Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La dicha de los pordioseros

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Uno de los ataques más usuales contra los blogueros alternativos desde los espacios oficialistas gira en torno a nuestro supuestamente malintencionado interés en callar los “logros” de la revolución. Si se trata del tema de la salud, los regaños suben de punto. El altruismo de la llamada solidaridad –refrendado fundamentalmente en las brigadas médicas que prestan servicio en otros países – se ha convertido desde hace varios años en la vitrina sobreviviente de márquetin del socialismo tropical y es objeto de no pocos reconocimientos por parte de organismos internacionales que se hacen lenguas sobre la profesionalidad y espíritu de sacrificio de nuestros galenos, así como de la voluntad política de los líderes de la revolución para apoyar programas de salud en países menos favorecidos. Cuba, en virtud de ese caprichoso principio, clasifica entre los países “favorecidos” por un sistema de salud pública envidiable, habida cuenta que se da el lujo de exportar médicos y equipamiento. Por supuesto, jamás se menciona en dichos espacios que tanto altruismo va en detrimento de la propia población cubana, que ha asistido a un acelerado deterioro de todos los servicios de salud.

 

No hay que señalar que la prensa oficial se encarga de reflejar a diario los desvelos de nuestro gobierno por mantener “los altos estándares” de atención médica, el carácter “gratuito” de estos servicios y los muchos sacrificios que tiene que hacer éste para que el pueblo no carezca de semejantes privilegios. Lo más común es que las loas oficiales estén acompañadas de cifras. Así, un paciente que depende de hemodiálisis o que haya sido sometido a una cirugía compleja de trasplante de algún órgano, tiene que sufrir adicionalmente la pedantería gubernamental que le recuerda su eterna deuda de gratitud con la revolución por lo muy costoso de su atención y tratamiento, como si no fuesen ya suficientes el padecimiento de una enfermedad y la imposibilidad de acceder a otro servicio que el que brindan los destartalados hospitales del país.

 

En fin, que los blogueros somos en verdad impertinentes, por eso nos la pasamos buscando las manchas en el sol. Porque, a fin de cuentas, frente a tanta grandeza, ¿qué importancia puede tener, por ejemplo, que una paciente de 74 años de edad haya permanecido durante 10 días ingresada en el hospital Salvador Allende (Covadonga), entre finales  del pasado mes de mayo e inicios de junio, sin que practicaran una endoscopía porque sencillamente no había agua? Es verdad que estaba vomitando sangre, pero aun así  –sin gestionar siquiera una ambulancia que la llevara a hacer el referido examen a otra instalación hospitalaria– los médicos en más de una ocasión trataron de darle de alta sin un diagnóstico. Muy profesionales y éticos ellos, que a fin de cuentas no son plomeros y no pueden resolver el problemita del agua, ¿verdad? La paciente de referencia finalmente pudo ser ingresada, diagnosticada e intervenida quirúrgicamente en el hospital Hermanos Aimeijeiras, por la oportuna mediación de un sobrino suyo, músico famoso cuyo nombre me abstengo de mencionar.

 

Otra nadería que no divulgan los medios es el hecho de que la Escuela de Estomatología de la Universidad de La Habana no esté prestando servicios debido a que allí no hay guantes. Créanme, es así. Después de un período de precariedad debido a la escasez de este elemental adminículo, el prestigioso centro hubo de cesar en la atención a los pacientes debido a que la pequeña reserva de guantes que queda debe destinarse para uso de los estudiantes que se presentarán a sus exámenes estatales próximamente. No entremos a dirimir la frecuencia con que falta la anestesia o que simplemente la frecuencia con que la que existe está vencida. Esto me consta porque lo sufrí en muela propia.

 

Pero la crisis de los guantes se ha vuelto epidémica. Hace apenas un mes mi amiga Diana llevó a su hijo al hospital pediátrico de Centro Habana para que le fuera extirpado un pequeño quiste subcutáneo por cirugía ambulatoria. Mi amiga observó cómo la doctora, después de la breve operación, en lugar de botar los guantes al cesto de los desperdicios los colocaba cuidadosamente en la bandeja de instrumentos. Quiso despejar aquella incógnita y la doctora le explicó que debía devolver cada día los guantes usados a la enfermera, quien se encargaría de reciclarlos. Era preciso hacerlo porque había mucha escasez de guantes y al final de las consultas se contabilizaban como si se tratase de medios básicos. Diana se pregunta cómo será posible esterilizar guantes de látex usados. No me sé la respuesta.

 

Recientemente una conocida mía fue sometida a cesárea en el hospital materno González Coro (Sagrado Corazón), uno de los más prestigiosos de su tipo en el país. Poco antes de la operación, el anestesista le pidió a su esposo una tarjeta de 10 CUC para recargar su móvil. Me pregunto qué familiar se negaría en tales circunstancias a satisfacer la solicitud del especialista y quién se atrevería a denunciar semejante extorsión. Y sé que no todos los especialistas extorsionan, pero no he sabido de uno que no acepte regalos. Nos consta que sus salarios (como los de cualquier cubano con empleo estatal) es incapaz de cubrir las necesidades más elementales, pero en tal caso dejemos de lado las palabras “altruismo” y “ética” a la hora de calificar a nuestros especialistas, seríamos menos falsos porque, a fin de cuentas, ellos son, en general, tan necesitados y tan corruptos como cualquiera.

 

Marcia acaba de inyectarse en las venas de una pierna. Las várices le provocaban fuertes dolores, sin contar con el efecto antiestético de aquellos gruesos conductos azules y rojos surcando su piel. Es cierto que antes debió “conseguir por fuera” las inyecciones, porque en el hospital no las había, pero por fin pudo atenderse aquel problema circulatorio. Ahora debe inyectarse la otra pierna y ya tiene las inyecciones… Solo que la consulta donde debía realizarse el proceso fue cerrada. El médico que la atiende no sabe si se reabrirá, ni cuándo, ni dónde. Así, pues, Marcia deberá iniciar una peregrinación por hospitales y consultas para encontrar solución o, simplemente, resignarse a convivir con sus atrofiadas venas en la pierna que quedó pendiente de tratamiento.

 

La cara oculta de las falsas gratuidades salta a nuestro paso a diario en cada consultorio. Claro que no faltan quienes bovinamente se regocijen con el mero hecho de que, en el mejor de los casos, haya un graduado de medicina tras un buró, listo para recetarle algún remedio, previa consulta telefónica con la farmacia más cercana para verificar si cuentan o no con el medicamento. Aunque lo más usual es que un cubano de a pie sea ¿asistido? por algún estudiante extranjero, casi siempre un remoto y enigmático latinoamericano. Es la dicha de los pordioseros cuando no tienen otra opción. Las anécdotas de los cubanos que se ven precisados a asistir a consultas o, peor aún, a ser internados y sufrir cirugías en los hospitales de nuestro flamante servicio “gratuito”, llenaría un compendio de infinitas páginas. Me atrevería a decir que muchas más páginas que las que ocuparían todos los artículos triunfalistas que ha publicado Granma en la última década.  Eso quizás explique la manía que tienen los blogueros de exponer las infinitas manchas del sol revolucionario, cuyo brillo artificial ha producido una extraña ceguera en los periodistas oficiales. ¡Ojalá no tengan que asistir a consulta médica!  O, mejor aún, ¡ojalá nuestras consultas tuvieran las mismas condiciones que las suyas!