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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La historia de Cuba y la normalización de relaciones con EEUU

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

Si aceptamos que la nación es lo primero, entonces oponerse a la normalización de las relaciones con Estados Unidos resulta contraproducente, pues esa decisión, además de corregir un rumbo que nunca se debió tomar, constituye una necesidad del presente y el futuro de nuestro país.

 

Resulta que después de largos meses de conversaciones secretas entre los dos gobiernos, de anunciarse la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas y de haber efectuado la primera ronda de conversaciones, un nutrido grupo de intelectuales oficialistas -sin detenerse en las contradicciones de un proceso tan complejo ni percatarse de la no correspondencia entre el discurso y los pasos concretos emprendidos- iniciaron una inútil y penosa campaña dirigida a avivar un pasado que se quiere y se debe superar.

 

Se apoyaron en el contradictorio discurso pronunciado por el mandatario cubano en la III Cumbre de la CELAC, donde planteó que: "el proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales no será posible mientras exista el bloqueo, no se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo, no cesen las trasmisiones radiales y televisivas violatorias de las normas internacionales, no haya compensación justa a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que ha sufrido. Y que no sería ético, justo ni aceptable que se pidiera a Cuba nada a cambio. Si estos problemas no se resuelven, este acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos no tendría sentido".

 

La campaña subraya aspectos repetidos durante más de medio siglo: el fortalecimiento del pensamiento antiimperialista, antianexionista y anticolonialista, la resistencia del pueblo y la fidelidad a los principios y la vocación de victoria. Con ese fin apelan a la Historia, una disciplina que durante décadas se enseñó en las escuelas y se divulgó por los medios de comunicación de forma selectiva.

 

Me detengo en cuatro de los planteamientos del Máster en Ciencias y Presidente del Instituto de Historia de Cuba, René González Barrios, realizados en una entrevista publicada por el semanario Trabajadores, los días 2 y 9 de febrero de 2015:

 

1- "Estamos sometidos a una guerra -no menos peligrosa para nuestra sobrevivencia como nación- que se libra en el ámbito cultural e ideológico, y tiene a la historia como a uno de sus blancos principales."

 

Es decir, pasamos de la confrontación a la convivencia, pero la guerra continúa. Lo nuevo es la forma, pero Estados Unidos seguirá siendo el "enemigo". Este planteamiento parece desconocer que el mayor peligro para nuestra sobrevivencia radica en la falta de libertades ciudadanas, en la ineficiencia económica y en los salarios que no guardan correspondencia con el costo de la vida, lo que se refleja en el éxodo, cada vez mayor de los cubanos hacia otros países.

 

2- "La historia es una ciencia y los historiadores llegan a conclusiones después de serios y complejos análisis de fuentes y datos."

 

Las fuentes y los datos son solo la materia prima del historiador. Esa materia prima  pasa por la interpretación del investigador, quien como todo ser humano está limitado por la época en que vive y por sus concepciones. Si además, el investigador está comprometido con una ideología específica, sus resultados, quiéralo o no, estarán permeados por ella, ya que el compromiso del historiador influye y/o determina sus conclusiones.

 

Si asumimos que historiar significa interpretar el pasado y dominarlo como clave para la comprensión del presente, y que en los regímenes totalitarios la historia se subordina a la ideología, entonces la objetividad resulta imposible. Lo que explica en parte, que la  historia haya dejado de ser de interés no sólo para niños y jóvenes, sino para la gran mayoría de los cubanos. De no ser así no habría que hacer llamados para su defensa ni desatar una campaña con ese fin. Sencillamente la historia de Cuba es asignatura pendiente.

 

3- "Atacar esta columna vertebral de la cultura política de un pueblo y desmembrarla, lleva inevitablemente a su destrucción."

 

Teniendo en cuenta lo anterior, si el ataque a la historia lleva inevitablemente a la destrucción, entonces no es tan importante la argumentación del atacante como la debilidad de los defensores. Sería más útil reconocer las deficiencias de la historia impartida oficialmente, para lo cual no se requiere de gran esfuerzo.

 

4- [Los desafíos] "son muchos y varios; el principal, en el cambio de visión que puede percibir un sector importante de nuestra población, que considere que llegamos a la normalidad y que llegó, para quedarse, una época de  total armonía y concordia… Lo real es que Estados Unidos no va a renunciar jamás a tratar de imponer su modelo hegemónico cultural y la idea de su modo de vida al mundo, y muy especialmente, a Cuba."

 

Como el restablecimiento de las relaciones diplomáticas implica abandonar el concepto de enemigo, carece de utilidad aferrarse al pasado. Lo que debe ser preocupación es la enseñanza de la historia liberada de la ideología dominante; una historia integral, que permita a los cubanos formarse sus criterios sin necesidad de que les sean inducidos desde el poder.

 

En ese sentido, en vez de brindarle tanta prioridad al pasado de guerras e intransigencias o de hacer creer que estamos en presencia de una gran victoria diplomática, debería de enseñarse más y mejor otros episodios y hechos de nuestra historia que ayudarían a fortalecer la débil formación cívica de los cubanos.

 

Dos criterios de profundos conocedores de la importancia de la historia son suficientes para empeñarnos en enseñar lo que hasta ahora se ha omitido o se le ha prestado poco valor: el famoso político y orador romano Marco Tulio Cicerón, bautizó a la historia como "maestra de la vida"; mientras el filósofo y ensayista hispanoestadounidense Jorge Santayana, advirtió que "los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla."

 

Se impone pues enseñarse más y mejor al padre Félix Varela, quien comprendió que la formación cívica constituía una premisa para alcanzar la independencia, eligió la educación como camino para la liberación y se empeñó en enseñarnos a pensar. A José de la Luz y Caballero, quien comprendió que, antes de la revolución y la independencia estaba la educación. Al José Martí que criticó factores tan negativos como la inmediatez y el caudillismo y para quien el concepto de República era "estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre".

 

Definiciones que Martí remató con un ideal devenido puro formalismo: "yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre."