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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La bloguera y el Estado

 

Rafael Rojas, en La Razón

 

Estuvo menos de una semana en México y su agenda fue diseñada con discreción -por decencia, más que por exceso de seguridad-, pero aún así, la bloguera cubana Yoani Sánchez no pudo librarse del viejo ritual del “acto de repudio”, al que somete el gobierno cubano a todo opositor, dentro o fuera de la isla.

 

Los antecedentes de ese ritual son conocidos en esta ciudad. Su diseño y formato, también: la embajada cubana reúne a los comités de “Solidaridad con Cuba” y distribuye entre sus activistas información adversa contra “el enemigo”, producida por publicaciones del Partido Comunista de la isla.

 

Con esa información, fanáticamente asimilada, los “solidarios con Cuba” irrumpieron en el lobby del hotel Presidente de Puebla y le gritaron a Yoani Sánchez “agente de la CIA”, “aliada del imperialismo”, “Cuba sí, yanquis no”. Con esa misma información, defensores del gobierno cubano en México se colocaron entre los ponentes y el público, en el Senado, y la acusaron de “fraude”.

 

La escena del Senado es recurrente en los “actos de repudio”. Los soldados de la “solidaridad con Cuba” no debaten, gritan. El lugar desde donde increpan es el espacio que separa a su víctima del público. Los ataques son un espectáculo dirigido al auditorio que intenta silenciar y desplazar al ponente. En el fondo, los que repudian quieren estar en el lugar del repudiado y controlar el micrófono.

 

Es difícil entender qué busca el gobierno cubano con espectáculos tan poco cívicos. Evidentemente, no busca disuadir o intimidar a Yoani Sánchez. Si la conocen -y deberían conocerla, después de siete años de monitoreo y persecución- comprenderán que, lejos de acallarla, reforzarán sus argumentos y su decisión de criticar serenamente la falta de libertades en Cuba.

 

Tampoco es el “acto de repudio” un mecanismo eficaz para ganar nuevos adeptos al socialismo cubano. La juventud mexicana y latinoamericana, que podría sentir curiosidad por un sistema político como el de la isla, no responde favorablemente al insulto: prefiere mensajes más persuasivos, como los que la propia Yoani Sánchez emite en un post o un tweet.

 

La única explicación racional para el “acto de repudio” es que se trata de un evento que busca marcar, con el signo de la polarización, el primer viaje que le autoriza el gobierno cubano a Yoani Sánchez en siete años. Tal vez en eso sea eficaz, aunque el motivo fundamental de la polarización no es la bloguera sino el Estado que se empeña en descalificarla.

 

Al final de este tormentoso viaje, el balance será favorable a la bloguera. Yoani Sánchez regresará a Cuba, continuará su pacífica labor en defensa de las libertades públicas y para la comunidad internacional será evidente que el mismo Estado que le prohibió salir de su país durante siete años, decidió castigarla por su independencia. Un Estado como el cubano tendría que saber que en peleas desiguales, el triunfo moral favorece siempre al más débil.