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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Huber Matos en Perú: “El castrismo es un negocio en quiebra”

 

Mario Camoirano

 

"Decir como la salud en Cuba no hay ninguna, que como la educación en Cuba no hay, que lo de la libertad es una falacia; qué fácil es armarse un discurso sobre Cuba, salir gallardo e irse a dormir". Así comienza uno de los ensayos ganadores del 1er Concurso sobre la Realidad Cubana publicados por el Instituto Político para la Libertad-Perú y presentado nada menos que por el hombre que siendo el número tres de la Revolución tuvo la valentía de enfrentarse a Fidel Castro y purgar veinte años de prisión por ello, el legendario comandante Huber Matos.

 

En su libro Cómo llegó la noche narra la traición de Fidel al implantar el comunismo en la isla. ¿Cree que llegará a ver el amanecer para Cuba?

 

Yo creo que nos estamos aproximando. Ha sido una noche demasiado larga. El castrismo es un negocio en quiebra. La realidad pone de manifiesto el desastre completo de estos 52 años, tanto en el orden económico como el político y moral.

 

Los hermanos Castro han sabido vender esa propaganda falsa según la cual Cuba ha progresado mucho al liberarse de los yanquis imperialistas. Basta ver las casas de La Habana que se mantienen en pie porque las apuntalan, viendo las carreteras destruidas, viendo como hemos pasado de ser el primer exportador mundial de azúcar a ya ni siquiera cubrir la demanda interna, vemos como en casi todos los aspectos del desarrollo nacional sólo hemos tenido atraso.

 

No deja de llamar la atención cómo dos octogenarios pueden mantenerse en el poder a pesar de esa miseria campante.

 

Es que además de saber vender mentiras, los hermanos han sabido crear un aparato de represión muy eficiente, mucho más que lo que en su época llegaron a ser la KGB soviética o la STASI de la Alemania comunista. Por las prisiones de Castro hemos pasado miles y miles de hombres y mujeres en este medio siglo y todavía hay luchadores por la libertad presos a pesar de que el régimen lo niega, pero baste ver cómo se acosa y reprime a las Damas de Blanco.

 

Más allá de la propaganda, ¿por qué tantos políticos y presidentes latinoamericanos se sienten obligados a "peregrinar" hasta Cuba y recibir la "bendición" de Fidel?

 

HM: Algunos porque se compraron las mentiras, pero hay otros como Lula que les gusta venderse como gobernantes no sujetos a la influencia de Washington. Desde hace años se puso de moda esto de visitar Cuba para pasar a la historia como un líder independiente y con cierta valentía. Agréguele a eso los errores de la política americana que no tuvo reparo en apoyar otras dictaduras bochornosas, como las de Somoza, Trujillo o Pinochet. Sólo los gobernantes con verdadera conciencia democrática y un poco de respeto a sí mismos han logrado sustraerse a esta moda. Usted no ve campañas para que Perú, Chile o Colombia liberen presos políticos; en Cuba no hay un solo día de este medio siglo largo de oscuridad y tinieblas donde no haya habido al menos una persona presa y torturada por expresar su disgusto con el régimen.

 

¿La muerte de Fidel, y eventualmente la de Raúl, permitirá por fin un cambio o ya se ha asegurado su sucesión?

 

 

HM: No hay dudas de que Fidel siempre tuvo una concepción dinástica del poder. Creo que ya renunció a ello, pero no así Raúl, que tiene evidentes intenciones de dejar el cargo a un hijo o yerno. Hay dos o tres candidatos que ocupan cargos importantes en las Fuerzas Armadas.

 

Si la permanencia del comunismo no depende de la sobrevivencia de Fidel, ¿por qué mencionó que se acercaba el amanecer de esta larga noche antidemocrática?

 

Yo tengo 92 años, pero tengo confianza en que voy a vivir lo suficiente para ver a mi patria libre. Evidentemente no aspiro a ocupar un cargo público, pero sí a dar alguno que otro sabio consejo a quienes se echen encima la ardua tarea de reconstruir la nación. No puedo afirmarla de manera categórica, pero ciertos contactos al interior de las Fuerzas Armadas de Cuba me animan a pensar que nos acercamos al desenlace final y que es muy difícil que los Castro conserven el poder después del 31 de diciembre del 2012.

 

¿Un golpe interno antes que una salida por presión de las masas?

 

En Cuba no podemos esperar que ocurra algo como lo que pasó en Egipto o Túnez. Entre otras cosas porque los pobres en esas repúblicas árabes no viven la situación de miseria extrema del común de la familia cubana, que todos los días tiene que inventar cómo sobrevivir. Un buen número lo logran por las remesas que reciben. Los cubanos no podrían salir a las calles y atrincherarse en un parque porque para eso se requiere acumular algunas reservas de alimento. El que vive en esas angustias no piensa tanto en la política. Por eso, como usted dice, el cambio de timón va a provenir de las Fuerzas Armadas que ya han interiorizado que no hay otra salida. Son los únicos capaces de enfrentarse a esa policía política que no tiene parangón en la forma de amedrentar e intimidar al pueblo. Allá el paredón es algo serio.

 

Amedrentamiento que usted vivió en carne propia durante 20 años de prisión. ¿Cómo se salvó del paredón?

 

Los castristas siempre dicen que nunca quisieron matarme, que no querían convertirme en mártir. Mentiras. Cuando me di cuenta de que Fidel estaba implementando el comunismo y que se olvidaba de sus promesas de volver a la democracia, le presente mi renuncia. No me la aceptó e insistí. Entonces me iniciaron un consejo de guerra por alta traición y como era costumbre que los jueces de esos tribunales impusieran una condena según el ánimo del auditorio, llenaron la sala con miles de oficiales de las Fuerzas Armadas, escogidos por ellos. Yo estaba convencido de que me fusilarían, así que cuando tomé la palabra dije toda la verdad y terminé con una frase como "bendita sea mi muerte si con esto se salva la nación". Entonces los oficiales se pararon y aplaudieron y los Castro se escondieron. Pensaron que en la cárcel me quebrarían, pero no lo lograron y eso que recibí grandes palizas. Este brazo (el derecho) lo tuve lisiado tres años y un compañero de prisión tuvo que desencajármelo por segunda vez para poder rehabilitarlo. Algún día se sabrá toda la verdad de esas barbaries. Pero el mayor daño de los Castro no han sido ni las muertes ni la miseria, sino haber acostumbrado a un pueblo a vivir 50 años aprendiendo a mentir, a vivir con miedo.