Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La Cuba de Raúl y la “Hoja de Ruta” china

 

Jorge Hernández Fonseca, Cuba Libre Digital

 

Se especula en medios académicos que los “cambios” que patrocina Raúl van en la misma dirección que los efectuados antes en China. A pesar de las diferencias entre ambos países -y sobre todo- de ambas economías, Cuba y China tienen en común el punto de partida para efectuar los cambios: el marxismo. Esto nos da una pista de cuál sería su futuro y de cuales serían las probables etapas a ser recorridas en este camino iniciado por el raulato, que no solamente implicará mejoras económicas, sino también en los traumas sucesorios de un gobierno ilegítimo que ha declarado: “lo que tomamos por la fuerza, por la fuerza tienen que quitárnoslo”. Resulta interesante estudiar el contexto en el que Raúl promueve sus cambios.

 

El presidente norteamericano Barack Obama -envuelto en el inicio de una campaña para su reelección- acaba de calificar de “insuficientes” los cambios patrocinados por Raúl. Sin embargo, este calificativo incluyó algunas consideraciones de las que se desprende que el ejecutivo estadounidense espera mejores momentos para “retomar” las relaciones con la isla.

 

Efectivamente, ni Europa (léase España) ni Estados Unidos -por razones diferentes- quieren ahora un cambio de gobierno en Cuba, aunque desearían un mayor respeto por los Derechos Humanos, mejora democrática en los asuntos del gobierno, así como mayores libertades civiles, pero sin traumas que afecten el estatus migratorio actual con EUA, o los negocios con España.

 

Europa en general -y España en particular- atraviesan un momento complicado desde el punto de vista económico. Cualquier movimiento en Cuba que implique la pérdida de los intereses españoles en la isla -actualmente en sociedad con los hermanos Castro- agravaría la precaria situación económica ibérica, cosa poco conveniente para los Estados Unidos, también en situación de recuperación económico-financiera, porque de alguna manera la retomada europea forma parte de los planes de recuperación norteamericana, por su fuerte relación comercial.

 

Con relación a China y sus cambios, igual que hizo Raúl ahora, juró que los mismos se restringirían a la esfera económica, y solamente en aquellos campos en los que no pudiera afectar la “conciencia comunista” de su sociedad. En realidad China ha atravesado tres grandes etapas desde entonces: primero, introdujo reformas tímidas en los sectores económicos que no consideraba “estratégicos”; segundo, admitió plenamente el capitalismo en toda su economía y tercero, admitió a los capitalistas dentro del partido, renunciando al marxismo. Cada una de las etapas ha sido producto de los éxitos de la etapa anterior, que no fueron programadas de esa manera. Hoy día China planea enfoques democráticos dentro de sus estructuras de gobierno.

 

El futuro de los cambios en la isla pudiera seguir el mismo patrón chino, aunque es importante analizar algunas características diferenciales. En China, el empeño para mantener el gobierno en manos del actual partido tiene bases asociadas a la importancia que China tiene hoy en el concierto de las naciones y no es basado en preceptos marxistas, ya derrotados. En Cuba, las razones que se argumentan para mantener el poder en manos del partido comunista están fuertemente relacionadas con los postulados marxistas-leninistas (el “retroceso al pasado”) y de un enfermizo sentimiento anti-norteamericano que ya la población cubana actual no comparte.

 

Otra diferencia importante en la dinámica que seguirá la sociedad cubana actual, comparándola con la china, es que en el caso asiático el peso de la oposición política a la dictadura quedó focalizado en la isla de Taiwán, sin representantes internos de peso. En Cuba, con más de 20% de la población exiliada y con una representación opositora notable dentro de la isla, renacida ahora con el martirologio de Orlando Zapata primero y de Juan Wilfredo Soto recientemente.

