Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La educación superior en el castrismo: ¿éxito o fracaso?

 

Elías Amor Bravo, Valencia, en Unión Liberal Cubana

 

Uno de los emblemas de la “propaganda” castrista, el que hemos tenido que soportar estoicamente de los defensores de este sistema político, cada vez más aislado en el mundo, es el de los “éxitos de la educación”. Décadas y décadas hablando de lo mismo, y sin salirse del discurso que gira en torno a un círculo vicioso de gasto, despilfarro y pésima gestión, conducen a un modelo que, la experiencia de los años, ha mostrado que tiene indudables deficiencias y que, en modo alguno, permite sostener una visión de futuro para la economía y la sociedad cubana del futuro.

 

Y me explico. En un artículo en Granma titulado “Coordenada para el ingreso a la educación superior” se pone de manifiesto el pésimo funcionamiento del modelo.

 

Primero, porque no puedo aceptar que en Cuba antes de 1959 no existiera un sistema educativo capaz y orientado por criterios mucho más eficientes que los desplegados por la doctrina totalitaria. Yo fui alumno en los años 60 de profesores cuya edad, desde luego, era anterior al triunfo de los “revolucionarios”. Y quiero dejar testimonio de su valía, de su capacidad para enseñarme a aprender, y a ellos debo, qué duda cabe, buena parte de mi trayectoria profesional. Nunca les negaré su parte en el proyecto, como tampoco voy a aceptar que aquellos docentes fueran el resultado de la aplicación de las doctrinas castristas. Más bien todo lo contrario. Como más de dos millones, terminaron aburridos de las consignas ideológicas y de la barbarie de un gobierno que a los seres humanos lo más preciado que pueden tener: la libertad.

 

Y si pude beneficiarme de aquellos profesores, cuyo nombre aún recuerdo, también padecí en años de mi educación primaria y secundaria, lo que serían experimentos de una absurda ideología empeñada en “educarnos en el campo”, condicionar nuestra elección de futuro profesional en aras a no se sabe muy bien qué ideología o partido, y sobrellevar de la mejor forma posible aquellos cánticos y discursos de “seremos como el Ché” y la uniformidad permanente de los pioneros. Una “gran experiencia educativa” que la propaganda castrista, que siempre ha contado con abundantes recursos, se ha encargado de presentar como una gran gesta de la humanidad. De hecho, en todos los informes anuales de organismos internacionales, el castrismo aparecía con notables records en materia educativa, mientras que las cartas llegaban llenas de faltas de ortografía, los textos sin posible comprensión y el deterioro de la expresión iba en aumento.

 

Y ahora, el director de Ingreso y Ubicación laboral, menudo título, del Ministerio de Educación castrista dice que hay que “formar profesionales capaces, que respondan a las necesidades actuales y futuras del país” estableciendo una vez más la “planificación”, de acuerdo con este objetivo, de las plazas aprobado para el acceso a la Educación Superior en el curso 2011-2012.

 

O sea, que 51 años después, en el castrismo se sigue sin poder estudiar lo que uno quiere libremente, para acceder a la universidad no se sólo tiene que obtener buenas notas, sino ser obediente del régimen, un buen pionero, un buen comunista, y al final te han formado durante media vida ¿para qué? Para ganar 240 pesos, unos 12 dólares al mes como médico, economista o arquitecto. ¿Qué les parece?

 

Por primera vez en 51 años, las autoridades educativas se han decidido a ofertar plazas en función de los "los requerimientos de la economía territorial". Cualquier análisis económico de la educación pone de manifiesto que formar y educar por el mero hecho de hacerlo, termina dando los resultados que existen en Cuba, donde los profesionales malviven con sueldos miserables, carecen de estímulos para su desarrollo y prefieren dedicar su tiempo a las actividades, mucho más rentables en el área del dólar, euro o de la moneda fuerte. El abandono escolar, incluso en un sistema donde la vigilancia y el control, se mantiene con especial incidencia en la vida cotidiana, es muy elevado.

 

Y en vez de escuchar a la voz de la economía, de las empresas, de los flujos económicos actuales y futuros, todo este grupo de burócratas y planificadores anuncian en Granma un plan “de manera colegiada, con la dirección del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), los organismos de la administración central del estado, los consejos provinciales y las entidades formadoras de la Educación Superior, para determinar los 46.341 nuevos ingresos aprobados, y destinar el 43 % a las carreras pedagógicas, el 15 % a las especialidades técnicas y el 5 % a las agropecuarias”.

 

Magnífica resolución, sí señor. Así es cómo se hacen las cosas. Un burócrata, convencido de tener el dominio absoluto de la realidad, decide que las plazas tienen que ser 46.341 ni una más ni una menos, y además las reparte con el criterio discrecional de 43%, 15% 5% y así.

 

Les digo, de verdad, qué no sé muy bien a donde puede llegar todo este despilfarro de tiempo, recursos, imaginación y voluntad. Mientras que los llamados “Lineamientos” de Raúl Castro hacen una defensa mediocre de los emprendedores, a los que denominan “nuevas formas económicas” , las autoridades de Educación construyen un modelo planificado ajeno a cualquier planteamiento racional y de futuro, cuyo énfasis debe ser la vocación, la competencia, la libre elección y la libre prestación de los servicios educativos y formativos.

 

Es la misma pregunta de siempre. ¿Por qué toda la educación en Cuba debe ser pública y suministrada con cargo a unos presupuestos estatales cada vez más escasos? ¿Por qué no se abre la provisión de la educación a la iniciativa privada o la privada en colaboración con la infraestructura pública? ¿Qué impide a la Iglesia católica poder crear escuelas y centros universitarios en Cuba? ¿Por qué el castrismo quiere, de forma obsesiva, secuestrar el derecho a la libre educación de los ciudadanos cubanos?

 

La respuesta es evidente: para controlar más aun a la población. La vida de las personas se decide desde el nacimiento por el Estado, lo que deben beber de leche y lo que van a estudiar, por qué y para qué. Cómo se van a vestir y qué cánticos deben aprender. Todos como el Ché. El que quiera ser distinto, simplemente se le elimina o se le deja escapar. No hay alternativa.

 

Secuestrando el derecho a la libertad educativa y formativa, el castrismo cierra aspiraciones para los casi 52.000 estudiantes de enseñanza preuniversitaria convirtiéndolos en siervos de una ideología que ya no se justifica por su incapacidad para afrontar los retos de la sociedad de la información. Todos los mensajes hablan de racionamiento, de limitaciones, de autorizaciones, de distribuciones de la escasez. Lamentable para un país que ha venido exhibiendo durante mucho tiempo la educación como uno de los “logros” de la revolución. Visto desde esta perspectiva, es más un fracaso. ¿No les parece?