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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La mesa vacía

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Nuevamente el general-presidente de Cuba ha ofrecido su gastronomía política al presidente estadounidense. “La mesa está servida…”, dijo un Raúl Castro que apareció errático e incongruente sobre la tribuna este 26 de julio, como si se le hubiese pasado la mano con el ron a la hora de preparar su carajillo matutino. Reía sus propios malos chistes, como cualquier borrachín de esquina, alternándolos con patéticas bravatas. Las presentaciones públicas de los dirigentes cubanos son un verdadero bochorno para la nación. Lamentablemente para él, pese a sus payasadas, el gobierno norteño no parece interesado en el ágape, quizás porque es indigno de los gobiernos democráticos negociar con dictadores.

 

Lo más contradictorio del caso es que en la misma alocución, apenas unos minutos antes, Castro II había acusado al “imperio” de pretender subvertir el orden en Cuba y aspirar a que aquí ocurriera lo mismo que en Libia o en Siria, sirviéndose para ello de la disidencia interna (mercenaria, anexionista, entreguista). Resulta cuando menos paradójico que un gobierno se resista a dialogar con la oposición y con todos los representantes de la sociedad civil alternativa y, en cambio, pretenda sentarse a la mesa de negociaciones con un gobierno extranjero, para más señas distinguido oficialmente con el epíteto de “enemigo”. El general insiste en declarar que Cuba es soberana, pero pone en entredicho tal soberanía al querer dirimir los conflictos internos de la nación con la potencia que supuestamente los provoca. La apoteosis del absurdo.

 

Por otra parte, son las autoridades cubanas y no los disidentes quienes están protagonizando la violencia al interior de Cuba, lo que refuerza la tesis de que el miedo oficial se convierte en odio y represión. Por muchos años sectores de la oposición han tratado de establecer una vía de diálogo con el gobierno, sin éxito. El mundo es testigo de que la disidencia cubana, al contrario de la de otros países, utiliza métodos pacíficos para promover sus reclamos y no está armada, por tanto no constituye un peligro para la seguridad nacional. El gobierno, sin embargo, es un barril de dinamita que amenaza la paz interna y está aumentando la presión hacia un conflicto de consecuencias impredecibles. Lejos de reconocer el derecho legítimo de los ciudadanos a disentir y a proponer alternativas frente a la aguda crisis estructural del sistema, la casta militar ha optado por incrementar la persecución y el hostigamiento contra todas las manifestaciones de inconformidad cívica. Más aún, parece tener una estrategia dirigida al asesinato selectivo de líderes de la oposición y de la sociedad civil independiente. En octubre de 2011 fue Laura Pollán; esta vez se desembarazaron de Oswaldo Payá, opositor que luchó por más de 20 años por los cambios democráticos para Cuba y puso en jaque al gobierno con el Proyecto Varela, obligándolo a desenmascararse con la farsa del plebiscito del “socialismo eterno”. Los hechos demuestran que no se lo perdonarían.

 

Debe quedar claro que son las autoridades de la Isla las responsables directas del giro que puedan tomar los acontecimientos en Cuba. No se gobierna una nación en base al terror y a la fuerza, ni negociando con potencias extranjeras. El gobierno, incapaz de remontar la crisis interna y de reconocer los derechos ciudadanos, pierde cada vez más cualquier viso de legitimidad ante los cubanos. Una solución pacífica al problema de Cuba se torna cada vez más inalcanzable, gracias a la tozudez de la gerontocracia verdeolivo; pero en todo caso, tampoco es ético dialogar con asesinos. Quizás cuando algunos comprendan que es preferible una solución negociada, se encontrarán ante una mesa vacía.