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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Incertidumbre sobre el futuro de “Cubazuela”

 

Luis Esteban G. Manrique, Infolatam

 

“Con Maduro en el palacio de Miraflores,  el ‘pacto de acero’ entre La Habana y Caracas ha superado la crisis más grave a la que se ha enfrentado hasta ahora. Pero los nubarrones que han comenzado a cernirse sobre el bloque del ALBA –que verá comprometido su futuro sin los multimillonarios subsidios, negocios y ayudas de la “petrodiplomacia” chavista– están lejos de haberse despejado”.

 

La prensa cubana no ha podido ocultar su desconcierto ante la ajustada victoria de Nicolás Maduro en las elecciones venezolanas. El resultado no se correspondió ni con los pronósticos del Granma ni con su maniquea versión de un país de un solo color, pese a que en seis años la ventaja del chavismo ha bajado del 25,9 al 1,5%.

 

La periodista venezolana Cristina Marcano recuerda que tras unos comicios en los que la oposición mostró notables avances, el propio Fidel Castro le dijo a Hugo Chávez: “En Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas”.

 

Y, sin embargo, el Granma ha vuelto a recurrir a teorías conspirativas para explicarlo todo, denunciando que en los días anteriores a las elecciones, las fronteras venezolanas fueron “violadas por mercenarios armados por la oligarquía, la CIA y la mafia de Miami” que tenían la misión de sabotear líneas eléctricas, desabastecer los mercados y crear las condiciones propicias para privatizar el petróleo.

 

El nerviosismo de los medios oficiales castristas estaba más que justificado. En su campaña, Henrique Capriles dijo que expulsaría a los agentes de inteligencia cubanos y revisaría los convenios internacionales firmados por Chávez: “Nada es gratis. Tenemos demasiados problemas para financiar proyectos políticos de otros países”.

 

Maduro se hizo eco de las denuncias del Granma: “¿Qué hubiera pasado si ganaban? ¿Cómo hubiese sido la cacería de los médicos cubanos? La oposición es incapaz de entender que Cuba y Venezuela somos un solo pueblo”.

 

Con Maduro en el palacio de Miraflores,  el ‘pacto de acero’ entre La Habana y Caracas ha superado la crisis más grave a la que se ha enfrentado hasta ahora. Pero los nubarrones que han comenzado a cernirse sobre el bloque del ALBA –que verá comprometido su futuro sin los multimillonarios subsidios, negocios y ayudas de la “petrodiplomacia” chavista– están lejos de haberse despejado.

 

El endeudamiento y el coste de las importaciones han generado serios desequilibrios macroeconómicos: un déficit fiscal del 13% y una deuda pública del 70% del PIB. Incluso el elevado precio actual del crudo venezolano puede ser insuficiente para cubrir las necesidades de financiación del gobierno.

 

La petrolera estatal PDVSA –que genera el 80% de los ingresos por exportaciones del país, aporta alrededor el 38% del presupuesto del gobierno y una tercera parte del PIB- tiene una deuda acumulada superior a los 40.000 millones de dólares, por la que paga entre 12,7 y 16% de intereses. La producción petrolera venezolana ha caído en más de un millón de barriles diarios (mbd) desde 1999, hasta los 2,3 mbd, según la OPEP.

 

Venezuela importa el 75% de los alimentos que consume, el doble que hace una década. Infraestructuras de transportes vitales como carreteras y puentes están seriamente deterioradas y los apagones se han hecho rutinarios. Con un consumo interno de 700.000 barriles de crudo diarios, Chávez entregaba 300.000 barriles de crudo diarios a Cuba y otros países caribeños y centroamericanos con descuento y supuestamente pagaderos a 20 años a través del programa Petrocaribe.

 

Un cordón umbilical en peligro

 

Cuba será el país más afectado si Maduro no mantiene el ritmo de los subsidios exteriores. El mayor beneficiario de Petrocaribe es la cubana Cupet, que recibe 100.000 barriles de petróleo diarios de PDVSA. Tras cubrir la demanda del mercado interno, Cuba vende el remanente a precios de mercado spot.

 

La Habana paga ese petróleo con servicios médicos, militares y de inteligencia y apoyo técnico que el economista cubano Carmelo Mesa-Lago calcula en unos 13.000 millones de dólares anuales. No hay en el mundo un programa de cooperación bilateral de esa magnitud. Cuba y Venezuela han formado más de 30 empresas mixtas que van desde reparación de puertos y ferrocarriles hasta hoteles, agricultura, producción de níquel y acero y la industria petrolera cubana. En 2011 Venezuela representó casi la mitad de los 20.000 millones del comercio exterior de la isla.

 

Muchos analistas y organismos internacionales dudan que ese cordón umbilical se pueda mantener. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) augura a Maduro “desafíos abrumadores”. Según Mesa-Lago, su gobierno tendrá que reinvertir en la industria petrolera, mantener las costosas políticas sociales y continuar la ayuda a Cuba: “Es imposible que consiga los tres objetivos a la vez. Alguno tendrá que ser sacrificado”.