 

Las exiguas perspectivas de desarrollo dentro de los cambios implantados por Raúl ahora, tomará un impulso a la muerte de Fidel, tal y como sucedió en China a la muerte de Mao. Sin embargo, la lucha por el poder entre las distintas facciones chinas posteriores a la desaparición física del “gran timonel” -que pudieron ser sorteadas en el gigante asiático de manera poco traumática- tendrá una dinámica diferente en Cuba. La lucha por el poder en la isla tendrá más posibilidades de convertirse en una guerra civil entre facciones, de imprevisibles consecuencias.

 

Los grupos principales en lucha por el poder dentro de Cuba no representan más que cultos a las personalidades de sus líderes. No hay como en China las pugnas entre los que representan los intereses de los capitalistas emergentes y su clase media empresarial, y los que representan los intereses de los millones de campesinos miserables procedentes del interior del país, usados como mano de obra barata dentro de las grandes ciudades ahora industrializadas.

 

La lucha en Cuba será de los hombres de Raúl contra los hombres de Fidel, lucha que ya comenzó con las bajas a lo largo de estos años de los jóvenes (y viejos) reclutados por el mayor de los Castro con el objetivo de substituirlo. Los hombres de Raúl han actuado de manera radical y no se espera que hagan menos cuando el mayor de los Castro haga mutis definitivo del panorama político cubano. Si en China fue relativamente fácil neutralizar a “la banda de los cuatro”, en Cuba las cosas pueden tomar un cariz que llevaría a la ingobernabilidad.

 

Sin embargo, si bien es verdad que a la muerte de Fidel pudiera pensarse en una situación más o menos caótica, también es real que la larga enfermedad del mayor de los Castro ha posibilitado a Raúl tomar posiciones de manera efectiva en todo este tiempo, lo que pudiera sortear este momento a favor suyo sin mayores traumas. No obstante, a la muerte de Raúl, por las condiciones de su sucesión, sí que sería inevitable una catástrofe entre los muchos pretendientes a sucederle.

 

El gran reformador de la sociedad china, Deng Tsiao Ping, supo imponer un mecanismo administrativo eficiente en la alta dirección del partido, del cual surgieron secretarios generales eficientes y poco endiosados, que se sucedieron de manera efectiva sin traumas políticos o deseos de retorno. Raúl hasta ahora no ha procedido de igual manera. Por lo que se percibe, además de sus seguidores incondicionales, los generales de su ejército, no hay señalización más que hacia la vieja guardia “de la sierra”, cosa que podría estar siendo impuesta por Fidel. Por otro lado, Raúl nunca tuvo dotes de gran reformador y no va a ser ahora que los descubra.

 

Desde el punto de vista internacional, EUA no quiere cambios drásticos que creen en Cuba un vacío de poder por miedo a una ola migratoria y/o a la toma de posiciones del narcotráfico en la isla. España por su parte rechaza cualquier cambio que implique poner en peligros sus intereses económicos (turísticos) compartidos en sociedad con los hermanos Castro.

 

Asemejando a lo sucedido en China, pudiera esperarse estabilidad dentro de la isla con cierta mejora económica hasta la muerte de Fidel, cuando habrá traumas más o menos serios. En secuencia, si la muerte de Raúl se produce en un plazo corto después de faltar Fidel, ahí sí pudiera sellarse una crisis que decretaría el fin de la dictadura, quiera EUA o no, quiéralo España y/o la Unión Europea o no, con la probable intervención de fuerzas “de paz” extranjeras.

 

Es una verdadera tristeza para los cubanos contemplar como el futuro de Cuba se delinea a partir del criterio de quienes han hundido la isla en el fondo de un abismo, deportando, fusilando y encarcelando a lo mejor de la sociedad cubana de los últimos 50 años. Pero es más triste todavía contemplar como nuestros aliados democráticos naturales (EUA y España) nos dan la espalda en este postrer momento por razones asociadas a sus (¿legítimos?) intereses pero que ahora nos sitúan en lados opuestos de la lucha política dentro e la isla, porque el castrismo en cualquiera de sus formas, es inaceptable para cualquier cubano digno que se respete.