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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La imposible actualización de un modelo inexistente

 

Excusas, cantinfleo y simplezas para justificar un inmovilismo ineludible

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

La supuesta “actualización del modelo” económico cubano cada vez se empantana más, no por incapacidad de los encargados de aplicarla -aunque no faltan ineptos- sino porque el inmovilismo es una condición sine qua non del sistema.

 

Que nadie se engañe con las expresiones que el propio régimen propaga cuando lanza sus campañitas diversionistas y sus cortinas de humo para justificar la rigidez: “la burocracia”, “la vieja mentalidad”, “el enemigo”, “el bloqueo”, “algunos”, “la crisis mundial”, “la sequía”, los huracanes”. El inmovilismo es su razón de ser.

 

A diferencia de Machado Ventura, para quien los problemas nunca existen, en ocasiones el propio Raúl Castro “explica” por qué no se mueven las cosas en el país; en otras ocasiones lo hace el llamado “zar” de la economía cubana Marino Murillo (como le gusta la palabrita a los periodistas occidentales); y en otras son respetables académicos, cuyas indudables capacidades profesionales y su acrisolada didáctica -talento sin autoridad- no bastan para mover el pesadísimo fardo de la rigidez y la pasividad.

 

Ahora, en la versión más reciente del cantinfleo, un viceministro ¿de asuntos sin importancia? pretende justificar el estancamiento con frases imprecisas, plazos indefinidos y promesas que todo el mundo sabe que no se cumplirán. Tras declaraciones vagas anunciando mayor flexibilidad en el trabajo por cuenta propia, que se permitirán actividades hasta ahora prohibidas, y se autorizarán cooperativas urbanas, vienen las realidades que convierten la grandilocuencia en agua de borrajas.

 

Entre los grandes pasos novedosos que anuncia el viceministro tenemos que “pronto” se autorizará ejercer por cuenta propia nuevos oficios ya casi medievales en el siglo XXI, como “chapista, herrero, pulidor de pisos, vendedor de artículos de aluminio, oxicortador, fundidor y marmolero”. Y de inmediato vienen los galimatías: “hay que acabar con la ilegalidad creando la forma legal de adquirir los productos, por ejemplo, los gases que utilizan los chapistas”.

 

Sí, pero no… no se creará tal forma legal: el viceministro reitera que no se dispondrá de mercados mayoristas para que los trabajadores no estatales adquieran insumos necesarios para sus actividades, aunque esto fomenta el robo y el mercado negro, que nacen de los trabajadores estatales y son la “oferta” para la “demanda” de los no estatales. “Estamos claros de que la solución es aumentar la oferta” (una verdad de Perogrullo). “Hay insumos en las tiendas aunque no todos lo que la gente necesita pero se va incrementando la oferta, hasta que haya condiciones para pasar a un mercado mayorista”. ¿Cuándo? ¡Quién sabe! Y además se pretende ignorar que esto genera inflación y aumento de precios en la producción y servicios de los cuentapropistas, usufructuarios y cooperativistas, y afecta aún más a la población. El eterno círculo vicioso de la “actualización del modelo”.

 

Se pretende alcanzar, dijo el viceministro, “menos trabajadores en el sector estatal por paso de algunos servicios al sector no estatal (cooperativistas, usufructuarios o trabajadores por cuenta propia)”. Además de que no menciona producción en el sector no estatal, sino solamente “algunos servicios”, en el mundo real de la Isla casi un millón de universitarios -muchos de los cuales están subutilizados en sus centros laborales, trabajan en pésimas condiciones profesionales, y se sienten frustrados con los salarios de miseria- no recibirán el permiso necesario para trabajar sin depender de Papá-Estado y sus arbitrarias normas y regulaciones, aunque fuera como forradores de botones o desmochadores de palmas.

 

La otra estafa que se menciona, la creación de cooperativas no agropecuarias, se anuncia con la consabida justificación para el paso de jicotea: “primero hay que experimentar para avanzar haciendo las cosas bien”. Lo que no se hizo en la barbarie de “la ofensiva revolucionaria”, para la “zafra de los diez millones”, o en el “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, que destruyeron la economía y el país, ahora pretenden que sea obligatorio e imprescindible. Es cierto que nunca es tarde para aprender, pero hay poco que “experimentar” en cuanto a cooperativas, porque en el resto del mundo existen desde hace muchos años y dan muy buenos resultados.

 

Para lo que se debía experimentar no se hace: cómo dirigir eficientemente una empresa estatal cubana. No es que en Cuba sea difícil, sino que es imposible. No puede mostrarse un solo ejemplo en más de cincuenta años de una empresa estatal cubana que haya funcionado con efectividad y eficiencia, sistemáticamente, no en un momento particular. Sobre todo, si no funciona en condiciones de monopolio, mercado cautivo, extorsión y abusos (como las tiendas recaudadoras de divisas). Sin embargo, no solamente no se experimenta antes, sino que se proclama a todo trapo a la empresa estatal socialista como la solución de los problemas, aunque más de medio siglo de fracasos, incumplimientos, malversación y frustraciones demuestren lo contrario.

 

Finalmente, el viceministro señala que el sector no estatal no crece como antes, entre otras causas por falta de capital inicial, y los bancos estatales dan pocos créditos para promover emprendimientos por cuenta propia, porque aún no encuentran formas de garantizar recuperar esos créditos. Pero el régimen sigue aplastando a los trabajadores no estatales con impuestos, inspectores corruptos y regulaciones leoninas. La última en el horizonte, la de las medidas higiénicas, se aplicará rigurosamente a los cuentapropistas y cooperativas, mientras se ignorarán las constantes violaciones en la actividad estatal. Ya lo veremos.

 

No hay que pedirle al viceministro ni a los “cuadros” del régimen que lean y entiendan a Premios Nobel de Economía como Friedman, Samuelson, Lucas Jr, Prescott o Scholes.

 

Si en realidad existiera un “modelo” para actualizar, que no existe, bastaría que leyeran y entendieran “El Capital”, de Karl Marx. Aunque eso ya es mucho pedir.