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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La fruta ha madurado por segunda vez

 

'Con mayor apremio que a los republicanos de EEUU, a los comunistas o fidelistas cubanos les convendría detener en seco el impulso de estos días.'

 

José Hugo Fernández, Diario de Cuba

 

Raúl Castro está muy optimista. Lo dijo en el recién finalizado congreso de la UJC. Pero no tendría que jurarlo. Es algo que se nota fácil en estos días, a través de cada acto, cada decisión y cada declaración pública de la dictadura. Siempre que nuestros caciques se creen bien atornillados en el trono, les da por ponerse optimistas, y una vez optimistas, les da por apretar más la tuerca represiva.

 

Aunque la verdad es que nosotros, sus víctimas, tenemos más motivos que los Castro para estar optimistas. Pero no nos percatamos, porque estamos apurados y con sobradas razones para estarlo. Así que en vez de sentirnos optimistas, nos da por despotricar contra los yanquis, asumiendo como débiles concesiones de su parte lo que para ellos no pasa de ser un cauto rastreo en pos de nuevas inversiones financieras y políticas. Desde su cumbre, ubicada por encima de todos los bienes y males terrenales, a los yanquis les debe hacer gracia que los veamos como flojos o perdedores o apocados ante el régimen.   

 

Así que mientras nosotros nos enfurruñamos, ellos sacan cuentas al ver que del comunismo cubano (que no es sino fidelismo, es decir rancio caciquismo criollo mezclado con fascismo a lo Duce), apenas queda por acá una evaporación que hiede, como la que suele dejar en el aire la quema de ciertos excrementos.

 

Saben los yanquis -aunque no debieran saberlo mejor que nosotros- que ese optimismo que exhiben los caciques no es sino su ronda de consuelo, también una nueva careta ante el mundo, y en el mejor de los casos (para ellos), es expresión de lo muy equivocados que están y lo cerrado de molleras que siempre han sido ante la dialéctica histórica. Hasta el punto de no prever que una vez que tengan al toro de vuelta en el ruedo, ya no estarán aptos para torearlo.

 

Sin ir más lejos, en este mismo momento, entre los militantes de la UJC que hicieron sentir tan optimista a Raúl Castro, solo dos de cada diez aceptan pasar a ser miembros del Partido Comunista, mientras que ocho deciden desactivarse políticamente, según datos de la fidedigna Radio Bemba.

 

Entretanto, el propio Partido se reduce a pasos de siete leguas, sea por vejez y muerte de sus miembros, sea por numerosas solicitudes de bajas para la reunificación familiar en el extranjero, o sea por simple decepción. Así que pronto se verán obligados a remodelar aquel burbujeante eslogan según el cual los hombres mueren pero el Partido es inmortal. Literalmente, no ha muerto aún, pero está pudriéndose en vida. Y ya sé que incurro en un doble oxímoron, pues de la misma manera que no podría morir lo que nació muerto, tampoco puede pudrirse lo que nació podrido.

 

Pero el hecho es que su vieja cortada como vanguardia revolucionaria del pueblo se está evaporando sin remedio. Y por más disimulado que intenten mantener el sobresalto, es otro secreto a voces que nuestros caciques pierden los pocos pelos que les quedan en las cabezas al constatar el modo en que se comprime, por días, la cifra de casi 800.000 cubanos militantes comunistas declarada por Raúl Castro en abril de 2011. Si antes de 1959 los comunistas disponían aquí de un pobre 5% de apoyo electoral, el porcentaje nos parece exagerado para estos días. Tal vez lo sea dentro de sus propias filas.

 

Y no es que al régimen le haga falta el Partido para dominar en Cuba. De momento. Pero aunque no sirve de nada para influir entre la población, le sigue sirviendo como embozo para disfrazar su sistema de poder monárquico, sobre todo ante los amigos y cómplices del exterior, progresistas entre el costillar y la ingle, empeñados en ver a nuestra dictadura como un faro y al pueblo como a las fieras del zoológico, que lucen atractivas solo si se miran desde lejos y rejas mediante.

 

¿Qué les quedará entonces luego de perder también esa coartada tan útil para ellos como para sus compinches extranjeros? ¿Para qué otro uso que no sea en el inodoro estaría destinada la página de la Constitución de la República en la que, a través del artículo quinto, hacen valer su edicto tiránico según el cual "El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado…".

 

Con mayor apremio que a los republicanos de Estados Unidos, a los comunistas o fidelistas cubanos les convendría detener en seco el impulso de estos días para la reanudación de relaciones entre ambos países, aun cuando sean limitadas. Pero ya no podrán hacerlo. Mordieron su propio anzuelo, aunque ellos crean o finjan creer lo contrario, para inducir a los tontos útiles de Latinoamérica.

 

La temible amenaza para el régimen, a partir de ahora, ya no estará en las armas ni en los cuerpos de inteligencia ni en lo que ellos llaman la propaganda anticubana de los yanquis, sino en el entendimiento de todo el que aquí tenga cacumen para comparar las buenas nuevas que van a desembarcar en nuestras costas, con la situación de la Isla, obligada a adentrarse en el siglo XXI -época de inéditas conquistas tecnológicas, científicas y sociales- con varias generaciones de sus hijos nacidas y crecidas en la miseria y el atraso, bajo la tutoría absoluta de un sistema de poder cuasi providencial, que dispone y controla desde los sueños hasta los más ínfimos movimientos de cada ciudadano.

 

Conformamos un cuadro tan incongruente dentro de la sociedad moderna que no es posible hallarle predecesores sino en aquellas monarquías europeas de la Edad Media, incapacitadas para establecer distinciones entre sus vacas y la pobre gente que poblaba sus feudos. Y eso es algo que, aunque algunos no lo crean, la mayoría de nuestra pobre gente no ha tenido hasta hoy la oportunidad de aprenderlo mediante el más elemental de los métodos científicos: la comparación.

 

Quizá por ello a los yanquis, tan pragmáticos, se la dejan floja nuestros desbarres. La fruta ha madurado por segunda vez. Ya ni siquiera tendrán que mover un dedo para anular el fidelismo. Este se irá cayendo solo, como Chacumbele.

 

El resto es porfía inútil, por un lado, e ilusión inflada o común y corriente paripé, por el otro.