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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Hombres de negocios en Cuba

 

Los negocios de Melià en Cuba han supuesto unos ingresos de miles de millones de dólares para la economía cubana; la única diferencia con el resto de instalaciones que la compañía tiene por el mundo, aseguran, es que en la Isla los almacenes de los hoteles deben estar proveídos de mucho más material que en otros.

 

Joan Antoni Guerero, Especial para martinoticias.com  

 

Los hombres de negocios recorren los amplios pasillos de un establecimiento hotelero de lujo. Se sientan, frente a frente en la mesa de lo que parece ser un comedor privado, cuatro personas, rodeadas por un entorno que podría pertenecer a cualquier parte del mundo civilizado, donde los negocios se hacen en ambientes apacibles. Pero en este caso, el hotel de lujo no está ni en Estados Unidos ni en España. El almuerzo de negocios se desarrolla en algún hotel de La Habana explotado por alguna cadena hotelera española, de aquellas que a partir de los años 1990 empezaron a beneficiarse de la tímida apertura del régimen castrista en el plano económico.

 

La escena aparece en un reportaje reciente de la televisión pública catalana, TV3. A un lado de la mesa los indios canadienses propietarios de una compañía que quiere trasladar a Cuba un modelo de negocio basado en el lujo, con viviendas, hoteles y campos de golf. Delante de los canadienses se sientan representantes de la compañía española Melià International. Al parecer los canadienses quieren contar con los españoles para su desembarco en la Isla. El gobierno cubano se encarga de proveer la mano de obra, local, barata y alejada de cualquier tentación de conflicto laboral. Los unos pondrán la infraestructura y los otros deberán encargarse de su gestión y funcionamiento, dada su probada experiencia en el territorio.

 

Los negocios de Melià en Cuba han supuesto unos ingresos de miles de millones de dólares para la economía cubana; la única diferencia con el resto de instalaciones que la compañía tiene por el mundo, aseguran, es que en la Isla los almacenes de los hoteles deben estar proveídos de mucho más material que en otros. ¿Robos? ¿Corrupción? Quién sabe. Los canadienses declaran que su proyecto va a suponer un impulso importante para las financias locales y que los indígenas no tan sólo van a trabajar con ellos en sus instalaciones sino que también van a ayudarles a crear pequeñas empresas en torno al proyecto.

 

No hay nada de malo en los negocios y los intereses empresariales, de hecho, es el entramado empresarial una parte fundamental para la creación de riqueza y oportunidades para todos. Lo que resulta inquietante es la gran contradicción existente en un país donde el enriquecimiento privado ha sido perseguido -e incluso se ha establecido un marco represivo para los nacionales en cuanto a este tipo de actividades- mientras que las autoridades están entregando el territorio nacional en una especie de régimen de usufructo -con proyectos mixtos estado-empresa extranjera- a compañías foráneas para que desempeñen aquello que, en cambio, prohíben a los nacionales. Es realmente escalofriante la capacidad hercúlea que tiene un sistema que se presenta como igualitarista y justo de crear las mayores desigualdades e injusticias entre autóctonos y extranjeros.

 

Canadienses y españoles se reparten ahora los papeles en la ejecución de un proyecto sobre el que los propios cubanos no tendrán ninguna posibilidad de objetar nada. ¿Estaba en todo caso este proyecto en el documento de los Lineamientos? ¿Las reuniones de barrio, los CDR y los “matutinos” en las empresas estatales, discuten sobre estos temas de la misma forma que se encargan de debatir sobre los cinco y el enésimo conflicto con el “imperio”? Obviamente no. Los negocios en Cuba los hacen los extranjeros con los escogidos por la familia castrista a tal efecto y siempre a las espaldas de la mayoría de los ciudadanos de la Isla, cuyos negocios no requieren de almuerzos en hoteles de lujo y en salones privados, ni complejas negociaciones sobre las operaciones que hay que llevar a cabo, incluido gestionar cambios legislativos en elevadas esferas.

 

Las operaciones económicas del cubano de a pie no manejan cifras astronómicas y sus demandas no son atendidas por los altos funcionarios del régimen que en cambio sí acceden a las peticiones de los compañías extranjeras. En el reportaje emitido recientemente por la televisión catalana los empresarios españoles se presentan como unos auténticos agentes del cambio en Cuba y a ellos se los asocia con el haber “conseguido” que el régimen aceptara algunas audaces aperturas en el terreno económico. Así pues, nada de asambleas nacionales del poder popular, ni las miles y miles de intervenciones de ciudadanos en miles y miles de reuniones a lo largo del país que desembocaron en la aprobación de los Lineamientos, refrendados armónicamente por el pueblo cubano -y sin rechistar- según se ha encargado de exponer el régimen en sus propios medios.

 

No es de extrañar que en los documentos filtrados en los últimos meses por WikiLeaks la gestión empresarial en Cuba haya sido descrita como de naturaleza mafiosa (mafia, grupo organizado que trata de defender sus intereses, según el diccionario de la RAE) si se entiende además que para acceder a esos negocios como cubano hay que formar parte de un clan de poder, primero familiar, y luego de filiación partidista. Este clan más los socios extranjeros establecen las normas de un juego del que la mayoría están simple y llanamente excluidos.