Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La Iglesia en Cuba y la noticia de la gran confusión

 

Marcos Antonio Ramos, Diario Las Américas

 

La noticia circuló por muchos lugares. Nos enteramos en España. Al regresar a Estados Unidos continuaba el interés por 60 personas recluidas por semanas en un templo habanero, la Iglesia Evangélica Pentecostal situada en Infanta y Santa Marta, congregación afiliada a las Asambleas de Dios, confesión religiosa extendida por todo el planeta, con millones de miembros en Norteamérica y muchas decenas de millones en América Latina y otras regiones. Al conocer lo acontecido recordamos a un amigo, ya fallecido, Gabriel Caride, que por años fue el pastor de esa iglesia y abandonó Cuba casi tan pronto como se estableció el régimen actual. Recordamos también una entrevista que le hizo a Caride y a otros clérigos la revista “Bohemia” a fines de enero de 1959 en relación con una controversia acerca de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, suspendida en Cuba desde 1899.

 

Las imágenes de la policía rodeando al templo circularon por el mundo. Algunos pensaban se trataba de otro acto de rebeldía ante la política del gobierno. Otros señalaban que era una disputa entre un clérigo y el concilio de su denominación que le retiró las credenciales y el nombramiento como pastor local. A lo anterior se sumaban posibles diferencias teológicas como que el pastor y algunos fieles afirmaban recibir revelaciones de Dios o practicaban ritos más emocionales que los acostumbrados. No se ofrecían datos indispensables acerca de la iglesia o parroquia en particular y de la confesión religiosa conocida como Asambleas de Dios, pero que en el país se identifica oficialmente como Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba.

 

La iglesia nacional cubana en cuestión informaba que se trataba de “un inmueble histórico con título legal a nombre de esta organización religiosa desde el 22 de febrero de 1945.” Acudiendo a nuestro propio libro “Panorama del Protestantismo en Cuba” (1986) editado en el extranjero, pero algunos de cuyos capítulos han sido publicados recientemente en territorio cubano, donde miles de ejemplares del texto completo habían circulado desde 1986 y constituye todavía el texto de estudio sobre la materia en seminarios teológicos cubanos y extranjeros, podemos asegurar que el edificio donde funciona actualmente la congregación fue inaugurado el 23 de abril de 1954 y en su construcción participó el misionero británico Ralph Williams, entonces radicado en Cuba.

 

Las Asambleas de Dios, de las que proceden ciertas figuras famosas como Elvis Presley y Sarah Palin, fueron organizadas en Hot Springs, Arkansas en 1914. En EE.UU., cuentan con miles de congregaciones en todos los estados y territorios y con varios colegios universitarios y sobre todo institutos bíblicos para formación de sus clérigos. Con orígenes humildes, esa confesión, que forma parte dentro del movimiento evangélico de la familia conocida teológica y eclesiológicamente como Pentecostal, se caracterizaba por un entrenamiento rápido y limitado de su clero, situación que se ha ido superando al institucionalizarse lo que al principio era un movimiento bastante espontáneo. Otros grupos pentecostales surgieron en EE.UU., y Europa en el siglo XIX.

 

De la influencia de los pentecostales surgiría el movimiento carismático que penetró Iglesias históricas como la Católica Romana, la Anglicana o Episcopal y varias confesiones protestantes, sobre todo a partir de los años sesenta. Según datos confiables, alrededor de 400 millones de personas profesan ya sea el pentecostalismo o el carismatismo, dentro y fuera de denominaciones establecidas, pentecostales o no, independientes o institucionales, autóctonas o de origen extranjero. Una gran parte de ellos pertenece a las Asambleas de Dios, las cuales llegaron a Cuba alrededor de 1920 o algo más adelante.

