Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La isla invisible

 

Daniel Morcate, El Nuevo Herald

 

Hoy voy a hablar de lo que más me toca el clarinete: Cuba. Supongo que ya se habrán dado cuenta de que el tema se ha ausentado de la campaña presidencial por primera vez en décadas. Han sustituido el debate sobre Cuba un par de visitas fugaces de los candidatos al Versalles, otra al Palacio de los Jugos y alguna que otra escapadita a la Calle 8 o sitios aledaños a comer fritas cubanas que, preciso es reconocerlo, son superiores al hamburger nacional en todas sus variantes. La pregunta es: ¿qué ha pasado en esta contienda por la Casa Blanca con la cosa nuestra, la cosa cubana? Ensayaré respuestas. Y si a ustedes no les cuadran, ensayen las suyas. Tal vez así aprendamos algo.

Comencemos por lo evidente: con la vieja tiranía de los Castro también ha envejecido un sector del exilio que, como solía decir Agustín Tamargo, pensaba en Cuba primero, Cuba después y Cuba siempre. Hoy contamos con un liderazgo exiliado menos comprometido con la realidad de nuestra pobre isla, con honrosas excepciones. También contamos con una nueva hornada de cubanos que, hablando en plata, de exiliados solo llevan el nombre. Cuando lo llevan. Y que no nos vengan con la patraña de que la diferencia radica en que los recién llegados sufrieron más y dejaron atrás padres, hijos, abuelos. ¿Acaso dolían menos los palos que recibían los cubanos en los 60, 70 y 80? ¿Y qué dejamos en la isla los que nos piramos antes? ¿Animales domésticos?

 

Pero lo que más contribuye a la ausencia del tema cubano de la contienda presidencial es la cuerda de cantamañanas que nos gastamos como líderes cubanoamericanos. Recorren nuestras comunidades junto a los candidatos. Tienen o dicen tener acceso a sus oídos. Pero solo lo usan para soplarles consejos destinados a evitar que metan la pata con su ignorancia supina sobre la problemática de la isla. Porque, más que lo cubano en sí, lo que les interesa a esos mangantes es la lasca que puedan sacarle a su labor de guías turísticos de lo cubano. Repito, con honrosas excepciones. Que todos conocemos. Y que cada vez son más excepcionales.

 

Más que político, el compromiso con los derechos humanos, la democracia y la libertad de Cuba es un compromiso moral. Y tiene hoy la misma vigencia que ha tenido desde que los Castro convirtieron a la isla en su potrero feudal. Por eso es tan importante hoy como antes insertar lo cubano en la contienda presidencial. Pese a sus errores e inconsecuencias, Estados Unidos ha sido el único aliado constante de los cubanos libres, los que lo somos en el exilio y los que lo son en su exilio interior. Quien resulte electo presidente norteamericano tiene la facultad de influir sobre Cuba, resaltando con acciones y palabras la ilegitimidad del régimen castrista, apoyando a los opositores internos, intercediendo por los presos políticos, viabilizando la salida de la isla de quienes ya no pueden soportar la represión y fortaleciendo Radio y TV Martí, dos de los pocos medios que aún informan sobre la realidad cubana.

 

Si Cuba ingresara a la contienda, el presidente Obama tendría que explicar qué haría diferente para fomentar cambios democráticos y respeto a los derechos humanos en la isla, buscar la liberación del injustamente encarcelado Alan Gross y seguir haciendo justicia a los espías castristas, a los que se hallan tras las rejas y a los que deberían estarlo. Su política de propiciar viajes, remesas e intercambios culturales, en el mejor de los casos, ha arrojado resultados tibios. En el peor ha fracasado. La represión ha aumentado en Cuba, donde el régimen realiza entre 300 y 400 detenciones de opositores mensuales. Mitt Romney, a su vez, tendría que explicar su plan cubano más allá de los lugares comunes. Y cómo compagina su intención de ser “más firme con los Castro” con su selección de un candidato vicepresidencial, Paul Ryan, que no hace mucho declarara: “Si creemos que el compromiso (engagement) funciona bien con China, entonces debe funcionar bien con Cuba”. Los candidatos harán todo lo posible para no hablar de Cuba. Los periodistas, por no preguntarles. La isla se ha vuelto invisible. Solo ciertos cubanos podrían cambiar el panorama.