Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La Mesa Redonda y nuestros males

 

Aunque quiera, el periodismo oficialista sigue sin poder ir más allá de la superficie.

 

Orlando Delgado, La Habana, en Diario de Cuba

 

Desde hace un tiempo y ante el reclamo generalizado de que la Mesa Redonda aborde temas nacionales, empezaron a aparecer en ese programa temáticas de la actualidad nacional. Los intentos, como era de esperar, no han sido exitosos, pero el programa —de muy baja audiencia— sigue en su infructuoso empeño de acercarse más a los problemas cubanos y menos a las matanzas en Siria o las elecciones en Egipto. Aunque obviamente no lo logra, su último ensayo es toda una muestra a guardar de los claros límites del periodismo oficial.

 

¿Tema de la Mesa del último viernes? Las constantes violaciones de precios, pésima atención al cliente e inatajables desfalcos en todas las tiendas del país. Los panelistas hablaron de algunas de las causas: pérdida de valores, indisciplina, falta de control, corrupción y hasta una malsana "codicia" de trabajadores e inspectores en todas las estructuras del comercio estatal. Por supuesto mencionaron los bajos salarios como una de las causas de estas conductas, pero volvieron a apelar por enésima vez y de manera voluntarista a valores abstractos como "respeto al pueblo", cumplimiento de "lo establecido", etc.

 

Lo que sucede actualmente en Cuba, donde nadie vive de su salario y los trabajos en almacenes, tiendas y otros lugares en que se mueve una gran cantidad de recursos e impera la corrupción, el robo y la estafa, es un mal crónico típico de los extintos regímenes comunistas del siglo pasado y del cual somos una exposición caribeña. Esos mismos fenómenos se daban en mayor o menor grado en la Rusia de Brezhnev y el resto de países del antiguo bloque comunista: los trabajadores adulteraban precios, cometían fraudes y ofrecían un pésimo servicio a los clientes ante la falta de estímulos y debido a sus bajas remuneraciones. Su mentalidad era tratar de robarle al Estado y aumentar así sus magros ingresos inventando todo tipo de artimañas. En la antigua URSS llegaron a crearse poderosas mafias que poseían fábricas y todo tipo de servicios clandestinos al margen de la economía estatal.

 

Uno de los arquitectos de la perestroika, Alexander Yakovlev, lo declaró de manera amarga cuando le preguntaron por qué el supuesto "paraíso prometido" se había derrumbado como un castillo de naipes. Su respuesta sigue estremeciendo a todos aquellos que conocen la naturaleza explotadora y antilibertaria de estos regímenes: "es que el comunismo no tiene nada que ver con la naturaleza humana".

 

Por ese motivo la Mesa Redonda no entrevistó a ninguno de las cientos de personas que hoy guardan prisión en las cárceles del país por delitos de estafa y robo al Estado, ni indagó en las causas de por qué una y otra vez la mayoría de los funcionarios terminan corrompiéndose.

 

Según el paternalista pensamiento de Raúl Castro, estas personas "se aprovechan de la nobleza de la revolución" y demuestran -dice el dictador- tener "doble moral, porque la mayoría eran militantes del Partido Comunista". Bien sabe el General/ Presidente lo que oculta, por ser práctica durante décadas: la posesión del carnet del único Partido hace (¿hacía?) más expedito el camino hacia la cúspide y a su vez hacia la "malsana" codicia y el deseo de prosperar inherente en la mayoría de los seres humanos.

 

Resulta risible que los panelistas hablen de "derechos del consumidor" o "empoderamiento popular" cuando a su vez reiteran que los reclamos de los clientes siempre caen en saco roto. La contradicción es evidente porque los males debatidos no son producto exclusivo de las perennes carencias; tienen un trasfondo estructural debido a la naturaleza totalitaria e improductiva del régimen.

 

De lo que se trata es de cambiar el sistema de propiedad y pasar aceleradamente a una economía donde imperen las relaciones de mercado. Solo de esa manera empezarían a atenuarse la contraproducente mentalidad de muchos en tratar de conseguir un empleo con el único objetivo de buscar la manera de robar. Despenalizar de una vez y por todas la legítima aspiración a la prosperidad individual para crear riqueza para sí y para los demás; por ahí comenzarían a enrumbarse los valores perdidos y a encauzarse los derechos y deberes de todos los cubanos. Lo demás es puro cuento.