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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La ópera y la opereta

 

Fernando Ravsberg, BBC Mundo

 

El viaje de Beyoncé a Cuba fue todo un acontecimiento, a pesar del pedido de discreción por parte de la cantante. En La Habana no se hablaba de otra cosa, que la vieron paseando por Obispo, que fue a comer a La Guarida o que la sacaron por la puerta trasera de una galería de arte.

 

Mientras, en Estados Unidos los exiliados más radicales y sus representantes en el Congreso comenzaron a amenazar con aplicarle todo el peso de la ley si descubrían que la cantante había visitado Cuba sin el permiso de viaje que deben solicitar a su gobierno los estadounidenses.

 

En medio de ese run-run aquí y allá me llamó Aquino, el director de la Ópera de la Calle, para informarme que reabrirían su local porque Beyoncé solicitó ver el espectáculo. Me pidió mucha discreción porque no quería tumultos, solo seríamos un reducido grupo de invitados.

 

Para mí la gran noticia fue que le permitieran a la compañía volver a actuar en el Cabildo, local que fue cerrado hace meses por supuesto enriquecimiento ilícito. En realidad tenían un restaurante que servía para pagar unos US$80 a cada uno de los miembros de la ópera.

 

La clausura dejó a los músicos, cantantes, bailarines, luminotécnicos y sonidistas con el salario de US$17 dólares mensuales que les paga el Estado, mientras que las camareras y los cocineros terminaron todos en la calle pero sin la ópera.

 

Pensé en la casualidad o en el "destino manifiesto" porque lo cerraron una noche en la que estaba viendo el espectáculo una delegación de Pastores por la Paz de EE.UU. y ahora sería reabierto gracias a la llegada de una famosa cantante de ese mismo país.

 

Sin embargo, cuando lo comenté en mi casa nadie le dio importancia a este asunto, todos me pedían que los llevara a ver a Beyoncé. Terminé yendo acompañado de 4 mujeres de mi familia, muy tarde había comprendido por qué Aquino me pidió la mayor discreción.

 

Las cosas cambiaron al mediodía del viernes 5 de abril, me llamaron para comunicarme que el espectáculo sería en el cine Arenal. Pensé que el mal tiempo los había obligado a dejar de lado el Cabildo, un centro encantador pero al aire libre, desprotegido contra los aguaceros.

 

No sabía yo todavía que la tormenta causante de la suspensión tenía más que ver con la naturaleza de los hombres que con la madre naturaleza. Pero ya en la puerta del cine me encontré a Aquino con un pequeño grupo de personas, todos evidentemente cabreados.

 

Me acerco y me empiezan a contar que habían coordinado la reapertura del Cabildo en el Ministerio de Cultura para celebrar el espectáculo con Beyoncé. Sin embargo, a media mañana aparecieron varios funcionarios para comunicarles que no podrían usar el centro.

 

Según Aquino, le dijeron que, por orden directa del Gobierno Provincial de La Habana y del Partido Comunista de la capital, el Cabildo se mantenía clausurado, sea quien sea que haya autorizado la reapertura y viniese quien viniese a ver el espectáculo.

 

Así es que terminamos los invitados en el cine Arenal, sentados en sillas de hierro o plástico, en medio de un local semiderruido, con las paredes y el techo destrozados. Pensé que con un poco de suerte y si nada le caía en la cabeza, Beyoncé vería un ambiente "bohemio".

 

A las 21 horas, sin la cantante estadounidense pero tal y como estaba previsto comenzó el espectáculo, una hora de música, canciones y danzas que funde culturas y ritmos tan diversos como son los cantos religiosos africanos, la ópera o el rock.

 

Beyoncé se lo perdió, dicen que la desviaron hacia otro concierto, nunca sabremos si fue una casualidad o alguien creyó oportuno no ponerla en contacto con un grupo de artistas que, por estos días, andan muy pero que muy indignados.

 

Y mientras algunas autoridades gastan sus energías en la cruzada contra la Ópera de la Calle, en La Habana el transporte público sigue siendo un desastre, la basura se amontona en las calles, los inspectores se corrompen y los acaparadores vacían las tiendas.