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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La hora de Berta

 

Joan Antoni Guerrero Vall, Martinoticias.com

 

Su imagen, sus formas y su manera de expresarse es más que seguro que no van a dejar en los españoles la menor duda de la sinceridad de sus palabras.

Como si del impacto de un huracán se tratara, la Dama de Blanco Berta Soler ha aterrizado en España dando muestras de una convicción firme de lo que necesita Cuba: el fin de la dictadura y la necesidad de un retiro definitivo de los hermanos Castro del poder. Su imagen, sus formas y su manera de expresarse es más que seguro que no van a dejar en los españoles la menor duda de la sinceridad de sus palabras, con lo que las manipulaciones y engaños que algunos pretenden trasladar a la opinión pública –sembrando dudas sobre la financiación de las Damas de Blanco, y toda la monserga habitual que predica el castrismo- solo conseguirán estamparse contra el muro de la naturaleza, la espontaneidad y el carisma personal de esta Dama de Blanco, porque su presencia convence y encandila (dicho esto en el sentido español del verbo, es decir, que deslumbra y embelesa).

 

Un primer impacto positivo fue el verla cruzar las puertas del aeropuerto internacional de Barajas y, tras más de ocho horas de vuelo, comprobar que tenía la suficiente energía como para pronunciar bien alto y claro, proyectando toda su voz por la terminal de llegadas, los nombres de las víctimas más recientes del régimen castrista: Laura Pollán, Oswaldo Payá y Harold Cepero. Desde el minuto cero, Berta Soler levantó la voz contra el régimen castrista, sin titubear. Ella marca claramente una diferencia de expresión con los otros opositores que han pisado territorio español, ni peor ni mejor en mi opinión, porque todas las expresiones son legítimas. Al fin y al cabo, tanto Berta Soler, como Rosa María Payá, Yoani Sánchez y Eliécer Ávila se manifiestan (o eso es lo que hemos escuchado) a favor de la democracia, es decir del pluripartidismo, el respeto a la diferencia y el restablecimiento de los derechos ciudadanos. En definitiva, este es un denominador común que los une y en un sinfín de cuestiones más es normal que puedan diferir y tener diferencias.

 

Pero volviendo a Berta Soler y a sus primeras horas en Madrid. Quizás uno de los mejores momentos en esta prometedora estancia de esta Dama de Blanco en nuestro país es la forma en que enfrentó el acto de repudio que le organizaron seguidores del régimen cubano en su comparecencia pública en la sede de la Casa de las Américas en la capital española. Soler no se quedó pasmada y, ni corta ni perezosa, recogió su bolso para sacar esa camiseta con la consigna ¡Cuba sí, Castro no! que inmediatamente logró que el público arrancara en una especie de coro en respuesta a la interrupción no pertinente del representante de la asociación de cubanos en España que, como todo el mundo opina, resulta muy evidente que opera bajo instrucciones de la Embajada del régimen en Madrid.

 

Soler cumplió con una ronda de entrevistas con varios medios de comunicación, haciendo contundentes declaraciones que dejaban el titular bastante claro, por lo que probablemente los periodistas estarán más que agradecidos, pues siempre es preferible que un entrevistado lance varios dardos claros, que no dejen luego dudas en el ambiente. Ante las cámaras de Televisión Española Berta Soler dijo que el régimen castrista debería demostrar que no es culpable del accidente que acabó con la vida de los opositores Oswaldo Payá y Harold Cepero. Luego al periódico ABC le explicó que el petróleo de Chávez entregado a los Castro no era más que una ayuda para que los tiranos siguieran reprimiendo al pueblo de Cuba.

 

El discurso de Berta, pues, deja bastante claro que en Cuba continua el conflicto. Pero no un conflicto entre dos países o los cubanos de dentro y de fuera. Un conflicto del régimen opresor contra todo un pueblo arrodillado. Así es que a los Castro no les queda otra más alternativa que recoger e irse, a no ser que de alguna forma u otra se consiga algún día (lo que tendría que ser muy pronto, porque el calendario avanza) castigarles por los atropellos cometidos en estos 54 años de campar a sus anchas. Parece poco probable, pero soñar es gratis. Y seguiremos soñando.