 

Las primeras misioneras fueron allí la estadounidense May Kelty y la danesa Anna Sanders. El famoso escritor cubano Samuel Feijóo, de tradición metodista, menciona ciertas actividades en su autobiografía “El Sensible Zarapico”: “También llegaron a La Habana en esos días los Pentecostales, que hablaban en lenguas y que también tenían cultos” y añade que una tía suya estuvo “al servicio de una vieja misionera danesa, Anna Sanders, la cual la alojó con su esposo en el local de una iglesia que tenía por la calle de Figuras”. Pero el auge del pentecostalismo y sobre todo de las Asambleas de Dios, que no es en modo alguno la única confesión de tipo Pentecostal en funcionar en Cuba, llegó a partir de 1950 cuando el evangelista norteamericano T. L. Osborn visitó el país logrando reunir miles de personas en auditorios y stadiums, sobre todo en Camagüey en el Stadium Guarina. Muchísimas personas afirmaron ser sanadas de enfermedades y cientos se convirtieron.

 

De esos esfuerzos surgiría una congregación conocida como “Templo Aleluya” en esa ciudad. En otras localidades se organizaron congregaciones que se añadieron a las fundadas con anterioridad por predicadores norteamericanos, puertorriqueños y cubanos de esa confesión. Al mismo tiempo, entraban en Cuba otras confesiones pentecostales, algunas de las cuales se identificaban como Iglesia de Dios, Iglesia de la Biblia Abierta, etc. En Cuba se organizó una confesión Pentecostal autóctona, la Iglesia Cristiana Pentecostal. Esas y muchas otras siguen trabajando en el país.

 

En 1957 funcionaban en Cuba 25 iglesias organizadas y se predicaba en 143 puntos de misión, constituyendo ya la mayor confesión Pentecostal en la mayor de las Antillas, pero no la única con esa teología. Se fundó en Manacas una escuela para formación de predicaciones llamada Instituto Bíblico Pentecostal, el cual fue confiscado por el gobierno de Castro en 1963 y los misioneros extranjeros que habían insistido en permanecer en el país fueron forzados a abandonar Cuba ese año. Ahora bien, al llegar la década del 2007 y bajo la dirección únicamente de pastores cubanos funcionan 3,000 lugares de predicación, los cuales cuentan con 110,000 miembros y unos 169,000 asistentes regulares al culto dominical. Claro que no confiamos mucho en estadísticas religiosas por lo difíciles de establecer ese tipo de cifras, pero aunque la gran mayoría de los grupos son muy pequeños y funcionan en las llamadas “casas culto” sin contar con edificios adecuados, también es cierto que las Asambleas de Dios disponen de muchos templos y capillas a los cuales asisten, en algunos casos, cientos y hasta miles de personas.

 

No estamos refiriéndonos a los protestantes tradicionales cubanos: bautistas, metodistas, presbiterianos, episcopales, cuáqueros o de otros grupos que no pueden ser considerados como los pentecostales por diferencias fundamentales, algunas de ellas bastante grandes. En la clasificación histórica los pentecostales son uno de los movimientos considerados “tardíos” por no haber penetrado Cuba en el siglo XIX con los inicios del protestantismo cubano. Su teología es protestante, aunque fundamentalista, y practican el hablar en lenguas desconocidas durante el culto; así como un énfasis en la sanidad divina de los enfermos y una liturgia algo emocional, que puede diferenciarse en algunos aspectos de los oficios protestantes tradicionales.

 

Muchos protestantes, sobre todo los pertenecientes a Iglesias con mayor tradición académica se sienten realmente extraños en el ambiente de adoración de sus hermanos pentecostales, aunque reconocen avances de los mismos en aspectos institucionales y de organización. Es cierto que pudiera haber en este incidente un factor político, pero sería mejor esperar a contar con más información. En cualquier caso, la politización del ambiente cubano y el creciente descontento popular pudiera tomar avenidas realmente diferentes como estas y crear confusión. La dirigencia de la iglesia ha acudido al gobierno para resolver un problema interno, lo cual es ajeno a la tradición del viejo protestantismo cubano, partidario de la separación total de la Iglesia y el Estado.