 

La salida de Jorge Giordani, un marxista confeso, del ministerio de Finanzas y su sustitución por Nelson Merendes, hasta ahora presidente del banco central, indica que los propios economistas chavistas creen necesario revisar el modelo económico.

 

Entre los documentos que circulan estos días en Caracas destaca un análisis crítico de la situación económica cuya autoría se atribuye al diputado oficialista Douglas Gómez y a colaboradores suyos de la fundación española Centro de Estudios Políticos y Sociales.

 

Según el informe, filtrado por la revista colombiana Semana, el desabastecimiento de alimentos de primera necesidad llega al 50% y la inflación podría alcanzar el 33% este año. Advierte incluso que puede haber una hiperinflación porque el 70% del déficit se está financiando con emisión monetaria. El subsidio de la gasolina le cuesta a PDVSA un 6,1% del PIB, lo que considera una “vergüenza nacional”.

 

Maduro no parece hacerse cargo de la situación. Calificar de “fascista” a la mitad de la ciudadanía suena fuera de lugar cuando tiene que enfrentar un ajuste estructural que terminará de despertar al país de su ensueño petropopulista.

 

En la cumbre de Unasur a la que asistió en Lima, los presidentes coincidieron en insistirle que el diálogo con la oposición debe estar en el orden del día. Maduro tendrá que hacer frente a una oposición revitalizada pero también a mayores disensiones en su propio bando. Aunque él fue el delfín elegido por Chávez, el poder pasó en realidad a manos de un triunvirato que comparte, por ahora, con Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, y Rafael Ramírez, presidente de PDVSA.

 

Los resultados electorales van a hacer difícil que Maduro disuelva el triunvirato. La misma noche de la jornada electoral, Cabello escribió en su cuenta de Twitter que “los resultados nos obligan a hacer una profunda autocrítica”.

 

Algunos analistas creen que las Fuerzas Armadas recuperarán un rol arbitral. El punto débil de Maduro es su escasa influencia entre los militares, cuyo poder aumentó exponencialmente con Chávez, que sabía cómo demandarles obediencia y disciplina. De los 20 gobernadores del país, 11 son militares retirados o en activo.

 

Varios de ellos, según diversas fuentes, se oponen a la presencia cubana en sus estructuras de mando. Uno de ellos es el propio Cabello, oficial retirado, al que se le identifica con los sectores “nacionalistas” del chavismo y que nunca ha sido un visitante asiduo de La Habana.

 

Según Domingo Irwin, uno de los mayores expertos en historia militar venezolana, “en los últimos 100 años, no ha trascurrido un lustro sin que grupos de oficiales se implicaran en actividades conspirativas”. Un funcionario de la campaña de Capriles ha declarado que se ha reunido con militares. No está confirmado, pero suena verosímil, casi inevitable.

 

El carisma nunca ha sido transferible por vía testamentaria. Y menos si se trata de encumbrar a otro presidente vitalicio que carece del desarrollado instinto político y el magnetismo personal de su mentor. Para afianzarse, Maduro tendrá que desarrollar mecanismos institucionales para compartir el poder entre las facciones chavistas y frenar el dispendio.

 

La clave dependerá de dónde se hará el ajuste. Reducir el gasto público y los subsidios echará más gasolina al fuego. Y dado que la cuerda se rompe siempre por el lado más débil, el ALBA podría ser la primera pieza en ser sacrificada.

 

Todo eso lo sabe perfectamente el régimen castrista, que aunque aparentemente ha ganado cinco años más de margen, es consciente que Maduro podría no cumplir sus promesas. Entre acelerar las reformas y seguir con su actual ritmo parsimonioso, Raúl Castro tendrá que encontrar una ‘tercera vía’. Ya no hay marcha atrás posible, como sucedió tras el “periodo especial” de los primeros años noventa, cuando el PIB cayó un 50% en tres años.

 

Los pequeños negocios han florecido gracias a la flexibilización del embargo de la administración de Barack Obama. El envío de las remesas de la diáspora cubana en EEUU a la isla se ha duplicado, hasta los 2.000 millones de dólares. En 2010 había apenas un centenar de restaurantes y hostales en la isla. Hoy suman varios miles. Los agricultores venden la mitad de su producción directamente en los mercados.

 

Desde 2008 el crecimiento ha promediado un 2% anual, pero tendría que hacerlo al 5% para absorber a los ex empleados públicos despedidos. Un diplomático europeo acreditado en La Habana, lo explicaba así al Financial Times: “Cuba no ha encontrado petróleo en sus aguas y, en términos de apoyo financiero, el gobierno de Maduro solo genera incertidumbre. Le guste o no, el régimen tendrá que acelerar el paso”.