debe permitir la participación de los cubanos del patio en los procesos inversionistas, algo de lo que hemos sido excluidos hasta hoy. En fin, ha sido tan larga la permanencia en el poder, y el número de problemas acumulados es tan elevado, que amerita cambios en lugar de reformas, y no únicamente en lo económico y social, como propone la dirección del gobierno, sino integrales. El modelo es inactualizable, y lleva muchos años sustentado a fuerza de control y de obediencia debida.

Vuelvo a recordar cómo en el productivo intercambio que tuve con el grupo en que interactuaba, hubo consenso con relación a que siempre se ha priorizado el mantenimiento del sistema sin importar el coste humano ni económico. Entonces, ¿dónde está el humanismo del que blasonan? ¿Por qué obligar a esta sociedad a sufrir y a resistir en lugar de reconocerles los derechos a los ciudadanos? Nos dieron educación y salud pública gratuitas (hoy también en crisis) y resultó ser una condición sine qua non —que en la modernidad resulta una extorsión— para desconocernos los demás derechos.

Vale destacar en este punto cómo aún se está trabajando en la instalación de un cable de fibra óptica desde Venezuela para el acceso a internet por banda ancha y ya han afirmado que será “para uso social”, lo cual determinan ellos, claro está. Y aquí apuntamos como clave para el desarrollo el libre acceso a la información a través de la megarred que es internet y a otras autopistas tecnológicas, y lo ineludible que resulta para el avance y sano desempeño de la civilidad social la liberalización o despenalización de las mismas.

Alguien entonces acotó que parece que la pretensión del mando de gobierno ha sido el que los capitalistas le subvencionen sus planes para hacer la revolución contra ellos. ¿Si quieren financiamiento capitalista, que es algo que piden públicamente, por qué perseverar en el sistema socialista?

Volvimos entonces mis amigos y yo a lo que pensamos que es la encrucijada que siempre han querido eludir los dirigentes históricos cubanos, pues implicaría democracia y, por tanto, alternancia en el poder. Por ello concluimos que ese punto también es medular y atentativo contra el desarrollo.

A los que esperan que los lineamientos sean la medicina para curar los problemas del fracasado modelo cubano, les recomiendo fijarse en la etiqueta para que lean que ha caducado antes de su aplicación. Aun así reafirmamos que es positivo el escenario de debate que genera desde ya y las expectativas que siembra en los cubanos que vivimos en el archipiélago. Creemos que es posible que su puesta en práctica produzca nuevos y mejores retos que conciten otras nuevas medidas que a su vez coadyuven a la necesaria e inevitable democratización de la sociedad. La famosa teoría de la vuelta a la tuerca…