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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La Habana, hoy

 

Las desigualdades son evidentes. Hay dinero en Cuba, pero hay una pobreza que encoge el corazón.

 

Uva de Aragón, Diario Las Américas

 

Acabo de regresar de un viaje de 12 días a Cuba. El año pasado fui en abril muy brevemente para asistir a un evento convocado por Palabra Nueva, y apenas vi La Habana, de modo que estas primeras impresiones se basan en lo que he observado distinto desde mi visita en el 2009. Hay más tráfico, más movimiento en las calles. Los “almendrones” (carros americanos de hace más de 50 años) tienen motores y pintura nueva. Ya no transitan con lentitud y ruidos. Continúan circulando los viejos Ladas, Cocotaxis, bicitaxis, motonetas. Hay mucha gente caminando, casi siempre con prisas y bolsas en las manos. Me comentaron que algunas son personas de provincias que van a la capital a comprar y vender las mercancías más diversas.

 

Abundan las carretillas con frutas y vegetales que se obtienen en moneda nacional. En muchos portales se ven “pequeños negocios” -por llamarlos de alguna forma- con venta de artesanía, carteras, ropas, bisutería, piezas tejidas a mano. Había gran descontento porque el Gobierno acababa de cerrar una serie de salas privadas de cine en 3D, al igual que lugares donde se vendía ropa traída de afuera. O sea, que no era obtenida a través del Gobierno. El tira y encoje en la apertura a nivel de la microeconomía incomoda mucho a la población. Es más, estos cierres han generado un debate nacional sin precedentes.

 

Gran número de personas han mejorado sus viviendas para alquilar habitaciones o pisos completos de sus casas. Algunas lo hacen a extranjeros por noches o semanas, lo cual a menudo implica entra y sale de jineteras. Otras prefieren hacerlo a cubanos, con contratos por estancias mucho más largas. Ganan menos dinero, pero tienen más tranquilidad y seguridad. Los cubanos que arriendan pueden pagar en CUC (moneda convertible) porque trabajan en sectores de turismo, tienen paladares, u otras entradas. No suele ser dinero de remesas, porque éstas no darían para tanto. Un apartamento puede alquilarse entre $250 y $400 CUC al mes, dependiendo del tamaño y el barrio.

 

Abundan las personas que confeccionan quesos, yogur, mantequilla, pan, dulces, embutidos, y los llevan a las casas o los venden en sus hogares. Una familia en un pequeño garaje hace pizzas y las entrega a domicilio.

 

Se escuchan pregones por los barrios con ofertas que incluyen reparador de colchones, perfumes de marca y ambientadores, espejuelos bifocales, y la compra de pedacitos de oro y plata. También hay personas que van a las casas a limpiar, planchar o hacer una manicura y pedicura.

 

Nadie me supo explicar bien el sistema de pagos al fisco, pero todos concuerdan que es arbitrario y excesivo. Un hombre bastante mayor, que echaba aire a las gomas en un garaje, me aseguró que debía pagar una cantidad exorbitante en moneda nacional por el uso de la bomba, lo que le dejaba poco margen de ganancias. Las calles no pueden tener más baches. La broma más común es que la noche anterior los ingleses bombardearon la ciudad. Con humor se disfrazan a menudo verdades incómodas.

 

Las desigualdades son evidentes. Hay dinero en Cuba. Se están vendiendo casas por cantidades que van desde $5.000 por un apartamento en Los Pinos, hasta $400.000 por una casona en La Víbora. Pero hay una pobreza que encoge el corazón.

 

Me asombraron los cambios en la televisión.

 

Hay ahora cinco canales nacionales, y en La Habana al menos, otro local, de la ciudad. La famosa “Mesa redonda”, antes utilizada principalmente para temas internacionales, con una fuerte carga ideológica y de crítica a los “enemigos”, discute dos o tres veces a la semana asuntos nacionales tales como la marginalidad, la vejez, la necesidad de que maestros y estudiantes mejoren la ortografía. Otro programa, “El triángulo de la confianza” aborda por igual cuestiones antes silenciadas. En el que vi, se discutía “la espera”. Uno de los invitados opinaba que debía ser dinámica, activa. Otro, que con rebeldía. En el noticiero, los locutores son más profesionales y visten mejor. Un segmento titulado “Cuba dice” trata temas como el mercado negro de fármacos. Entrevistan a expertos y a ciudadanos de a pie, y casi todos expresan fuertes críticas. Los escépticos, que son muchos, bromean que “Cuba dice” pero “Cuba no hace”.

 

Tal vez lo que más me sorprendió fue un anuncio de servicio público en la TV, en el que se ve a un funcionario sentado tras un buró, y una cola de personas con rostros sin bocas esperando inmóviles. Entra un hombre que sí se mueve y habla. Ve que otro llega, ignora a los de la cola y va directamente al funcionario en el buró. El hombre que habla pregunta por qué nadie se queja; les pinta bocas a las figuras hasta entonces calladas, y todas comienzan a protestar. Luego aparece el lema: “El silencio es también cómplice.”